Cuatro poemas de Helena Tramunt

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Foto enviada por la autora

 

Hecatombe

Sería una pérdida de tiempo intentar entender
Prefiero invertir mis segundos en la tensión de tus ingles
Prefiero medir tu peso en embestidas
Prefiero la cercanía del caos
Prefiero arreglar el destrozo
Prefiero la hecatombe

Sería una pérdida de tiempo freír tanta carne
Prefiero que me mastiques tal cual
Prefiero la sangre
Prefiero el sabor
Prefiero morirme
Prefiero morirnos
Prefiero el Infierno

Ya nos pediremos perdón
cuando volvamos a escondernos.

 

=

 

Agonía

Siento que mi hora llegó hace tiempo,
que debo hacer como los animales,
irme a un rincón del bosque
y dejarme morir
en paz.

Ya no como, ya no duermo ni despierto,
me ahogo en un sueño verde y amargo,
un eterno déjà vu.
No debería estar aquí…

Amé y odié como nadie lo ha hecho,
he estado en mundos inimaginados,
perdí más amigos que palabras,
traicioné a mi religión,
me traicioné a mí,
Desde que empecé,
no he dejado de morir en ningún momento.

Y sin embargo sigo aquí, todavía existo.
Siento que debo hacer como los animales,
irme a un rincón del bosque
y dejarme morir
en paz,
pero la tierra no me deja.

 

=

 

Corazón

Corazón nace en mi cara,
ensancha la garganta
y rompe las costillas.

Corazón se acomoda en mi ombligo
y desciende sinuoso
para tomar pulso en mi vulva.

Corazón tensa la piel
y calienta las tripas.

Corazón me chupa la sangre;
Corazón me la escupe.

Corazón grita y hace ruido,
rasga los besos y besa las heridas.

Corazón es fuerte.
Corazón es bueno.

Corazón me llena.
Corazón me vacía.

Corazón siempre está
a punto de marcharse.

Corazón insiste y bombea.
Corazón se acelera y me zarandea.

Corazón tiembla y vomita.

Corazón se afloja.
Corazón se ablanda.
Corazón descansa.

 

=

 

La quietud del espíritu como purga

Después de tantas tormentas, en mi pecho se ha asentado
un paisaje sereno sin estación que lo sepa corresponder;
un pequeño puerto con veleritos que entran y salen muy despacio;
una ciudad mojada, vacía de coches y transeúntes;
un bonsái que no necesita que lo poden porque no lucha por crecer;

Reina una quietud hasta ahora desconocida;
un silencio algodonoso que acaricia mi tórax malherido,
y hace eco en mi frío bajo vientre que hiberna agazapado.

Y a pesar de agradecerlo, no puedo evitar pensar
que quizás la marea nunca vuelva a subir.
Y es esa, y no la que todos conocemos al irnos, la muerte que yo temo.

 

 =

Helena Tramunt (1993, Islas Canarias, España). De pequeña escribía muchos cuentos y cómics. Actualmente vive y sigue creciendo en Madrid. Es artista multidisciplinar y se dedica, entre otras cosas, a estudiar las artes visuales, la música, la salud y la naturaleza. También practica Yoga, estudia Filosofía en la Complutense y desde los 16 años escribe un poemario autobiográfico que a la vez son seis. Parte de su trabajo lo comparte en su web: http://www.helenatramunt.com.

 

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