Qué escribía Lorca cuando lo asesinaron, por Luisa Ripoll Alberola (Alicante, 2000)

Luisa Ripoll Alberola (Alicante, 2000). Ingeniera industrial. Interesada en la intersección entre el análisis de datos, la IA y la literatura.

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Qué escribía Lorca cuando lo asesinaron

El mundo es un lugar en el que las obras no se terminas, no solo por el eterno perfeccionamiento de un artista (y a esto alude la típica cita de Da Vinci: «Una obra de arte nunca se termina, solo se abandona») sino porque el mundo, del que participa la obra, en una urdimbre profunda e indisoluble que no se termina con la obra. Que prosigue el poderoso drama… como dijo Whitman.

Y el poderoso drama puede proseguir hasta la muerte del escritor, o hasta otras clases de silencio impuesto, en los que el autor ya no “puede contribuir con un verso”.

La censura es un tema candente en el mundo actual; se considera una mala praxis en contra de la libertad de expresión y los valores democráticos. Quien afirma estas ideas lo hace con convencimiento: “no me gustaría que me prohibieran escribir aquello que ansía salir de mí mismo”, piensa. Pero si la censura atenta al orden del mundo es por eso: parte del poderoso drama que prosigue aún sin el autor, no sería nada sin el autor.

Esto lo transmite Lorca en su obra inacabada, Comedia sin título:

Yo puedo decir que el olor del mar mana de los pechos de las sirenas, y mil cosas más, pero a él ni le importa ni lo oye, él sigue llamando a las costas en espera de nuevos ahogados, esto es lo que le importa al hombre. Pero ¿cómo se llevaría el olor del mar a una sala de teatro o cómo se inunda de estrellas el patio de butacas?

El mar en parte está hecho para escucharlo desde el teatro, y ¿quién si no el autor para intentar lo imposible?

Lorca, cuando su tragedia (su muerte), tenía Comedia sin título entre manos. Hoy se conserva menos de la mitad de la obra: solo el primero de tres actos. Al igual que en su anterior obra El público, Lorca vuelca el teatro y lo pone boca abajo. El espectador dentro de la obra es quien puede espetarle lo que quiera al autor y no al revés. Y además, en su experimentación con los recursos surrealistas disponibles del teatro, Lorca llega a un teatro que es post-surrealista, más bien directamente teatro posmoderno: cuando yo lo he visto y lo he leído, me parecía lo más cercano en el siglo XX a nuestro teatro actual, por ejemplo en toda su erótica del amor homosexual, tan madura en símbolos.

El poderoso drama fue para Lorca su propia vida. La tragedia griega ya se caracterizaba por sus llamadas premonitorias: la muerte final se escondía en cada metáfora. En cada alusión a otras pequeñas muertes se aludía a La Gran Muerte, que iba a afectar a todos los personajes de un modo fatal, casi traumático.

Estas premoniciones están presentes a menudo en el teatro de Lorca. Parece él pensar que el teatro es el arte más cercano a la muerte. Que el teatro mata. Pero la lectura de muchos años después se llena de matices. Lorca, en sus obras, nos habla de su propia muerte, de su ejecución. Sus teorías teatrales parecen querer decir “a mí lo que me mató no fue el fascismo, fue el teatro”, como un acto de resistencia a negar el poder de matarle a quien lo hizo. Todo se subyuga al poder del teatro, incluido el bando de los vencedores.

El pueblo español se sintió como los estudiantes de El público ante el final de Lorca:

ESTUDIANTE 4. Lo que es inadmisible es que los hayan asesinado.

ESTUDIANTE 1. Y que hayan asesinado también a la verdadera Julieta que gemía debajo de las butacas.

ESTUDIANTE 4. Por pura curiosidad, para ver lo que tenían dentro.

ESTUDIANTE 3. ¿Y qué han sacado en claro? Un racimo de heridas y una desorientación absoluta. (…)

ESTUDIANTE 3. Y toda la gente. Pero después enarbolaron los cuchillos y los bastones porque la letra era más fuerte que ellos, y la doctrina cuando desata su cabellera puede atropellar sin miedo las verdades más inocentes.

Y Lorca nos respondió a nosotros los estudiantes a través del Autor de Comedia sin título:

AUTOR: ¡Ja, ja, ja! La realidad. ¿Usted sabe cuál es la realidad? Óigala. La madera de los ataúdes de todos los que estamos en la sala está ya cortada. Hay cuatro ataúdes que esperan dentro de los vidrios a cuatro criaturas que ahora me oyen, y hay quizá uno, quizá uno que se puede llenar esta madrugada misma a poco de salir de este vivísimo lugar.

El poderoso drama, desde luego, es dramático porque nos favorece o nos destierra. Esta idea de Whitman parece ajustarse a la filosofía del teatro de Lorca, que es también cercana a Calderón: la vida es teatro porque es “drama”. Volviendo atrás, la etimología de drama proviene del prefijo “drao-”, que quiere decir “acción”, “hacer”, “yo hago”, y el sufijo “-ma”, que como en “poema”, remite al resultado de la acción. Yo hago y me es hecho. Al hacer, el mundo se transforma en mí y es transformado conmigo, y solo a través de mí y de mi muerte la continuación mítica del drama y de este gran mercado del mundo, es posible.

Lorca hizo, y el teatro le mató. Solo espero que Lorca esté en el Cielo que había imaginado para el tercer acto de su Comedia sin título: un Cielo de ángeles vestidos de flamenco.

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