Victor Noé Arandia (Valencia, Venezuela, 1997). Licenciado de Idiomas Modernos en la Universidad Arturo Michelena. Resultó ganador del 1er Concurso de Poesía Joven Andrés Bello (Fondo Editorial Asamblea Nacional, 2016). Formó parte de la antología Amanecimos Sobre La Palabra, compilado por Oriette D’Angelo (Team Poetero, 2017). Recibió el 2do lugar en el Certamen Ecos De La Luz (Ediciones Palindromus, 2017). Fue finalista del 4to concurso Rafael Cadenas. Actualmente, administra la página de Instagram Perfil Poético en donde se lleva a cabo el Concurso de Poesía Diversa desde el 2023, iniciativa que busca premiar poemas de temática LGBTQ+ escritos por autores jóvenes de Venezuela. Su primer poemario Corazón lleno de liquen acaba de ser publicado por la editorial limeña Santa Rabia Poetry.
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En redes sociales dices que eres autor a tiempo parcial. El primer poema de Corazón lleno de liquen habla, en parte, sobre tu experiencia en entornos laborales. Se menciona que el tiempo vale $5 la hora, por ejemplo. Me gustaría saber cómo te iniciaste en la escritura y cómo ese proceso se transformó en el proyecto de tu primer libro.
—Victor Noé Arandia: Llamarme «part-time author» en redes sociales es algo muy profundo y superficial a la vez. Cuando diseñaba mi biografía, pensaba que no merecía el título de escritor porque mi dedicación a este oficio no es completa, pero, ¿realmente hay escritores a tiempo completo? Creo que la mayoría no lo somos, aunque quisiéramos. Todos los días de mi vida escribo, pero no todos los días lo hago para satisfacer una inquietud artística.
Mi interés en la poesía empezó en la adolescencia, cuando estaba en tercer año de bachillerato. Fue a través de libros de Armando Rojas Guardia y Ana Enriqueta Terán que, de una manera u otra, llegaron a mí. Escribía mucho en el liceo, textos que aún conservo y se han ido transformando en otros poemas. La poesía es el género más adolescente y más queer que existe. En ese entonces, muchas cosas pasaban en mi vida y la escritura se convirtió en la vía de escape que necesitaba.
Escribir un libro fue un reto complejo que me propuse desde el 2018, cuando terminaba la universidad. El primer bosquejo de Corazón lleno de liquen era un libro mucho más experimental, desvergonzado, con un lenguaje soez y meme. Mucho de eso ha sobrevivido en su versión final.
El libro encontró varios obstáculos para poder cerrarse, entre esos mi falta de tiempo. Me gusta decir que este es un libro clase obrera, uno que solo me podía permitir escribir con recursos limitados.
Este también es un libro movido por la rabia y por la necesidad de reclamar un espacio. La rabia, el rencor y la decepción son sentimientos muy humanos que nos enseñan a reprimir, pero la verdad es que también podemos hacerlos funcionar a nuestro favor. Un día me di cuenta de que nadie me iba a dar nada, que mi poesía también merecía un lugar, merecía existir. Tuve que confiar en mí mismo, trabajar y trazar el camino por mi cuenta. A partir de esa frustración es de donde salió la gasolina para crear. Una incesante necesidad de ser oído.
¿Cuál es tu visión sobre el ejercicio de la actividad literaria en un mundo que lleva años avanzando hacia el ritmo acelerado de la productividad?
—VNA: Por actividad literaria entiendo cualquier cosa que involucre la palabra escrita, ya sea la creación, promoción o consumo de literatura. La verdad es que la literatura es lo más improductivo del mundo. La actividad literaria es solo para quien no espera obtener nada de regreso. Es lanzar al mar ese mensaje en la botella.
Dentro de la misma literatura existe gurús que te prometen vender cien mil libros por TikTok. Hay incontables medidores de éxito o de producción: premios, becas, publicaciones. Tantos que es imposible no sentirse presionado por alcanzar esas cosas y querer llevar un ritmo inhumano para poder cubrirlo todo, participar en todo y, con suerte, sentirte ganador.
Esa búsqueda de una recompensa, de validación, es un sentimiento humano que hay que aceptar. Pienso: «¿Por qué me importa tanto ganar? ¿Sigo siendo escritor si no produzco, si no publico? ¿Para qué escribo?» Yo no poseo las respuestas a dichas preguntas y también me siento víctima de todo este fenómeno. Pero, al discutirlo, me hago consciente del problema y me siento un poco más en control.
En conclusión, creo que el verdadero éxito es separarte de todos estos medidores y trabajar en tu obra por ella misma. ¿Llegaré a ese punto? Ojalá algún día. La literatura es, al final, otro medio más de autoexpresión, otro medio para comunicarnos.
Hablemos sobre el título. ¿Por qué decidiste que Corazón lleno de liquen fuera el título del libro?
