Hugo Cervantes (Querétaro, 1989). Es editor de Palíndroma y coordina las publicaciones de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro.
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Un día que ya no esté triste
Quizás haya un día en el mundo
donde no pueda sentirme triste.
Supongo que será el día que te mueras, padre,
y no regreses más a mi memoria, destrozándolo todo
hasta el poco futuro que me queda.
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La antorcha que lo incendiaba todo
de dónde podría sacar coraje
para levantarme ahora que soy
menos que nada
puño abierto
sangre que no coagula
pesadilla del insomnio
de dónde podría sacar la rabia
que revierta el influjo de tu antídoto
si todo cuanto grité
con esos ojos que te hacían temblar
con esa voz que agrietó las paredes de tu memoria
sólo fueron la causa de que volvieras sobre tus pasos
y pensaras que lo mejor
era no habernos conocido
no tengo motivos ni razones
para no sentir todo este amor por ti
no tengo certezas todo se desborda en mi mente
el tiempo se comba mientras se mezcla con los recuerdos
ahora siento la ternura que te negué
y el amor que te escondí
no puedo compartirlo contigo
porque ya no estás ni eres
la mano que me acompaña
la voz que me alza
el calor que restauró mis latidos
ahora ya no puedo hacer otra cosa
sino esperar a que un día
no sé cuál de los que me queden de vida
tus ojos vuelvan a verme
y atestigüen que la mano que sostenía
la antorcha que lo incendiaba todo
ha sido derrotada
*
que suerte tienen los que no se bañan
un día antes quisimos atravesar la frontera
pero era más el frío que el hambre estoy seguro
nos prometieron agua caliente y un plato de frijoles y un bolillo
pero no quisimos quedarnos
no era necesario
algo sentiste y no era buena idea
seguir las órdenes de quienes desinteresadamente
querían ayudarnos
que suerte tienen los que no se bañan
porque si nos quedábamos
seríamos 2 cuerpos más
en esa bodega de san fernando
donde la tragedia y la masacre miraron hacia el mismo lugar
que suerte tienen los que no se bañan
dijo doña pita
una de las patronas
de mugre no se mueren
pero sí de frío
pero sí de hambre
pero sí de sed
si perdí mis recuerdos de la infancia en el desierto
fue porque el vaticinio de la bruja
que nos limpió antes huir de casa
no nos auguraba un destino agradable
hoy estamos aquí con las heridas abiertas
mirando desde la esquina de latinoamérica
cómo se hunde todo lo que conocíamos
miro tu cabello revuelto en la arena
y sé que cuando cierre los ojos
volveremos a sonreír
como esa vez que me compraste el talismán
que me mantendría a tu lado más allá del sufrimiento
y sí porque hoy termina
mientras abrazo tu cadáver sin lágrimas en los ojos
pero con toda la certeza
de que el amor que sentimos nos guardará para siempre
en esta duna que nos entierra
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