Rafael Volta (Querétaro, 1977). Autor de Principia Mathe-Machina (2018); The Q Horses (2018); Neowise, confinamiento y virus. 20 poemas para Instagram Stories (2020); Museo de una ciudad barroca (2023) y El Libro de los Outsiders (2024). Premio Nacional de Poesía Festival Internacional de Escritores de San Miguel de Allende 2020 y Becario del PECDA Querétaro 2023 en el área de Literatura-Creadores Con Trayectoria. Actualmente funge como gestor cultural de la sala de lectura Edgar Allan Poe, especializada en poesía, ciencia ficción y terror. Organiza noches de Poesía Open Mic y de Crítica Literaria. Sus libros se pueden descargar en rafaelvolta.hotglue.me
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1 >_REPLICANTES
Pasa el replicante pedaleando el sintetizador de la lluvia. Mi máquina empieza a escribir sola y los tejados tartamudean telegrafía. Alargamos arpas. Dedos de miradas. La luz pasa de incógnito, y, el cuarto de control no permite alzarle el velo. Nuestras manos contra la ventana chorrean sangre. El crimen fue romper las trompetas de nuestros trajes espaciales; el mío lo mereció: quería tocar marchas fúnebres y ya sabes que en esta nave no se disimulan desórdenes. Pero la tuya, era sólo un traje de estornudos.
Al espacio profundo le gritaremos que el buen xenomorfo por su boca dentada empieza el aseo, que coja esa espuma y que se seque los ojos. Está encerrado, llora y llora, reina cacariza, en el ducto al revés del pozo.
Esos astronautas están enamorados de la noche; abren su escafandra para llevar consigo, un trozo de cielo nocturno.
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2 >_TENIENTE RIPLEY
El miedo de enfrentarlo completamente sola en el vacío del universo como se enfrenta la crianza de una madre soltera en el vacío de la justicia, como se enfrenta la desaparición de una hija en medio de la carretera, como se enfrenta el acoso sexual en mientras voy al trabajo en el transporte público.
No hay quien pueda ayudarme dentro de la nave. No hay tampoco quién quiera hacerlo.
Todas mis hermanas han sido devoradas.
Soy la única que ha podido derrotarlo en la oscuridad.
Hay un cuerpo no deseado dentro de mi cuerpo.
El monstruo y yo.
Yo y el monstruo.
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3 >_THX-1138
El amor está prohibido dentro del laberinto. Nuestro único alimento es un coctel de pastillas y sedantes. Todo es blanco, neutro, plano, muerto, aséptico. La tierra baldía está bajo la superficie, sepultada, bajo multicapas de concreto. No hay luz del sol. No hay noche, amanecer o mediodía. Nuestra piel es casi transparente. Estamos vigilados permanentemente. Sueño con ver el atardecer junto a Luh, como tú sueñas con ver a la Vía Láctea escondida entre el cielo contaminado de ciudad. Y ahí entre tanta luz debe de estar escondida la belleza. Y ahí entre tanta luz y oscuridad debe de estar escondida la belleza.
Ningún elemento de esta escena traerá consecuencias en sus peripecias, diálogos y trenes dinámicos de pensamiento. Porque ocurre en un futuro que se ha vuelto presente. Las superestructuras nos gobiernan. Nunca vi una. Siempre habían permanecido ocultas, subterráneas. Hasta que viajé a CDMX. La ciudad hundida donde hay torres llenas de cables, de alta tensión iridiscente. Envueltas en una sombra eléctrica forman la máquina inmóvil. Reverberancia sucia del acero. Ciudad de lluvias africanas llena de bots que hacen sufrir mi primer pérdida.
THX-1138 nunca podrás contemplar el atardecer junto a Luh.
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4 >_RACHEL TO DECKARD
¿Alguna vez has matado a una persona creyendo que era un androide?
¿Alguna vez has soñado con tener una familia?
¿Alguna vez has pensado en renunciar a tu trabajo?
¿Alguna vez recuerdas lo que soñaste?
¿Alguna vez te gustaría volver a ser un niño?
¿Alguna vez te gustaría tener una hija?
¿Alguna vez te has sentido humano?
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5 >_ROY BATTY [NEXUS-6]
Hay que distender todas las ligaduras sensitivas. Hay que arrancarse el cerebro y lanzarlo al espacio. Hay que arrancarse el corazón y echarlo a rodar bajo los túneles interazules. Hay que desplegar al viento los buceadores aleteos de las naves auditivas. Sólo así se podrá vislumbrar el bólido errante de nuestro pensamiento. El gemialarido que canta detrás del horizonte. [1]
He visto cosas que ustedes nunca podrían imaginar. Naves de combate, brillantes como el magnesio, incendiadas en la constelación de Orión. Estrellas de mil colores explotando en el espacio profundo. Rayos-Gamma resplandeciendo en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Las personas envejecían, en segundos, mientras viajaba casi tan rápido como la luz. Mi fuerza y mi piel seguían siendo las mismas. En las colonias interplanetarias millones de formas de vida morían en un instante. Sus entrañas saturadas de virus aún desconocidos.
He escuchado ecos más allá del alcance de las Voyager. Sonidos que a ustedes los harían enloquecer. Las altas frecuencias de Sagittarius A*. El quejido grave y profundo de billones de cuerpos celestes arrastrados por la Vía Láctea. El efecto Doppler de cometas estrellándose en mundos llenos de gases tóxicos. El estruendo mudo de tormentas de arena rasguñando extrañas atmósferas. Odumodneurtse!
He sentido fuerzas que ustedes jamás soportarían: la gravedad de Andrómeda chocando contra la galaxia. La aceleración de mi cápsula a punto de ser tragada por un agujero invisible y negro. La fuerza centrífuga antes de aterrizar sobre un asteroide.
He bebido sustancias que a ustedes los haría alucinar hasta la locura y convertirse en adictos a la tristeza y a la muerte. Savia de plantas venenosas con esporas flotantes que cierran la garganta. El té de las hojas de árboles tan antiguos como el Sol les dejaría ciegos para siempre.
He aspirado la putrefacción de la materia orgánica e inorgánica. Gases que desintegrarían la conexión de sus neuronas. Aromas que evaporan la retina y harían de sus pulmones sacos de cenizas.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo.
Y es bueno que así sea.
Es tiempo de morir.
Aes ísa.
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[1] Manuel Maples Arce
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