Cinco poemas de Christian Encarnación (República Dominicana)

Christian Encarnación (República Dominicana, 1997). Poeta y fotógrafo autodidacta. Publicó Ausencia del vacío (2022, Premio de Poesía Joven Zacarías Espinal de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo 2021), Todas las madres nos condenan a muerte (2024, Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas 2023) y Mañana no nos acordaremos de nosotros (2025, Huerga y Fierro Editores), así como la plaqueta Donde ya no somos (2025, Proyecto Editorial La Chifurnia, Honduras). Es ganador del Premio Anual de Literatura Joven 2025 en la categoría de poesía, con la obra Era una soledad más antigua que el sol (próximo a publicarse). Ha sido incluido en la antología El arca: poesía dominicana del siglo XXI (2025, Elefanta Editorial, México). Su obra ha sido parcialmente traducida al francés por el poeta Miguel Ángel Real. Fue finalista del V Premio Internacional de Poesía Joven José Antonio Santano.

Entre calles vacías y estos momentos que ya no son míos se alzaba un signo

Quién diría que a través de dos ceros podría verse el infinito
la ciudad se abre sobre nosotros igual que un cosmos
qué placer inmenso este de andar contigo
por las calles vacías de Santo Domingo
a esta hora donde solo nos acompaña la luna tímida
y las bombillas en hileras proyectan una luz que se inclina
como haciendo reverencia a nuestro paso
con tu sola presencia verdeas el desierto
en que pronto se convertirá todo lo que intentaré recrear
a través de símbolos torpes
una vez regreses a tu tierra
tendré que volver a mirar el paisaje negro
repleto de gárgolas
otra vez será sacudida por el mar violento
la imagen del paraíso difuminado.

Nunca se pierde tanto como cuando se despierta

Mi madre se lamenta porque ha perdido mil pesos
mientras yo escribo un poema
que no es este
y pienso en el último poema de Enrique Lihn
que perdí en un sueño
si supieras
madre
el despertar es la gran pérdida.

No puedo agradecer al despertar si

En Bagdad una explosión inaugura el día
es una mañana de corriente roja
el viento trae la herrumbre
Hassan el niño que jugaba fútbol en la plaza
no será más que una cifra
publicada en periódicos occidentales.
Mañana no nos acordaremos de nosotros.

El espejo del mundo es un río congelado y

Uno mira allá afuera y no quiere salir
a tropezarse con los glaciares
con los fragmentos de seres que persiguen
                                          flores envenenadas
ha sido difícil levantarse hoy
el sueño supera al hombre
como a veces también lo hace su sombra
no sé qué sostengan estas palabras
quizás alguna búsqueda de salvación
algún rayo que rompa la coraza en la que yazgo.

En una habitación azulada con olor a látex

No hay nacimiento sin ruptura
la ruina engendra
se pasó de la oscuridad uterina
a una luz estéril y sofocante
mi casa era una bombilla que luchaba por no apagarse
como si la tiniebla y la luz fueran
grillos chocando contra un cristal
unas manos desconocidas me sostenían
somos concebidos bajo la ceguera
ver era algo nuevo
una voz dijo que era un niño
y me alzó
desde entonces temo a las alturas
—ese anticipo de la caída—

no entendía las palabras
que luego tanto usaría
de momento el único lenguaje conocido
                                                  era el llanto.