Querida Oriette,
Espero que hayas encontrado espacios de calma entre tantas noticias, los venezolanos en el exterior están haciendo muchísimo al comunicar lo que nosotros no podemos. Aquí te dejo la selección de poemas que te había comentado. El proceso de compilación me ha obligado a enfrentarme con la realidad del país, y con mi propia realidad: nunca la intemperie nos había calado hasta los huesos como ahora, ellos se han quitado las máscaras, y están dejando ver esas facciones sanguinarias que desde hace años conocíamos.
Vemos al monstruo de cerca, es atroz, pero no podemos huir en esta encrucijada: algunos de los invitados a la compilación han tenido que dejar sus trabajos, otros se han ido de sus casas por la persecución. Admiro el valor que han tenido al compartirme sus textos, están sin firma o firmados con seudónimos, hacerlo de otra manera es una sentencia. Aun así, confiamos en que este esfuerzo nos ayude a sensibilizar sobre lo que está sucediendo en el país.
Los venezolanos nos estamos jugando la vida en cada imagen y cada palabra que compartimos. Mientras los poetas de régimen llenan las redes sociales de corazones bajo la consigna “para la guerra nada” a nosotros nos persiguen, encarcelan y torturan. Qué ellos sigan besando las manos de los sicarios. Las generaciones futuras leerán este tiempo, y sacarán sus conclusiones. Nosotros no perderemos la esperanza, ni la autenticidad.
Tenemos que hacer todo lo posible. Los poderes del mundo seguirán en su parsimonioso ajedrez geopolítico mientras los colectivos nos asesinan, pienso en el porvenir y no tengo ninguna certeza, pero estamos luchando por la democracia, y sobre todo por la vida de las personas que amamos.
Esta mañana recordaba este verso de Vinicius de Moraes: “Cómo la sangre de un hombre / es más espesa que el sueño de un hombre” y ahora me pregunto si este sueño compartido será capaz de sostener los cuerpos de los caídos, el llanto de las madres que buscan a sus hijos en las cárceles, y la incansable lucha de todos los días. Espero que sí.
Te mando un abrazo. Nos leemos pronto.
*
Tuyos
Cuánto pesa un solo muerto.
Deseo que cuando anochezca
se hundan en ti.
Deseo que estén cuando cierres los ojos
cuando los abras, cuando beses.
En la cama, bajo la sombra de un árbol, en la ducha, en todo acto de amor.
Deseo que los muertos se agolpen en tu garganta
y no puedas hablar sin decir sus nombres.
Deseo que los sin aliento te dejen sin aliento.
Que su momento más oscuro sea tu día más brillante.
Que tu momento más ligero sume todos sus cuerpos.
Ahora son tuyos; ahora eres de ellos.
Que nunca te dejen
hasta el segundo final.
*
Usted puede ser una bala
Una bala puede ser una noticia
y viceversa,
un comentario puede ser un estado,
un tweet,
o una bala.
Pensar es un acto violento,
nadie puede sentir nada.
Hay que comprimir los órganos,
no hacer mucho escándalo,
cerrar la boca,
evitar que salgan moscas,
permanecer en silencio
y desconfiar del vecino.
Todo se oye,
todos escuchan,
el ruido puede ser una bala
y respondido con otra.
Si dijo o hizo, ¡escóndase!
Si salió o estuvo, ¡escóndase!
La ley nos busca a todos,
la lengua puede ser una bala.
Hay que coserse la boca,
olvidar lo que se escucha:
Si les pusieron corriente en las bolas,
o si las dejaron desnudas en ‘El bañito’.
Si el niño tembló ¡hágase el toche!
Si sabe de enchufes ¡enfunde la lengua!
Cualquiera puede ser el próximo,
quizá usted,
usted puede ser una bala,
un ciudadano que opina,
un posible cuerpo violento
culpable de mirar distinto.
Un hombre puede ordenar una bala,
contra usted,
otro obedece y dispara.
Un cuerpo puede ser una noticia
o una bala
o el dolor de alguien que se expresa
por otro cuerpo
y se convierte en otra bala.
Alguien
*
Ciencia del retoño
Todo lo que sesgan,
vuelve
como otras artes del día.
Entre las ramas se deletrea
la comunión del rocío con la tierra;
surgen moradas para las voces que se llaman, que arraigan.
Se poda lo infectado;
se riega lo vivo;
se tala lo salvaje;
(nos) cortan sin saber
que todo retoña.
