Microcuentos, por Susana González Rico (Venezuela, 1967)

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Imagen obtenida aquí

REPORTE:

La policía informó que había concluido el levantamiento del cuerpo. El informe no dijo nada acerca del alma que se les quedó en el piso.

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COLD CASE:

El asesino fue muy cuidadoso jamás pudieron encontrar rastros del cuerpo, ni el arma homicida. Pero la alegría desapareció para siempre.

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TRAGEDIA:

El titular decía que había chocado con un iceberg, pero lo que realmente hundió al trasatlántico fue el peso del ego.

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EL CIRCO SIN PAN:

Los habitantes de aquel pueblo estaban tan felices con la llegada del circo, que no se dieron cuenta de que se morían de hambre.

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MISERIA:

Hasta las vacas flacas huyeron despavoridas de aquella tierra de promesas.

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DORMIR CON LUZ:

El ciego sale a la plaza cada tarde y regresa sonriente a arroparse los sueños con el aroma de la muchacha que ama.

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JUBILACIÓN:

El santo nuevo se afanaba intentando responder las más absurdas solicitudes de milagros de los feligreses. A un lado del altar, el viejo santo con sus descoloridos ropajes, lucía una plácida sonrisa.


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Susana González Rico (Caracas, 1967). Es Licenciado en Biología y posee un  PhD de la University College of London. Es profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela. Ha participado en varios talleres literarios incluyendo el Taller Literario de la USB, el Taller “Escritura Creativa” de Fundación ICREA, el Taller breve de Microficción con Luis Britto García, el Taller de Creación, versión Narrativa de la Fundación CELARG 2012-2013, y el Taller de Narrativa de la Monteavila Editores  Latinoamericana 2013. En el 2012 publica el libro de microrelatos Micronopios y desde entonces coordina las redes sociales del grupo. Su interés en la microliteratura la ha llevado a obtener algunos importantes reconocimientos: fue finalista en el Concurso de Microcuentos #C140 de @Banesco en 2012, concurso de Microcuentos Navideños 2012 de la Academia de Escritores, concurso de Microcuentos 20 años de Casa de América de España, Concurso “El amor en 140 caracteres” del periódico El Nacional, Concurso #CuentoMagazine 2013 de la revista Magazine de Nicaragua, Concurso de Microrrelatos #140tirs del Festival Valencia Negra de España, Concurso “El cuento con más finales del mundo” de la pagina Megustaescribir.com del grupo editorial español Penguin Random House y 2do Concurso Internacional de Microcuentos de Amor de la Academia de Escritores. Recientemente resultó ganadora del primer lugar del 4to Concurso de microcuentos #C140 de Banesco.

3 comentarios en “Microcuentos, por Susana González Rico (Venezuela, 1967)

  1. El autodidacta
    Al lado de mi casa vive un hombre que no sabe leer ni escribir, pero tiene una mujer bellísima.
    En estos días, a escondidas de su esposa, y para mi angustia y preocupación, decidió aprender. Yo lo escucho deletrear, como un niño grande, en unos papelitos que siempre le dije a ella que botara. Pero la muy estúpida dejaba regados descuidadamente en cualquier parte dela casa; y le ruego a Dios que no aprenda jamás.

    Pedro Querales. Del libro “Fábulas urbanas”

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  2. … un telescopio
    Mientras le lanzaba palos y piedras al mango que estaba en el centro del oscuro solar, en medio de la noche fría y llena de punticos de luz como los del techo de su cuarto, se quedó contemplando las estrellas. Y decidió qué le pediría al Niño Jesús ese año.
    Llegó el 24. Y como todos los años, se dijo y se prometió, firmemente, que este año sí lo esperaría despierto para descubrir quién era realmente el Niño Jesús. Sin embargo, siempre se quedaba dormido en la salita y amanecía en su cuarto. E inmediatamente se asomaba debajo de la cama y encontraba lo que le había pedido, que, invariablemente, era un carrito de madera con las ruedas de chapas.
    Pero este diciembre, la pequeña radio que un día su papá le había traído a su mamá, único objeto de lujo en el miserable rancho, lo distrajo y le hizo cumplir su promesa.
    La madre, que se había quedado dormida, rendida por el cansancio, se despertó sobresaltada por el llanto de su hijo. Se incorporó, se dirigió hasta el rincón donde estaba el niño chorreando lágrimas que se confundían con el jugo amarillo del mango, y le preguntó: “¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?” Y el muchacho, que con una mano se estrujaba un ojo, le señaló, con la otra, donde tenía una fruta a medio comer, la radio.Y le dijo llorando: “¡Que mataron al Niño Jesús!” En el momento en que el rostro de la mujer se iluminó, como la superficie de un pozo cuando la toca cualquier partícula, con una sonrisa que desapareció apenas esbozada, como las ondas del pozo al llegar a la orilla, el locutor dijo: “¡La hora en su emisora feliz:la una y treinta de la madrugada! Repetimos la información anterior: ¡Hace pocos instantes fue muerto a balazos un hombre en el interior de una tienda! El desconocido no portaba documentación alguna. Solamente se encontró, en uno de sus bolsillos, una carta donde se le pide al Niño Jesús un telescopio… ¡La hora en su emisora feliz:la una y…!”
    Del pecho de la mujer brotó un quejido corto y frágil, como si fuera el último que le quedara dentro, y cayó. Produciendo ese ruido opaco y odioso, como el de las frutas maduras al estrellarse contra la tierra húmeda del solar.

    Pedro Querales. Del libro “Fábulas urbanas”

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