Juampablo Rodríguez (Mérida, Venezuela, 2000). Creció fascinado por los libros y las computadoras desde muy pequeño y, en consecuencia, le ha dedicado su vida a ambas pasiones. A sus 17 años migra a Chile, lugar donde reside desde entonces.
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El plan
Y bueno, como te comentaba
Esta es mi propuesta
tú das unas vueltas
enciendes el motor
corremos, disparamos, gritamos
y tus ojos se vuelven mi boca ¿entiendes?
Mañana en la noche nos van a preguntar que qué hice ayer
Y yo les voy a decir que comí pescado
Y diremos que fuimos al panteón familiar
Y el martes pediremos dinero a mis antepasados
Mi vientre abultado resonará completo como un tambor
con tus manos dándole tumbos por encima
Nos beberemos la humedad de las paredes
y, resfriados, sentados veremos los cohetes en el cielo
y el lunes, por fin me anotaré en el curso de francés
y le pedirás el número a la mesera
y vas a ver, yo te dije que no la amas y que se va
Como dicen los viejos del cerro:
En tiempos de guerra cualquier trinchera es un hogar
Es un mapa lluvioso como consecuencia de agosto
Ya ha vuelto la libertad a costa de qué
Los gatos de llanto lento
Arcángel de hueso
Métete las empanadas en los bolsillos
Y los tequeños
Y las palabras que vas a escupir
eco de este cuarto que aturde.
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Procesos terminales
Tengo en el pecho una ráfaga de viento
por cada iteración de este corazón bestiario
se escriben quinientas palabras cifradas
todas mías –ninguna me pertenece
alimento el coso de mi oreja con yeso, calcio y zinc
a ver si se deprime
pero solo se vuelve hueso
y cada mañana grita más y se hace más difícil de matar
vil recuerdo de una virtual aparición
que cuando se enteró que no pronunciaba las erres
me pidió que dijera carro
que me encontrara con elle en el ferrocarril de Riquelme
que ronroneara en su ventana y que riera fingiendo
que no éramos más que extraños
que arrullara las remolachas
y reubicara mis resilientes rencores
condené todos mis dientes a muerte
y todo sentimiento mío a vivir en la intemperie
me eché a dormir en la piedra feliz
tras cada pequeño paro cardiaco vamos muriendo
sé que puedo vivir unos días sin aire.
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Tremores de temporada
Para Libertucha
El presagio de que el invierno se irá
y las ventanas no se empañarán, ni les dibujaremos corazones
y disminuirá la urgencia de arribar en tu pecho
y de regalarte cada esquina de calor de mía
mañanas australes
el sueño de nuestra ventana al mar
las aves del puerto
el espesor de tus besos
de tus porotos graneados
de tus muslos y glúteos
cada desafuero cometido por nosotros
navegar de vino con especias y naranja
cardamomo
alelíes
un campo verde de cielo azul que llamo felicidad
viaje de media hora a la india
cada aliento tuyo muriendo de frío
entre sábanas revueltas
el deseo perenne de ahogarme en tus torrentes
y vivir en tus caudales
cada desayuno me hago mas intrépido
cada vez que te vas ansío volver a verte
cada-aliento-mio-en-tu-pecho
que eres de aliviar estas pesadillas mías
de desmembramientos y abandonos
que eres dura como guerrero y yo tierno como masmelo
que te deshaces entre mis brazos
y nos hacemos amalgama de mercurio.
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Niños de cera
A las noventa horas sin luz
los ojos no han parado de rodar
sus cuencas agotadas resuenan entre sal y arena
qué penumbra tan grande
y qué grandes los ojos que no pueden verla
tan peligrosa que es la oscuridad
tan indefensos al caer la noche
cuando se comienza amar
o cuando duelen las bolas
pero no hay gato que vea con tan poca luz
ni corazón que aguante cien años
entonces vinieron los de siempre
y me pidieron los ojos
pero sin lágrimas
y la boca
pero sin alegatos
y la voluntad
pero sin oposición
Y así quedamos los mismos
desventurados niños de la cera.