Tanteamos entre la noche de la sierra
del trino temeroso
de la oración que clama
de las órdenes cobardes
de los cuerpos con nombres de hollín.
Creo en la ciencia del retoño: (sobre)vivir a todo,
sostener al árbol del que vengo,
resguardar su vida con la mía,
extender palabras como caducifolios
para nombrar nuestras sequías
y recordar la especie –Handroanthus chrysanthus–.
Mis huellas –sílabas tercas–
aran un camino en la memoria
donde estaremos todos: otro bosque
Lombardo
*
Lo que el fuego ha dejado en estas habitaciones vacías, son fantasmas del humo. Mi pueblo ya es un cúmulo de nubes dispersas con el sueño de conocer el mar. Mar(decirse). Ser lo que se nos prohibió ser. Aquí ya nadie aboga por la cesantía del hambre o la campaña infértil del porvenir.
Por-venir de tan lejos, nunca llegó la salvación. Por-venir miles de hombres armados, solo nos quedó el humo tras la bala perdida. Por-venir a defender lo que creíamos, terminamos masacrados en la portada de La Prensa. Por-venir todos los días a renegar de los santos, nos quedamos sin el favor concedido.
Lo que el fuego ha dejado, que la lluvia no lo ahogue.
*
[Sin título]
el verde que gruñe en las filas
se acompaña y se crece y se arma
solo si tiene otros verdes cerca.
el verde gigante en sus carros de guerra
blancos
va cubierto con paneles negros
el escudo le sirve para evitar mancharse
su verde con la sangre
en las tripas
el verde se baña en dolor ajeno sacadas de
y muerde y arranca las venas niños a través
del cuello del débil del hueco abierto
minúsculo con un disparo
el verde que rompe costillas dicho falso
y viola y mata
pinta sus labios y ríe
mórbido
¿llora el verde cuando
recuerda a su hijo y sabe
su ser será el oprobio de esos
huesos tan pequeños?
el verde se sueña Héctor
sosteniendo la lanza de pólvora
pateando los cráneos tan frágiles
ideas sueños
y no es Héctor
no muere defendiendo a su pueblo mas
corre cuando los cráneos pateados
las costillas quebradas los cuerpos abusados
los ojos perdidos
amenazan imprimirse en él
de manos de pobres
ideas sueños
*
Señor, esto es una canción infantil, lo juro
Cada noche tumban
la puerta de una casa
los sapos.
Están malhumorados
y con mucha hambre
los sapos.
Son pocas sus palabras,
ásperas sus voces,
tienen dura la piel.
Esta noche han roto
la puerta de mi casa
los sapos.
Por su culpa
ahora me llamarán
“El Huérfano”.
Cuidado:
si te portas bien
vendrán por ti
los sapos.
*
Todos sus hombres nos han fallado
y con ellos su fantasmagórica estirpe.
Cada palabra que brota de sus bocas es desaliento, augurio baldío
y sobre sus cabezas sobrevuelan en rondas
como hojillas de ceniza los zamuros hambrientos.
Arde el triunfo, arde la gloria
arden sobre la zanja sangrienta
que abrieron sus esclavos bajo el sol inclemente del Caribe
y sobreviene
como cunaguaro en celo de la crecida roja
un ahogo de la creciente
que se desborda y nos lleva a todos a ellos
y a nosotros
hacia el gran volumen
de la incertidumbre.
Yusbreidy Molina
*
Somos más de mil
Bajo mi mano
todo sigue en blanco
pero frente a mí
se cierra el mundo
Observo entre mis dientes
reviso bajo la lengua
estiro las cuerdas bocales
Me digo:
No sólo en mi boca
debe encontrarse lo que seguro habita
Levanto las uñas
abro la cicatriz del vientre
hurgo entre las capas de piel y músculo
y veo la verdad
lo acepto
Llévenme
tortúrenme
recuerden, soy mujer
como a las demás
deben violarme
Yo soy el crimen
no hay rastro en mí que no sea una prueba de mi culpa
en mi memoria
en los ojos que he mirado
en la vida que he tenido
no hay forma de ser inocente
hasta mi infancia está atravesada
por la fatalidad de saber la verdad
Escribo “país”
y desato el eco del dolor
Escribo
con esta verdad
que recibirá cárcel y muerte.
