De lo mecánico a lo digital: Una aproximación breve a la estética futurista, por Erickson Bautista Espejo (Venezuela)

Erickson Bautista Espejo (La Grita, 1992). Licenciado en Artes en la Universidad Central de Venezuela, institución de la que ha sido profesor de “Teorías del cine”. Fue publicado en 2016 y 2023 en las antologías del Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas, con mención honorífica gracias a la que recibió una beca para el Diplomado de Reflexión y Creación Poética. En 2018 escribió el prólogo para el libro Polonia en Venezuela: Historias de vida de Inés Muñoz Aguirre. En 2020 resultó finalista del “17mo Crea Sevilla Joven” con su cortometraje “Mi papá es Willy”. Ha trabajado como librero en Caracas, Sevilla y Pamplona, iniciándose en el oficio en Librería Lugar Común. Actualmente trabaja como impresor en offset en una empresa de artes gráficas.

*

De lo mecánico a lo digital: Una aproximación breve a la estética futurista

Lo mecánico carece de vida
Rafael Cadenas

Las máquinas no están abiertas al diálogo. Los sonidos que emiten anuncian ciclos y cilindradas, son la evidencia de un funcionamiento. Una variación en la secuencia sonora puede indicar algún problema, un mal ajuste. Tuercas y arandelas flojas, necesidad de engrase, fugas de aire… pero nunca una palabra. Se aprende a escucharlas y a identificar la variación para llegar al correcto ajuste, a leer sus signos, pero sin diálogo posible.

Exploraremos una hipótesis que no pretendemos agotar. Creemos que ha sucedido un cambio de paradigma de lo mecánico a lo digital-virtual, y que ello tiene severas implicaciones para la cultura, la estética, y el tema que nos servirá de guía, la poesía misma. Quizá el primer movimiento en prestarle atención a la máquina, como agente transformador de la cultura, fue el futurismo italiano, de mano del intelectual Filippo Marinetti.

En uno de sus textos el autor asevera: “¡Oh, cuánto envidio a los que nazcan de aquí a cien años en mi hermosa península, completamente vivificada, sacudida y refrenada por las nuevas fuerzas eléctricas!”[1]. A más de cien años el panorama cultural y vivencial ha cambiado radicalmente. Si bien hoy las sentencias de Marinetti pueden sonar altisonantes y pueriles en su ímpetu de escandalizar, creemos que, como indica Aguirre, “[el futurismo] dio su origen en otros ámbitos a varios importantes desarrollos en los que no siempre se le reconoció una paternidad más que evidente”[2].

Encontramos una relación bidireccional entre tecnología y pensamiento. Se piensa lo posible y lo hecho se inmiscuye en nuestras maneras de relacionarnos con el mundo. Ello forma parte de la tesis medial, según la cual las tecnologías nos cambian las maneras de pensar el mundo. También aprendemos a pensar en tecnologías. Hay una retroalimentación innegable en la historia de la cultura. En el ámbito de la poesía, por ejemplo, es consabida la influencia que la prensa impresa tuvo en la escritura de un Mallarmé o un Marinetti. Solo a partir de los tipos móviles impresos sobre la página fue posible ver el espacio de acción de la página, ya no como mero soporte de lo decible, sino la potencia de lo decible mismo. Se logra incorporar la blancura al significado, cargar el cómo de sentidos.

En dicho orden de ideas, uno de los postulados principales de los futuristas, con respecto al hacer poético, giraba en torno a las “palabras en libertad”, como posibilidad alterna de la organización del texto en la página, atacando directamente la noción de literatura que corresponde a la tradición latina. Variaciones en la sintaxis y el sentido, recurriendo al uso de la tipografía como rasgo expresivo con una visualidad evidente, y de onomatopeyas como elemento funcional, diciente de los ruidos y sensaciones inaprensibles en el lenguaje.

En los múltiples manifiestos se insistía en una desarticulación del lenguaje escrito a partir de la experimentación en la redacción. Las palabras en libertad buscaban decir los ruidos no dialógicos de las máquinas, fascinación de los intelectuales de la época. Todo esto demarcando una diferenciación con respecto a la noción clásica y moderna de literatura. Una necesaria ruptura, aunque mayormente pretendida, con la tradición de la intelectualidad occidental. Todo esto referenciado en el régimen analógico de lo mecánico, que era la novedad para principios del siglo pasado.

