Zombie: de The Cranberries a Bad Wolves, por Maikel Ramírez ~

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46. Esa era la edad de la cantante Dolores O’Riordan al momento de morir en Londres la mañana del 15 de enero de este 2018. Muy atrás quedaban los 27 años, requisito sin el que resulta imposible ingresar al lastimosamente célebre grupo de los 27, el de aquellos genios atormentados de la música que partieron prematuramente, como lo registra el documental 27: gone too soon, de Simon Napier-Bell, en el que nos acercamos a la cima y al estrepitoso derrumbe de Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain y Amy Winehouse. Con todo, uno siente que con la muerte de la exvocalista de la banda irlandesa The Cranberries desaparece algo de nuestra adolescencia. Recuerdo haberle informado a algunos amigos apenas me enteré de la noticia, y en la prolongada pausa del otro lado del teléfono reconocí mi propio recorrido por los resquicios de la memoria para dar con momentos en los que alguna canción de la cantante nos acompañó en nuestras andanzas juveniles. La muerte de O’Riordan ocurrió antes de una sesión de estudio en la que prestaría su voz para un cover de la canción Zombie que formaría parte del álbum debut de la banda norteamericana Bad Wolves. A pesar de no haber contado con la colaboración, finalmente la banda logró lanzar su cover, lo que nos abre una inmejorable ocasión para revisitar esta clásica canción del rock.

Escuché por primera vez el disco No need to argue una apacible tarde de 1994, gracias  a un amigo que me invitó a su casa luego de haberlo comprado. Por entonces, no dejaba de hechizarnos el sonido limpio que salía de aquellos primeros discos compactos que pasaban por nuestras manos, al tiempo que en nuestras casas aún eran inquilinos los discos de acetatos y los tocadiscos, a los que en casa se referían con el extranjerismo ‘pick-ups’. Cerca de los nuevos CDs podían encontrarse los larga duración Nevermind, de Nirvana, o Use your Illusion I y II, de Guns.N. Roses. Fue entonces cuando la voz de Dolores O’Riordan nos desbordó, esa que la naturaleza dotó para entonar música celta, pero que, en cambio, trascendería en el rock, o, para ser precisos, un rock mixturado con los sonidos de su Irlanda natal. Para corroborarlo, basta escuchar las piezas Disappoinment, Daffodil lament, Everything I said y Dreaming my dreams. También he de destacar otras piezas de calado tan hondo que son presencias vitales en mis playlists. Pasan por mi mente estas dos: Empty y No need to argue. Pocos años después, cuando cursaba clases de literatura británica en pregrado, entré en contacto con la poesía del escritor irlandés William Butler Yeats, por lo que recordaría la pieza Yeat’s grave. Y reconozco que me hacía sentir parte de algo especial el que una de las bandas que admiraba compusiera sobre referentes literarios. Entre el resto de las canciones, quisiera hacer notar aquellas en las que, sea por las letras o por sus videoclips,  la infancia está presente, como en Ode to my family y en Ridiculous thoughts, cuyo video muestra a un todavía desconocido Elijah Wood entre los escombros de una ciudad triturada por los bombardeos, que por momentos puede recordarnos al pequeño Jim (Christian Bale) del clásico filme de Steven Spielberg El imperio del sol.

Zombie, canción promocional de álbum, también se preocupaba por la niñez. Su letra se inspiraba en las muertes de Johnathan Ball y Tim Parry en una explosión perpetrada por el Ejército Republicano Irlandés (IRA) en Warrington un año antes. “Another head hangs slowly/Child is lowly taken”, “With their tanks and their bombs/and their bombs and their guns” y “Another mother’s breaking heart is taking over/When the violence causes silence we must be mistaken”, eran algunos de los versos en los que la enumeración y la metonimia eran recursos para sugerir la violencia, más que hacerla gráfica. A nivel macro, por otro lado, el eje organizativo de la canción era la metáfora del zombie, monstruo que por carecer de una sustancia cognitiva que le permita reflexionar se convierte en el dominio más adecuado para metaforizar a quienes carecen del menor vestigio de consciencia. Recordemos que la figura del zombie como  metáfora política ya ha sido motivo de importantes estudios y disertaciones, entre ellos Zombies, rinocerontes y la verdad en psicoanálisis, de Carlos Márquez; Filosofía zombi, de Jorge Fernández Gonzalo; y Mirando el sesgo, de Slavoj Žižek; así como ha sido puesto en escena en los filmes  Juan de los muertos, de Alejandro Brugués, en el que Fidel Castro es el zombie amo; Solo los amantes sobreviven, de Jim Jarmusch, donde los vampiros desdeñan a los zombies, esto es, a los humanos; y, por supuesto, en la obra del padre del cine zombie George Romero.

