Cinco poemas de Francisco Camps Sinza (Venezuela, 1988)

Francisco Camps Sinza (La Guaira, 1988). Antropólogo por la Universidad Central de Venezuela. Relatos y poemas suyos fueron incluidos en publicaciones como Brevelectric, Sello Cultural, Transtextos, Letralia, Papel Literario, Revista literaria Alborismos, entre otros.

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En torno a Cézanne 

A Cora

 

Ese azul triangulado en la meseta de Aix,

¿es el cielo desbocado en una belleza pasajera

imitando al mundo en sus formas

de tránsito perenne?

¿Es la vida modelada para el que ve

y transfigura en su lejanía

lo inaprehensible?

¿Es la ocasión que se fuga

para los incautos que se apertrechan

en la totalidad de las cosas?

Lo trasunto se cuela en lo impostado

que permite el paisaje. Los colores

mueren en la visita de su geografía animal.

Hay una tierra que hemos abandonado

tejida en la solemnidad de lo incognoscible

que las manos untan en la vasta sombra tendida

al filo de nuestros pasos.

 

 

A un poeta venezolano

 

Labrada la palabra

como una vieja sonrisa

tibia en el camino

    de la memoria,

 

Un sol ausente

en su vertiginoso azular

de alas estivales,

calla

 el lento reconocimiento

    del silencio.

 

 

Memoria 

A J. David Bermúdez

 

Recuerdas los juegos de chicos

Las burlas al monstruo que cernía

La casita

Cómplice de nuestros temores

Sombra de pesadillas espumadas

En la libertad de esa tierra santa

De luz mudada a un continente lejano

De penas de bajo musgo

Sin fruto anidado para los cuervos desvergonzados.

No conocíamos las horas

Ni nos atribulaban

Los minutos despiadados.

Plácidos durmientes

Del desenfreno apático

De un no despertar.

No sabremos lo que fuimos

En la vigilia de tierra negra.

Nada saben de recuerdos

Las bocas cenizas.

Aún, cuando el viento invada

Las hojas ciegas,

Podremos reír ante el sol,

Llorar en las largas horas domesticadas por la luna,

Podremos

Ver la lluvia caer.

 

 

Epílogo

 

La cabeza giratoria del rey

Derrama la sangre ansiosa de su pueblo. El hambre

De los espectadores atestigua la bondadosa señal de su poder.

Cae la noche y el sueño desterrado del rey

Es tan ligero como la pluma que roza

La yerba virgen. Los pájaros nocturnos,

Invisibles en las ramas, son los dramaturgos

Del canto prolongado en el alba. Ante el júbilo

De las nubes arreboladas, el silencio del terror

Será el pan que desgaja la vagabunda Historia.

El traje dorado, tendido en el trono, será zurcido

En insomnios de dedos llagosos. El clamor

Tendrá hijos; la verdad tendrá enemigos;

La mentira relucirá en su cofradía de falsa luminosidad.

Y los poetas (junto al omnipresente brillo de la infancia)

Cargaran, entre sus juegos, con el puñal

Sombreando la incertidumbre bajo la almohada.

 

 

 

Zafarrancho cósmico 

Cantus anarquicus maluurrulianus

 

Ay, (así comienza el cuadro)                        en una noche de falso velo primaveral

El carajito quiere ser poeta

Un Shakespeare de pacotilla                         cantando

Bajo matas de mango                                    nido de gusanos, raíces

Cantando

La muerte del algún fulano.

—Los poetas viven escondidos                      refugiados

En algún lugar nunca visto—

No estarán en el supermercado

Eligiendo leche                                                esperando que el nene lleve al carrito

Las galletas favoritas                                       atenderán

En pasmoso silencio                                        agobiante calma

Tejida en tinta                                                  hábil araña china                 espera

A que la amada mude su piel de estío imperecedero

Eleve sus picos                                                 andinas alturas

& ahogue la ansiedad del niño hambriento.

 

El poeta buscaba calma en una patria ahogada

De verdes esteras                 mohosas                   retumbando sus botas encharcadas

En la apacible callecita soleada.

Te preguntabas                     pálida voz

Si Caracas flotaría                   palmeras arriba               el Ávila siempre arriba

¿& el Guaire?

Atlántida de próceres con cabezas de algas

& río de mierdas centenarias.

¿Es esto lo que vendría?     ¿El paisaje incoloro del mañana?

Narcisos de cabezas levantadas                          mirando el cielo

Aguardando el reflejo tímido de sus almas.

Politiqueros                        de impronta heroica

Sin caballos ni paso de bueyes bravíos

Con discursos de vaho fétido

—Padres orgullosos con el cuero en sus manos

Simiente del desvarío tropical & andino

De garzas y cóndores zombis—

Enseñándoles a sus vasallos la lección del desamparado.

 

Oiga, mijo, el zafarrancho cósmico ignorado                       escucha

El burbujeo de la historia                                            o eres tú, poeta

El que se crispa al mínimo estallido de las nubes

Arreboladas                           deshilachando sus oscuros vientres

Hasta formarse en una masa plomiza

Rebelión ocasional ante el tirano allá arriba.

 

Oigan el fuego que nada calma                          llamado tradición

La desmesura de cuerpos amontonados

Lenguas antes no palpadas                                 por elixires

De dionisiacos parajes                                        espejos

Donde Baco se ha mirado                cabalgado              bramido

Estallado en relojes de arena desprovisto de sus harapos.

Oigan esa llamarada de estirpe nacional

Macerando a sus hijos en festín de cal & tumba

Tumba tumba tumba retumba el eco del último tambor

& disparos de balas con nombres encintados.

Para que oigas bien

Separa los oídos & échalos en la tierra

Entre mierda de gatos vagabundos & amapolas virginales

Escucha los pasos de perros memoriosos             alertas

Sufragando las trampas de la calle

Recordando sus sueños ladridos de soledad

Todos los picos de árboles sin olfatear                  raíces meadas

En venganzas azules                                de rutas perdidas.

 

Presta nuevamente atención

Al zafarrancho                      sideral

No se dejen nublar por estrellas & planetas

Polvos cósmicos                    eyaculaciones de dioses

Que las palmas mundanas no pueden sentir

Apenas tocan la tierra            & de malagradecidos desdeñamos

Su vientre siempre abierto.

 

Crean o no                   el bang bang milenario

Fuga de densa cadencia                      anticipo & recibo de todo esto

Expensa warholeana de Marilyns, Campbells & vaya a usted

Recordar lo que no puedo                    elevó el imperio

De un gran señor                       bermeja ostra       puro fuego

Desinhibido laborioso ejemplo de ‘Progreso’

Que usted & yo recibimos su aliento escabullido

De intransigente pasión.

 

Oigan                 ahora                            silenciosa

Ondas de sosiego perlífero                        oblicuas armónicas

Luna caderona, desparramada por los techos mugrientos

& ríos que sólo imagino en los lienzos sin óleo cervantinos.

Sí, el poeta puede insistir en versos de alto vuelo

Aunque espere atento en el callejón de la basura del mundo.

Ay, el chico es vanidoso                       quiere

Hurgar              escudriñar               despellejarse a trazos como Rembrandt.

Ahora un regalito a lo Durero para los ocios venideros:

Una placita          palomas alimentando hombres

Colgados en varas de sal                        derruidas

El del medio                   de enmarañados pelos

Mira arriba                      & sólo hay nubes         que van en su

Andar             morir.

¿Quién castiga a ese hombre con esperanza?

¿El sujeto de cara amulatada & crueldad pictórica?

¿O son los sirvientes desvergonzados

Apuntando dedos de oro     colmados            atragantados

Bebiendo sangre             fingiendo vino?

No nos pongamos moralistas         túnicas tupidas de polvo

Para luego estornudar con baba & moco. Aunque,

Déjenme preguntarles antes del gran asunto impostergable,

¿Quiénes hacen de la vida una mercenaria mercancía

Trajinar de fluidos & emociones

De Procustos cortando pies en camas chicas?

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