*
Quédate, mansa
Quédate quieta
quédate quieta frente al fusil,
corazón desarmado
quédate, hostilidad reprimida
arrebátate o disparo
quédate, blanco, chivo expiatorio
de todas nuestras culpas
quédate, inerte/pálida/ simula parálisis
inanimada, quédate
quieta para tapar mi sombra
ahí, ahí, no te muevas, espéculo de imagen invertida,
proyección, no persona
quédate quieta, viscosidad
quieta, dije, quieta
así me gusta, bien quieta
quieta, emula roca
quieta, repliega fuerzas
quieta, simbólica
quieta, silencio
quieta, pared
quieta, respiración
quieta, esa es la idea
cierra los ojos.
ahora sí estás quieta,
completitud ya no,
fragmentos escindidos del ser.
*
Las batallas tienen llama propia
Uno
Personas sobreviven
al tiempo
para comprender
la vida
Héroes
contra tiranías
Heroínas
encarnan libertad
evocan
Heroica trayectoria
aspiraciones humanas
el pueblo con su “esperanza”
encarnar conciencia libertaria
venezolana efervescencia
capaces de arriesgar
la sangre
la juventud
de libertad
¡LIBERTAD!
Dos
¡de libertad!
tu vida
¡la libertad!
mi vida
¡LIBERTAD!
Tres
todos los días
incesante
todos los días
vorágine
sangre rápida
expresión
inevitable
de lo cotidiano
de lo cotidiano
¡LA JUVENTUD!
¡DE LIBERTAD!
Frigg
*
Esta noción de nuestro espíritu
I
También las casas se quiebran desde adentro.
Aquí hay un pequeño cerro,
y de niños emprendíamos la tarea de subir hasta la cumbre,
hacia los árboles de níspero donde la cerca marcaba un fin.
Descendíamos al trote,
en alfombras o en cartones:
nada nos esperaba fuera de los muros.
Ahora descendemos en las horas y en los sueños.
Así hace dos noches soñé con el cerro,
y otros niños desconocidos subían a una pequeña montaña rusa
que desde los árboles de nísperos, ahora enfermos, estaba construida.
Descendían por los rieles,
en carritos rojos y sin frenos:
nada los protegía del peligro que había traspasado los muros.
Nosotros, dueños de la casa, ignorantes de sus fantasías,
corríamos a contener el miedo que prolongaba
tras cada paso la tierra y los espacios
que creímos habitar sin confusión un día.
Ahora que asoma sus ojos por el marco de la puerta,
qué difícil despertar de los malos sueños,
qué difícil despertar de los sueños,
qué difícil despertar a los sueños,
cuando simulan un tiempo
donde todo aguarda
fuera de los muros.
II
Aprendió a volar, pero no pude verlo.
Estábamos todos en la calle, todos.
La elección es el poder de quienes andan.
Pero él no eligió volar mientras yo andaba.
Cuando lo vimos en su nido, estaba lleno de gusanos.
Por ahí dicen que a los pájaros pequeños no se les toca con las manos.
Lo tomamos, lo curamos, le dimos calor cerca del fuego.
Ese día en que voló todo pudo ser vuelo.
Si al salvar a un pájaro aprendiéramos a salvarlo todo.
Yo conté cada gusano pero no podría contar el resto.
Libre de todo mal se fue con el aire.
Cerca del fuego hoy no hay cura sino plegarias.
Eran otras cosas las que no podía tocar con estas manos.
Una elección que no salvaba a otros, para el vuelo.
Nidos por todos lados, que no son nidos, son jaulas.
Aunque a él nunca llegó el gavilán,
que lo vigilaba desde lo alto.
Eso:
que tampoco hoy
esa ave de rapiña
nos alcance.
III
Esperamos la siesta en el pórtico,
de los compañeros que bajan por las veredas
con sus ademanes en las manos,
con cestas doradas llenas de piedras y de bronce.
Cuando todo se haga
alguna canción inventaremos,
y vendrán las palabras y cada nombre.
Será una buena noticia sabernos juntos,
al otro lado, en la otra orilla,
tras cruzar el puente sobre el río bravo.
Esta noción de nuestro espíritu
será calor que colme
la hondura de un país que nada sabe
de aquello que le espera.