De esta forma, The Cranberries protestaba contra el ataque llevado a cabo por el IRA que, con una repetición irreflexiva hasta el hastío a la par de un zombie, asesinaba a inocentes una vez más bajo el pretexto de luchar por independizar a Irlanda del Norte de Gran Bretaña. La letra expresa esto de manera diáfana y rotunda: “It’sthe same old theme since 1916”, así como lo hace reiteradamente con el uso del adjetivo ‘another’. Por igual, lo hacía el video musical, en el que no se evadía presentar grafitis alusivos al IRA. Este video, por lo demás, venía a potenciar el dramatismo de la letra, primero, con imágenes en blanco y negro;  y, luego, con un abundante rojo, puesto de relieve sobre un fondo oscuro. En estos momentos a color, destacaba la imagen icónica de Dolores O’Riordan, pintada de dorado y parada sobre una plataforma en cuyo centro se erigía una cruz y alrededor de la cual se aglomeraba un grupo de angelitos apesadumbrados. Detrás de toda esta memorable iconografía, se encontraba el director Samuel Bayer, mente creativa responsable de otras obras maestras de aquella era MTV, por mencionar unas pocas: Smells like teen spirit, de Nirvana; No rain, de Blind Melon; You, de Candlebox;  Gotta get away, de The Offspring;  Until I sleep, de Metallica; y Anybody seen my baby?, de The Rolling Stones. Bad Wolves reproduce una imagen similar a la  de O’Riordan en el video de su cover.

A mis atentos oídos, The Cranberries exploraba un problema que ya había escuchado antes en Sunday Bloody Sunday, de la superbanda irlandesa U2, pero que a un imberbe como yo no se le haría claro hasta que un nutrido conjunto de filmes aparecieron a lo largo de los 90, algunos al inicio de la década, pero que solo alcancé ver un poco después, entre ellos Lluvia de fuego, de Stephen Hopkins; el magnífico El juego de las lágrimas, de Neil Jordan; y  En el nombre del padre y The boxer, de Jim Sheridan, ambos con la imponente actuación de Daniel Day-Lewis. Durante mis estudios de pregrado, Zombie tendría una presencia espectral al momento de leer el visceral ensayo del misántropo Jonathan Swift Una propuesta modesta y, sobre  todo, al toparme con uno de los mejores cuentos que he leído: The sniper, de Liam O’Flaherty, cuya historia se ocupa de una ciudad de Dublin azolada por la guerra civil de 1922.

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Bad Wolves

Una de las distancias que toma el cover de Bad Wolves en relación con el original de The Cranberries reside, evidentemente, en el estilo heavy de la banda, lo que entre otras cosas se materializa en un denso solo de guitarra. Otra variación notable es el predominio rítmico del piano en lugar del bajo. En cuanto a la letra, recordemos el agudo ensayo sobre la política y la lengua inglesa, en el que George Orwell escribe que en nuestra época los políticos usan eufemismos para defender lo indefendible. Bad Wolves entiende bien que la letra de Zombie rezuma lo que en la actualidad el lenguaje de la guerra designa como un ‘daño colateral’, por eso vemos este término bélico saltar a la pantalla hacia el final del videoclip. Para el filósofo argentino Darío Sztajnszrjber, los daños colaterales conforman una de las modalidades del homo sacer agambiano: se mata víctimas inocentes con impunidad en nombre de una supuesta causa más importante. A fin de cuentas, ‘daño colateral’ no es más que una abstracción que no remite a ninguna imagen concreta, como sí lo hace la palabra ‘víctima’.

Podemos ver en Youtube un breve video grabado en Manchester el 25 de mayo de 2017, durante el acto en memoria de las víctimas del ataque terrorista a la ciudad, en el que una mujer comienza a cantar espontáneamente la canción de Oasis Don’t look back in anger. De seguido, la concurrencia la entona al unísono. Así, aquella canción lanzada al mediar los años 90 era traída al presente resemantizada (Chris Martin y Ariana Grande también la cantaron días después en el concierto One Love Manchester). ¿Qué pasa si los terroristas destruyen parte del mundo que conocías? Sencillo: Don’t look back in anger y continúas la vida con esperanza. Zombie tiene el mismo ADN  de esta canción. Podrá sonar en Estados Unidos, mientras separan a los niños inmigrantes de sus padres y luego los encierran en jaulas; en Nicaragua, donde las fuerzas represivas y paramilitares de Daniel Ortega asesinan a un recién nacido de un balazo; en Europa, donde niños refugiados mueren ahogados en un naufragio; en Venezuela, donde el hambre deliberadamente programada por el dictador Nicolás Maduro hace que decenas de niños  mueran de desnutrición; y en cualquier otro lugar donde el exterminio de inocentes se justifique perversamente por ideales o por la consecución de estados de bienestar . De allí que a Dolores O’Riordan le entusiasmara tanto esta modificación a su canción 24 años más tarde: “It’s the same old theme in 2018”.

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Maikel Ramírez (Maracay, 1976). Docente y escritor venezolano. Profesor e investigador de la Universidad Simón Bolívar, Sede del Litoral. Magister en literatura latinoamericana. Ha publicado artículos de investigación en revistas de circulación nacional e internacional en el área de las metáforas, las metonimias, los marcos, las categorías y los prototipos conceptuales. Obtuve el tercer lugar del premio de Cuentos para Jóvenes Escritores de la Policlínica Metropolitana (2013). Cuentos suyos han sido publicados en El Nacional, El Periodiquito, Letralia, Prodavinci, Sorbo de Letras, Plesiousario (Perú) y el libro Los moradores, compilado por Manuel Cabesa. Escribe artículos sobre literatura, cine, música, el lenguaje y otros productos de la cultura. Colabora también con Letralia, Ficción Breve y Apapacho Gallery. En la USB, es uno de los organizadores de la Semana de la Lectura y dicta los estudios generales Viaje a través del tiempo: literatura y cine de ciencia ficción, Visiones críticas del cine y El cuerpo que somos: de lo íntimo a lo histórico-social.

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