Recomendamos la lectura del “Manifiesto técnico de la literatura futurista” para profundizar en esta discusión y rastrear las implicaciones específicas con respecto a los aspectos formales y de redacción en Marinetti. Sin embargo, quisiéramos enfatizar algunos aspectos que calaron profundamente en la tradición literaria del s. XX. Por un lado, una ampliación en los nexos posibles en las analogías y metáforas, una expansión intencionada de las categorías de imágenes funcionales en el registro de la poesía, la búsqueda de la anulación del yo como lugar de enunciación de la poesía y la literatura en general. Estos postulados, y en general los planteamientos de los múltiples manifiestos futuristas, perseguían dos máximas, una ya enunciada, las parole in libertá, y otra que funge como suplemento de la anterior, “la imaginación sin hilos”. Creemos que, si bien el programa futurista era irrealizable a nivel formal y no logró ser acatado al pie de la letra ni siquiera por sus militantes, latían en sus manifiestos ciertos aspectos que iban a caracterizar el devenir de la literatura a posteriori.

En cuestiones de diseño gráfico, por ejemplo, las diagramaciones propuestas y el uso de materiales diversos como el metal, produjeron serios artefactos culturales que reformularon la noción técnica de libro[3] y de poesía. Estas experimentaciones con tendencia a la plasticidad fueron abandonadas muy pronto en el género poético, que prefirió ajustarse a los márgenes de la página, aunque manteniendo cierta libertad gráfica para la distribución de las palabras en lo blanco del texto. Para el público especializado puede ser incluso mal vistas y retrógradas este tipo de experimentaciones, que se han mantenido más en el ámbito de lo plástico y el diseño que de lo literario.

Algunas veces se formulan postulados que tan solo logran manifestarse a cabalidad en tecnologías futuras. Lo decible se hace hecho a posteriori. Son proposiciones para las cuales las tecnologías de la época resultaban incapaces, pero que eran potencia en el imaginario —una vez planteadas— esperando la realización. En este orden de ideas encontramos, por ejemplo, el quinetoscopio de Edison, ese aparato que, más que orientarse a la idea del cinematógrafo, de los Lumière, producía una expectación individualizada del fenómeno audiovisual. En el quinetoscopio yace la idea del dispositivo móvil. Pero este es tema para otro texto que aún se nos escapa. En los postulados de Marinetti se escondía la noción de pantalla, con las implicaciones que tiene para el diseño y la literatura contemporánea. En el libro digital la palabra está hecha pixeles eléctricos abiertos a la diagramación, a la configuración de los vectores de los caracteres para propiciar una expresividad que signifique.

A más de cien años después nos encontramos con una realidad mediatizada por lo digital, desde la burocracia, pasando por el divertimento, hasta la comunicación. La preservación, transmisión y deformación de la información ocurre principalmente en términos digitales. Según la RAE, digital, en la acepción que nos interesa, significa: “Dicho de un dispositivo o sistema: Que crea, presenta, transporta o almacena información mediante la combinación de bits.”[4] Lidiamos, entonces, con un medio que ha separado soporte de materialidad, para avocarse a una virtualidad, como aquello que “…está ubicado o tiene lugar en línea, generalmente a través de internet”[5].

¿Estamos viviendo el sueño de Marinetti? Si bien las tecnologías han alcanzado lo que pareciera un punto de no retorno, no creemos que estemos contemplando la cúspide ni el declive de nada. Se ha tratado de un proceso gradual y programático, donde los nuevos medios se han encajado con las viejas fórmulas. Sin embargo, y esto es lo particular de nuestro contexto, nos encontramos con el ascenso del usuario sobre la imagen del espectador, que es otra transición conceptual que merece una indagación teórica a profundidad, entendiendo al usuario como un consumidor-productor activo dentro de la dinámica de la industria cultural de los contenidos digitales.

Otro de los postulados futuristas podría relacionarse con este ascenso de la noción de usuario, se trata de la anunciación del “hombre multiplicado”. Esto lo podemos explorar en dos textos principalmente. “El hombre multiplicado y el reinado de la Máquina” y “Lo que nos separa de Nietzsche”.  En principio se planteaba una reorganización de los criterios estéticos, para alejarlos de los cánones decimonónicos y centrarse en los elementos funcionales de la maquinaria endiosada hasta servir como paradigma de lo bello. En la actualidad no es extraño extender juicios estéticos a elementos tecnológicos, e incluso a aspectos puramente económicos.

“Nosotros oponemos a este Superhombre griego, nacido en el polvo de las bibliotecas, el Hombre multiplicado (…) discípulo de la Máquina, cultivador encarnizado de su voluntad (…) Los hijos de la generación actual, que viven entre el cosmopolitismo, la marea sindicalista y el vuelo de los aviadores, son el germen del hombre multiplicado que preparamos.”[6]

Dicha oda al adanismo se corresponde con la experiencia del usuario en el régimen de lo digital, para el cual el fin de la producción de contenidos es el alcance y diseminación que tenga la información, y ello será proporcional a la cantidad de interacciones que tenga dicho contenido entre los demás usuarios; más allá del aporte real o de la originalidad de la información transmitida. Estas son cuestiones sobre las que no pretendemos llegar a conclusiones, ni siquiera preliminares, sino tan solo abrirnos a la interrogación. ¿Qué función tiene la poesía como género en el panorama de la cultura contemporánea? ¿Esta dinámica del usuario transforma el fenómeno poético, en tanto a la inédita posibilidad de enunciación? ¿Qué entendemos como poesía en este contexto?

