Daniel Granja-Hidrobo (Colombia, 1990). Nació en San Juan de Pasto (Nariño, Colombia). Vivió durante tres años en Londres (Inglaterra) antes de estudiar en Bogotá literatura en la Universidad Javeriana y un posgrado en la Universidad de los Andes en donde también fue profesor de cátedra. Le interesan otros siglos para poder vivir en éste, así como los estudios coloniales, los estudios clásicos, la poesía hispanoamericana, las cartas y diarios de seres anónimos. Publicó en 2020 el libro de poesía Un palabra menos (Fallidos Editores). Actualmente sueña un proyecto (inevitable) sobre escritura conventual y melancolía. Hace un tiempo breve vive en Toronto (Canadá) en donde escribe sobre parques, monjas coloniales, fenómenos de circo y ríos de Colombia.
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Para Ana Catalina Gutiérrez que odiaba la vida de clausura y se ahorcó en su celda en 1793
El pecado ajeno
cobra sentido en tu cuerpo.
En la noche y su alcance.
No fue la oración,
sino la lluvia de los días.
El duelo de no ver un volcán
ni cuidar presagios.
Al final, su sombra recuperó
su alma de la intemperie y el desastre.
Al final, pudo morir sin palabras de ausencia.
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Recuerdo de infancia sin título
When life was sweet I knew not why
William Wordsworth (1770-1850)
Este cielo que cubrió tantas almas no es mío,
esta calle que albergó tantas pisadas, que fue
ciénaga y autopista no es mi hogar.
Esta alma que vendí por una sonrisa y un terrón de azúcar
dejó mi sombra hace ya largo tiempo.
Estas palabras que me hicieron cuerpo
y olvido son prestadas.
Amo tantas cosas que no son mías.
Un lugar cerca del fuego.
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Hodierna 5
Las lenguas conquistadas son como las hojas muertas.
Cada mañana se pisan y se olvidan en el viento.
Por eso la lluvia ignora que la nombro.
Hodierna 6
(Discurso de aldea)
Fuego después del fuego,
en el silencio de la aldea.
Cuando los ejércitos dejaron
el presagio de nuevos maleficios,
floreció una rosa de sal.
El amor se volvió conjuro de la historia,
fe de otro tiempo.
La tierra trabajosa de cultivar
nunca tuvo mejor abono que sus muertos.
Hodierna 9
Tenemos que contar mejor la masacre.
Nadie viene a ayudarnos y todos hablan.
Gallinazos en la memoria,
mientras la corriente empuja algunos cuerpos.
Limpia el río la sangre,
los otros contemplan.
En el pueblo todo sigue igual.
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Frases de cajón
Castrar al Padre.
Ablación a la madre.
Cocer los párpados del hijo,
creer en su ceguera.
Cortar la lengua de la hija,
amar su palabra lejana.
No tragar piedras.
Cosas necesarias para la vida.
Hermana,
liberada de la sombra estás.
Ahora debes hervir los rituales de sangre.
Y no te olvides que en la espuma del agua queda
Júpiter domesticado.