—VNA: «Pero mi corazón/ lleno de liquen/ todavía.» No recuerdo cómo llegué a ese verso, pero una vez estaba ahí, lo sentí muy circular. Estaba leyendo mucho a Emily Dickinson en ese entonces. Al buscar un título para el libro, entre mis lectores beta, hubo varias sugerencias que referenciaban otros poemas quizás con más peso dentro del libro.
La razón por la cual este es el título y no «Psychoteque», «Memorias de Efebo» o «Las estaciones crueles» (otros poemas del libro), es porque el gran tema del libro va más allá de cualquiera de las subtramas que en él se desarrollan.
Dentro del libro está el mismo corazón presente en distintas configuraciones, avatares, el mismo corazón perdido en internet o en una discoteca abarrotada. Pero está ahí, un latido constante y vivaz. Es eso: el corazón, la entrega, el desarraigo, los todavía. El corazón es el gran tema del libro.
Más allá de las referencias que se encuentran en el poemario, ¿cuál es la importancia que tiene la música en tu proceso creativo?
—VNA: La música ha jugado un papel indispensable en la creación de mi libro. Recuerdo que «Psychotheque» nació después de escuchar el mixtape «Entrañas» de Arca, a quien admiro y a quien le dedico el libro. Este despropósito de poema buscaba emular lo que la música de Arca me hacía sentir: una especie de euforia que se transforma en pesadilla y termina desembocando en una paz y esperanza abrumadora. Luego de que el primer borrador del libro no me llevara a ningún lugar, atravesé una sequía creativa. Una época que pensaba jamás iba a terminar.
Estaba completamente divorciado de la literatura hasta que Arca publicó su pentalogía «Kick» en 2021. Fue en ese momento donde recordé lo que había escrito bajo la inspiración de su música y sentí que esta nueva colección de álbumes me conectaba a una fuente de energía creadora.
Anteriormente dije que mi libro existía gracias a la rabia. Me retracto; mi libro existe gracias a Arca.
El libro también está cargado de imágenes que hacen alusión a pantallas, teléfonos, conversaciones de chat, e-mails. Son medios que actualmente permean la actividad literaria queramos o no. En ese caso, ¿cuál consideras que debería ser la posición del poeta en la era digital? ¿Tiene el poeta algún tipo de responsabilidad en términos de lenguaje para retratar los tiempos digitales de la actualidad?
—VNA: Yo me crié en el internet, fue el lugar donde aprendí a socializar. A comunicarme con la gente, hacer amigos y tener relaciones amorosas. El internet es la tierra de nadie, es un lugar hostil, pero, a la vez, le debo toda mi vida al internet. Era imposible y deshonesto para mí no escribir sobre eso.
Algunos de los poemas más arraigados en el internet los escribí hace un montón de tiempo, quizás entre el 2016 y 2017. Fue en ese tiempo cuando descubrí tardíamente el movimiento alt-lit, cuando este ya había muerto. Me sentí maravillado por esta capacidad de hacer de lo mundano del internet un tema tan profundo y abierto a las posibilidades.
Creo que estamos viviendo un segundo, o tercer revival del internet-core con todas estas aliteraciones de la estética frutiger-aero, películas como All About Lily Chou Chou (2001) vuelven a ser populares gracias a recomendaciones de TikTok, pero en vez de verse como algo novedoso, se mira mucho más nostálgico que en la década pasada.
No puedo hablar por las responsabilidades del poeta, porque creo que la única responsabilidad de un poeta es ser honesto. La honestidad es una fuerza que trasciende cualquier tratado literario. También me gustaría que los poetas no se tomaran tan en serio a sí mismos.
La voz poética de Corazón lleno de liquen está en constante conflicto amoroso. Se busca (en línea, sobre todo) a un amante fortuito que aparece y desaparece en ventanas de chat y e-mails. ¿Qué se aprende del amor a través de la poesía? ¿Qué aprendiste tú del amor luego de escribir este libro?
—VNA: Esta no es una pregunta fácil. Cuando pienso en el amor, no pienso exactamente en alegría o en extasis. Pienso, al contrario, en su ausencia. Pienso en Rilke, que decía algo como «deja que te pase: belleza y horror, ningún sentimiento es final.» La poesía me ha enseñado a navegar el amor, el duelo y la alegría como narrativas que me atraviesan, y que me hacen humano.
Luego de escribir este libro aprendí que no tengo el control de nada, que el corazón está ahí, esperando ser. Que lo único que puedo hacer es guardar registro de cada quiebre, de cada latido.

Además de escritor, eres el fundador del proyecto Perfil Poético, encargado, entre otras cosas, del primer y único concurso de poesía diversa en Venezuela. ¿Cómo surgió este proyecto? ¿Cuáles son tus aspiraciones con él a largo plazo?
—VNA: Desde hace muchos años tuve ese sueño de hacer un concurso de poesía queer en Venezuela. Creé Perfil Poético con la idea de hacer el contenido que quería ver en el mundo. A esta fecha ya llevamos dos ediciones en las que se han destacado 41 poemas de al menos 39 poetas diferentes, repartidos entre dos antologías. Me alegra mucho ver que en estos dos años la gente ha tenido muy buena recepción, y se han animado a escribir y a enviar sus textos. Me encanta conocer a estos autores, y saber que el concurso les ha ayudado a navegar conflictos y a hacer catarsis a través de la poesía.
Me encantaría en un futuro tener más recursos para invertir en educación e impartir cursos, crear clubs de lectura y hacer más actividades en general. También está la meta a mediano plazo de empezar a publicar plaquettes y construir ese nuevo canon de poesía queer en Venezuela. Es un trabajo entre todxs, estamos dejando referentes para la generación que viene.
¿Estás trabajando en otros proyectos de escritura?
—VNA: Sí. Corazón lleno de liquen aún no ha cerrado, próximamente saldrá un soundtrack con artistas venezolanes que se han inspirado en el libro para componer canciones originales. Es todo un side-project que viene acompañado de ilustraciones y pronto verá la luz. Doy la exclusiva de que algunos nombres incluyen a: Brigitte Olivares, Lienzos, Puertoazul, Mortus Stella, Lorena Orlando, Amaramagica, Nuwanliss, entre otres. Este proyecto me emociona muchísimo porque creo que será el primer poemario, incluso el primer libro venezolano con un Original Soundtrack.
Además de eso estoy escribiendo un segundo libro sin fecha de culminación, sin editorial, sin nada. Con suerte alguien leerá esto y me dará un book deal. Tiene como título provisional Aura/Cuerpo y hasta ahora representa una parte más sobria e introspectiva de mi registro.
Además de quienes mencionas en el libro (Ocean Vuong, Lydda Franco Farías, Paola Assad, Daniela Camacho, Emily Dickinson) ¿quiénes son tus principales referencias literarias?
—VNA: Martha Kornblith es una gran referencia para mí y está presente en el libro, específicamente en «Manroulette». También me inspiran mucho Hanni Ossott y Miyó Vestrini; Caneo Arguinzones y su libro Zoo: Anatomía de un insecto me acompañaron por mucho tiempo y ese libro es uno de mis más grandes tesoros.
Me inspiran cosas tan varias como el podcast de Mami Jordan, el iceberg de los juegos de Digimon y una noche hablando con amigas drag queens en el área de fumadores. También hay literatura ahí.
¿Cuál es tu relación con el mundo literario venezolano? ¿Cómo percibes el mundo de las instituciones culturales en el país?
—VNA: Si existe una cosa como el mundo literario venezolano, yo sería un alien. Para mí, el mayor problema es que hay demasiada gente reacia al cuestionamiento de cualquier tipo. A las instituciones no les importa lidiar con los problemas que se le cuestionan, sino mantener su imagen. Mientras no la vean amenazada, no harán nada al respecto.
Más allá de las instituciones, creo que hay una especie de autocensura de muchos creadores a la hora de tocar temas incómodos. Puede ser una cuestión de personalidades o de intereses pero, de cualquier manera, no comparto esa visión. No tengo miedo a que me perciban como problemático. Tengo miedo de que por quedarme callado, alguien más se vuelva una víctima del abuso de poder.
Corazón lleno de liquen es un libro que habla de la violencia sexual, del grooming y de las dinámicas de poder. Para mí es impensable que este libro se asocie con personas que no son capaces de actuar en contra de dichos problemas. Tampoco puedo asociarme con personas que, por ejemplo, se burlen del lenguaje inclusivo o de las personas queer en redes sociales. Si eso significa jamás presentar el libro en Venezuela, en un espacio tradicional de literatura, es algo que pienso afrontar, no me preocupa. No puedes quemar un puente por el que nunca te iban a dejar pasar.
¿Qué recomendación le darías a alguien que quiere publicar su primer libro?
—VNA: Ten mucha paciencia. Prepárate para ser ignorado o recibir muchos «no». Invierte dinero en tu libro. Las revisiones de estilo son esenciales. No tengas miedo en pedir ayuda, cada camino para un libro es único y pocas veces perfecto. La parte más fácil de publicar un libro es escribirlo y terminarlo.
Si tuvieras que escoger alguno, ¿cuál sería tu poema favorito?
—VNA: Entre tantos que podría elegir, creo que sería «Notebook fragments» de Ocean Vuong. (Vayan a googlearlo ustedes y me agradecen luego)
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+Leer:
Cuatro poemas de «Corazón lleno de liquen» (2024)
de Victor Noé Arandia (Venezuela)
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