Al principio del texto hemos asentado la incapacidad de diálogo de las máquinas, de lo mecánico. En lo digital, en cambio, comenzamos a experimentar como usuarios los primeros diálogos con lo virtual. La presencia y accesibilidad de las Inteligencias Artificiales representa un paradigma completamente nuevo para la estética, y cuyas consecuencias podremos ver poco a poco. El hecho de que la máquina digital pueda responder a un estímulo, pueda reorganizar sus tareas y aproximarse cada vez más a la autoreflexividad (esa temida singularidad), es un asunto determinante para la historia de la cultura.

Somos incapaces de determinar las implicaciones que esto tendrá en la poesía y la historia. Es un vicio ridículo intentar predecir los cambios históricos. Sin embargo, quisiéramos tener en consideración una de las primeras experiencias entre procesadores de información y literatura. J.M. Coetzee, antes de dedicarse por completo a la literatura, trabajaba como programador para IBM. En la década de los años sesenta fue invitado a participar en la programación de la súper-computadora Atlas 2, la cual era utilizada para realizar cálculos militares. Coetzee preparó un programa para insertar un corpus de oraciones al ordenador, una serie de parámetros sintácticas y un algoritmo de ordenación de palabras, y con ello producir lo que quizá fueron los primeros textos literarios producidos en colaboración entre una persona e incipientes inteligencias artificiales. Resulta irónico, volviendo a Marinetti y su obsesión bélica, que el mismo artefacto que podría haber generado la tercera guerra mundial, diera pie a las primeras colaboraciones persona-máquina.

Esta anécdota representa el final de “Juventud”[7], la segunda parte de la autobiografía novelada del autor sudafricano. Estos textos producidos con la máquina forman parte del corpus de investigación de la doctora Rebecca Roach, e inauguran una línea de investigación que está formándose, planteando interrogantes como:

“How do you read code? What is the “text” of a program—the machine code, the high-level programming, or the output it generates? How do you preserve an electronic file and how should the scholar access it? As more and more writers produce born-digital archives, these questions will only become more urgent, for archivists and for literary scholars.”[8]

Antes de concluir este texto que queda descaradamente abierto, quisiéramos tomar en consideración algunos aspectos fundamentales del hacer poético, inherentes exclusivamente al ámbito de lo biológico: sensibilidad, intuición y atención. Estos tres aspectos son fundamentales en la dinámica de producción y recepción de la poesía. Han estado presentes en toda producción literaria desde la “Epopeya de Gilgamesh” hasta nuestros días, y continúan siendo las principales condiciones a través de las que nos aproximamos a la cultura. Al menos hasta ahora estas cuestiones, así como el humor, pertenecen exclusivamente al ámbito en el que estamos circunscritos, el de lo vivo. En este sentido encontramos en toda producción poética y artística un baluarte que continúa asombrándonos y donde lo humano prevalece, bien sea como artífice, espectador o usuario; más allá de los soportes y medios, o de los límites propuestos por los paradigmas estéticos de tiempos pretéritos y venideros. La poesía nos acompaña(rá) y está viva en la lectura.

[1]Marinetti, Filipo. “Manifiestos y textos futuristas”. Barcelona: Ediciones del Costal. p. 110. (1978) (Trad. G. Gómez, N. Hernández, Cari Sanz)

[2] Aguirre, Raúl Gustavo. “La poética del futurismo”. Consultado en: https://poesia.uc.edu.ve/la-poetica-del-futurismo/ (2024/03/30)

[3] Luchetta, Eugenia. Consultado en: https://www.pixartprinting.es/blog/futurismo-libros-objeto/ (2024/03/30)

[4] Diccionario de la Real Academia Española. Consultado en: https://dle.rae.es/digital

[5] Diccionario de la Real Academia Española. Consultado en: https://dle.rae.es/virtual

[6] Marinetti, Filipo. Ob. Cit., pp. 92.

[7] Coetzee, J.M. “Juventud”. Barcelona: Debolsillo. (2004) (Trad. C. Rodríguez Juiz)

[8] Roach, Rebecca. Consultado en: https://sites.utexas.edu/ransomcentermagazine/2017/06/28/the-computer-poetry-of-j-m-coetzees-early-programming-career/ (2024/03/30)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *