María Teresa Arias (Quito, 1992). Su escritura es una tímida criatura que la habita y muta a voluntad, manifestándose casi siempre como animal de ficción. Actualmente trabaja como redactora en un estudio independiente de diseño y es la co-fundadora y gestora de Plataforma Mantícora, un proyecto que promueve el arte y cultura locales en la ciudad.
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El salto
Lo veo
está ahí
el techo
sobre mi cabeza
si alzo
mis brazos
me paro
en puntillas
si estiro
cada uno
de mis huesos
no puedo tocarlo
necesito
una silla
una escalera
una mesa
un trampolín
otro cuerpo
pero nunca se me ocurre
lo cerca que está
todo lo que me ayuda
con lo imposible
*
Apología al ocio
Las casas estarían más vivas
los niños y los perros más acompañados
si no los abandonáramos todo el día
a cambio de un lugar para que duerman
junto a las migajas de nuestros cuerpos
Si el cuerpo no fuese moneda de cambio
se cuidaría como propio
sus gritos de hambre y cansancio
se responderían con compasión
y no desprecio
Se me ocurre también
que el amor sería otra cosa
no tan urgente y elusiva
si tuviese un espacio
para habitarse entre muchos
sería reposo y disfrute
no una ilusión que se vitrinea
en pantallas donde se finge la vida
Si el tiempo entero fuera nuestro
y no tuviésemos que arranchárselo al trabajo
porque no hay hambre ni frío ni enfermedad
mediríamos los días largos
como se miden el calor y la risa
En este mundo los mido
por cuánto tiempo me queda
al final de las labores
para preguntarme qué hacer
con lo que resta de vida
Quizá la respuesta me espera
en la casa vacía
en el cuerpo ofrendado
en el amor suspendido
en el sueño de los niños
y perros
que no he tenido tiempo
de atender
*