*
Piedad
Esta casa continúa el brillante camino
al recuerdo distante de un mundo distante
Chika Sagawa
Mi hermano y yo
jugábamos en las tardes
él era el cazador
y yo el león
corríamos por un país de hierba
él disparaba con su mano
BANG BANG BANG
y yo huía
hasta que sus balas se acababan
llegando mi turno de perseguirlo
él gritaba ¡Muérete, que ya estás muerto!
y yo rugía
me habría gustado perdonar a mi verdugo
con ese último aliento
ahora
mi hermano es soldado cazador de hombres
sus balas son infinitas
y de mí
sólo ha quedado la impresión
los ojos amarillos que resplandecen en lo oscuro.
*
Estamos en paz, el país entero está en paz
Ser libre es no tener miedo, dijo Nina Simone.
Pausa en la transmisión: dos mariposas amarillas flotan entre el silencio. Salgo a caminar. Un contingente de la policía en el portón, algunos miran hacia adentro. Me detengo, y una señora mayor me habla: — Apenas me dejan salir mis hijos, pero necesito respirar un poco—. Los hijos que le impiden salir, por temor a que algo le pase, se encuentran ahora fuera del país. Me cuenta de cuando casi se muere de Covid, se la llevaron en contra de su voluntad, la metieron en una habitación, desnuda, aislada, recibía notas de sus familiares en pedazos de papel. — Dígame la verdad, que me voy a morir. — Tranquila, no tienes nada. Desnuda, punzones en el cuerpo, ya le tenían el hueco reservado para meterla. Por fin, un día, la llevaron a un pabellón donde había otras mujeres recuperándose. Y luego salió, revivió. Pienso que me cuenta esto porque así se debe sentir que te lleve la policía, pero multiplicado en horror. Sigue hablando y un mayor número de ellos se agolpa en el portón, me miran desde lejos. Algo me recorre la espalda, como a un gato que se eriza. — Señora, me tengo que ir—. Nos despedimos.
El silencio es a veces un rumor o un zumbido. Todo está en paz, el país está en paz. Veo en mute un video en que un grupo de PNB sujetan a un muchacho mientras otros lo golpean brutalmente. Lo ponen en el suelo y uno de ellos le da un tiro en la pierna. Suben a las motos y lo dejan tirado en medio de la calle. Demasiada paz. A esta hora las chicharras cantan y la policía secuestra gente.
¿Duerme usted, señor Presidente? Literalmente, se dormía hace un par de días en una rueda de prensa, o perdía por unos quince segundos el hilo del discurso, con expresión desfigurada, agotado, envejecido. Hay instituciones que nos dicen lo que está ocurriendo: porque no, lo que estamos viendo y escuchando no es lo que realmente está sucediendo. Pero tales organismos tampoco lo tienen claro. Los asistentes al acto ni siquiera saben qué hacen allí. La ley se olvida de las leyes naturales.
Estamos en paz, una mosca y el trino de un único pájaro. Ser libre es no tener miedo. Estar en paz es ver el horror, reconocer el horror. Es sentir los nervios crisparse, el miedo que sube como una certeza y aun así no mirar a otro lado. Tener miedo y ver cómo se deforman los actores del circo. Dejar, no hay otra forma, que el acto tenga su propio desenlace.
Lucila
*
Camposanto
En el dosel arbóreo hay cuerpos
El camposanto no basta.
Aquí, ceiba, aquí te traigo a mi madre muerta
La ciudad, repleta de tropas camufladas,
Se recuesta en las ruinas.
Oh, cuerpo ahoyado, al fondo ni los gusanos comen
Secuestran a niños, sus escleras atragantan a los buitres.
Hay una bestia que se aferra al hombre sangriento
Y vestida de escarlata deja las cabezas caer
Ruedan por las peñas, se sostienen de los matorrales secos
Suplican que lancen los torsos a otros techos, aquí no caben.
Está maldita, esta nación está maldita
Allá adentro hay un joven con la esperanza desmembrada
Él arrastra la sed de un pueblo que habla con las uñas,
Se han llevado su garganta, la han enterrado junto a las otras.
Ha llegado el día,
Me han aprehendido con una bandera y una canción
Huyo al bosque, los canarios me anidan con diligencia
“La mano de Dios me resguarda”, eso digo
Corro como asesino por cantar mi propio himno
Ahora mi cuerpo se planta con los cuerpos de mis hermanos
Sí, fueron veinticinco años, veinticinco malditos años de no saber…
En dónde poner tantos muertos.
Arthur Paz
*
Fotografía de portada de Ana Beltran
