Cuatro poemas de «Corazón lleno de liquen» (2024) de Victor Noé Arandia (Venezuela)

Victor Noé Arandia (Valencia, Venezuela, 1997). Licenciado de Idiomas Modernos en la Universidad Arturo Michelena. Resultó ganador del 1er Concurso de Poesía Joven Andrés Bello (Fondo Editorial Asamblea Nacional, 2016). Formó parte de la antología Amanecimos Sobre La Palabra, compilado por Oriette D’Angelo (Team Poetero, 2017). Recibió el 2do lugar en el Certamen Ecos De La Luz (Ediciones Palindromus, 2017). Fue finalista del 4to concurso Rafael Cadenas. Actualmente, administra la página de Instagram Perfil Poético en donde se lleva a cabo el Concurso de Poesía Diversa desde el 2023, iniciativa que busca premiar poemas de temática LGBTQ+ escritos por autores jóvenes de Venezuela. Su primer poemario Corazón lleno de liquen acaba de ser publicado por la editorial limeña Santa Rabia Poetry.

*

Voy a escribir un libro en secreto,
detrás de los pasillos
de mis horas por cobrar.

Voy a decirlo todo en voz baja, casi susurrando
para que yo no me entere,
para que no me dé cuenta
de que estoy perdiendo el tiempo, otra vez.

Voy a corregir mis malos hábitos,
colgar una pizarra pulcra y gigante
donde enumeraré cada cosa que odio de mí,
cada minuto que dedico a mí, o a la nada,
cada vistazo innecesario al teléfono.
Porque el tiempo es oro,
o en mi caso, cinco dólares la hora.
A veces siete, si el jefe está de buen humor.

Pero voy a escribir, así sea con prisa, este libro.
Un libro seco y malhecho,
que pretende sonar a novela negra,
a misterio de actriz rubia huyendo de su destino.
Voy a escribir sin propósito,
voy a robar 100 millones de dólares
y en el camino, veré.

*

Liquen

Una pecera llena de agua, pero sin vida;
una nota de voz sin responder,
las piscinas solas,
mi gato arrastrando un colibrí muerto
hasta el borde de mi cama
y poco más.
Son las estaciones crueles que están de paso.

Me debo a mí mismo tantas disculpas,

pero mi corazón,
lleno de liquen,
todavía.

*

Después de la rapsodia

No estoy de humor para lidiar con monstruos.
Lydda Franco Farias

Aquí iba un poema majestuoso.
Ahora, la página está vacía, pero debes saberlo,
aquí iba un poema majestuoso, hasta que ya no lo fue.
Y después de este poema, venía otro poema
que nadie entendía, porque solo eran las notas
que quedaron, mientras pasaban los sucesos descritos
en el primer poema.
Entonces, a partir de aquí irían dos poemas:
uno hermoso y caótico que hablaba
del amor y la pérdida;
el otro, una transcripción fiel de mi cuaderno
de universitario, de las cosas que anotaba
mientras amaba y perdía.
Pero ya no tiene sentido que existan esos dos poemas.
Al final, el propósito de esta página es pedirte perdón.
Y perdonarme a mí mismo.

*

Manroulette

I

Entré a la sala del casino,
soplé las manos del crupier antes de que lanzara la bola,
giró la ruleta con su dedo índice,
mientras Martha revolvía su scotch.

Besé una ficha negra,
me aferré a ella como a un óbolo
y la ruleta giró centrífuga
de nuestro destino hizo un tornado
que nos llevó a un Oz siniestro.

Esa noche Martha y yo lo apostamos todo
por un 25 rojo
una sílaba
una falacia
un hombre. 

II

[Abrir nueva ventana de incógnito]
[www.manroulette.com]

DEBE SER MAYOR DE 18 AÑOS
Y ACEPTAR LOS TÉRMINOS A CONTINUACIÓN
ANTES DE CONTINUAR:

[Acepto] [Start]

Mírame.
Abrí la ventana, la incógnita y la de mi casa
para que la luz roce las hendiduras entre mis costillas.
Déjame repartirte mi mejor ronda de “verdades”.
Mírame, me despeino con alevosía,
bajo mis bóxers hasta los ganglios,
masajeo la parte trasera de mi lóbulo.
Me vuelvo bits, me vuelvo plural y líquido,
una imagen fluyendo entre pantallas como lluvia.
Rechazo, rechazo, rechazo; me eligen.
Me observan desde lo oscuro, dejo que mi cuerpo
sea un registro del azar
                                               y
me baño en el mar Adriático mientras Christos
me habla de la Atlántida al oído.

Fumo cigarros con Haruo al borde del Monte Fuji
después de que todo corre.
Nicklas me da calor bajo la nieve eslava,
hunde sus dedos en mis coyunturas.
En un segundo, alguien me desnuda
detrás de las ruinas de Notre-Dame,
al otro, un argelino sacude de mi boca
la arena del Sahara.
                        Estoy girando sin otro rumbo que el de la sed.
A veces olvido que soy real.             

[Cerrar ventana]

III

Maté a Dorothy con un vaso de leche,
robé sus zapatillas rojas para irme a bailar
bachata con un hombre descorazonado.
La bruja del este era una señora de Altamira
que solamente tomaba whisky seco.
Caminé descalza por un sendero amarillo de orines,
cacé monos voladores en la humedad del cielorraso.
Pedí unas
french toasts, omelette du fromage and grapefruit juice, please.
Excuse me ma’am, we don’t have room service until 8:00 a.m.
Por lo tanto, devoré una chiripa
que paseaba por mi brazo.
—Estamos vivas de chiripa.
How do you say de chiripa?
By a fluke –dijo Martha–.
No hay lugar como el hogar, Dorotea.
Entonces entendí que Martha construyó
esta ciudad de esmeralda
por el ritmo.

El scotch se puso aguado,
el crupier terminó su turno

y cuando no tuve más fichas
aposté mi fémur sin fortuna.

El casino, como la palabra de un hombre, se desvaneció,
pero la ruleta siguió girando,

jamás se detuvo
como jamás se detendrán estas historias,
como por cada una de sus casillas, siempre habrá un alma
dispuesta a lanzar.

*

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *