Sara Olivas (Valencia, 1993). Periodista, gestora cultural, educadora artística, agente de igualdad y poeta. Ha participado y gestionado eventos poéticos en València como Versillos a la Mar, Versat i Fet, De andar por casa y A pies de página. Ganadora del Certamen de Relatos Beatriu Civera del Ayuntamiento de València (2020), de la Segunda Edición del Certamen de Videopoemas Poemágenes (2019), galardonada por el mejor texto teatral con el monólogo Una mujer que no soy yo en el certamen Quítate la máscara de la Universitat de València. Las manos es su primer poemario publicado por la editorial Valparaíso Ediciones (2021) y Machete al forajido es su última obra literaria, un wéstern feminista editado por Proyecto Estefanía. Desde 2023 imparte talleres de escritura creativa y poética y coordina clubes de lectura. Ganadora del XIX premio de poesía de la Universidad de Valencia por La perra de esta casa que le sirvió para empezar y encaminar el libro que acaba de publicar en Valparaíso Ediciones.
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La primera comunión
Como una niña delante de un tazón de leche
que remueve el sueño pasado y las legañas
pegadas al instante. Instante en el que
mamá me avisa de que la cámara
está grabando y he de sonreír.
Como una niña que camina
con el vestido blanco y
los zapatitos blancos
por el pasillo eterno
y sagrado
para convertirse
en lo que más teme:
Niña crecida;
Mujer sin infancia.
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El destino de mi madre
Mi madre dejó la escuela antes de cumplir
los diez años. Mientras sus hermanos continuaban
el legado familiar de ser alguien,
ella perdió amigas, futuro y voz.
Perdió la oportunidad de trabajar
el lenguaje y unir con vocales
la importancia de un silencio.
Aprendió la utilidad del amoníaco y la lejía
antes de dar
su primer beso.
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El olor de mi madre
El olor de mi madre
es una mezcla de sudor
y lejía. Le costaba mantener
el babi limpio tras doce horas
trabajando. Le costaba comprar
otro nuevo, tanto como levantarme
cada mañana para llevarme
al colegio.
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El olor de la lengua de mi madre
Me pregunto a qué huele la lengua
de mi madre. A tierra seca, a molinos sin viento
o a campos de trigo verde. Si ese olor
se graba en la memoria del cuerpo
y sus células. Si ese olor
con el tiempo huele
a agua.
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Las manos de mi madre
Si cierro los ojos,
veo las manos de mi madre.
Manos envueltas de una fragancia:
lejía y jabón. Arrugadas de meterlas
dentro de un agua manchada
de recuerdos. Manos que nunca dejaron
de trabajar la casa. De trabajar
para todas, de trabajar para mí,
menos para ella.
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