Cuatro poemas de Brian Durán-Fuentes (México)

Brian Durán-Fuentes nació en la Ciudad de México en 1990. Tiene una licenciatura en Inglés, Español y Traducción-Interpretación de la Universidad de Texas en Arlington y una maestría en Escritura Creativa de la Universidad de Salamanca. Su primer poemario editado en México, Gracias por su compra en Supermercado Secgens saldrá pronto a la venta gracias a Editorial Fondo del Mar. Es intérprete médico en un hospital pediátrico. Ha aparecido en revistas como Oyez Review, Alborismos, Hipérbole Frontera, Irradiación y Voicemail Poems. Comparte memes en Instagram: brain3dx.

La muerte de MTV: Mega mes del apocalipso

No llegarían por mí de madrugada
aquellos amigos de mi vida diurna
al funeral del canal de los videos,
tele que mata a la estrella del radio,
la red que mata a la estrella de la tele.

Un grupo de desempleados
ha formado una agencia
que documenta la ausencia
de estrellas en los recuerdos,
devoradas por los entes
que mastican ceibas sacras.

No llegarían por mí de madrugada
para rememorarme las diligencias,
márgenes rectos, pulcros en tinta roja,
cabello a la altura de las orejas,
uñas recortadas con sabor a menta.

El grupo de desempleados
formó la Agencia Nostalgia
para especular sobre
la muerte de los canales
de videos musicales.

Descanse en paz la ruleta de metrajes,
los centros comerciales y las disqueras,
animaciones de las patologías,
pasos de baile en pisos desplazables,
breve teatro tras la publicidad,
los sueños en estéreo que flotaban.

La agencia de desempleados
observa la entropía,
las caníbales galaxias,
la tormenta en Saturno,
temporal hexagonal.

Ahí conocí un médico cardiólogo
que no conocía de tiempos verbales,
según él, siglos se intercomunican
en el soplo del lobo recién nacido.

La agencia de desempleados
observa la entropía,
fin de la tele por cable,
los estudios de mercado,
plataformas digitales,
muerte del disco compacto.

[Márgenes rectos y pulcros
nos pedían los maestros,
la capa de ozono
que conservara el orden.

Hoy las aulas reverberan
en todos nuestros apocalipsis,
ancianos sin ser maestros,
Inicio. Configuración. Márgenes. Estándar.]

Descansen en paz los interludios ebrios,
grafiti de perro muerto en colmillos,
estoperoles que brotan de oídos,
la estática rezagada del génesis.

La agencia de desempleados
observa la entropía,
los modelos de lenguaje,
sesgos de confirmación,
posverdad bajo la leche.

El cardiólogo creía en los lobos
gigantes resucitados por la ciencia;
mi gerente dejó caer un plato
de nachos con jalapeños y tocino
convertido en lápices de colores
justo al momento de caer al suelo.

La agencia de desempleados
decreta fin de reunión
en una esquina fría
de la tienda de sombreros.

Descanse en paz la videocasetera
que grabara en un cartucho perdido
la transmisión de las luces y sonido
que me amparaban del fin de la noche.

Necrobia violácea

Soy manada grotesca de reses en el desierto,
parvada sin vuelo, huevos que no eclosionaron,
campos de cebada y lúpulo sin rito o beso,
el agua que fue río en mí y ya no será.

No me queda la palabra infancia,
aquel silencio se fugó del vaso,
anfisbena de sangre sobre hojas,
sed que violenta la lluvia.

Ya no me gusta la palabra patria,
son las ruinas en la niebla,

solamente respondo
al canto de búhos.

La palabra dioses
son los dientes rotos

que perdí en sueños
del negro mar.

Temporada,
palabra
reseca
en libros
de cal.

Seré plástica capa geológica de la tierra,
jacarandas adelantadas a la primavera,
seré los escarabajos plateados comehuesos,
el agua que fue río en mí y ya no será.

Matinámbulos

Un día cualquiera de estos
                        de meses tan tardíos en el año
                        en los que bostezan las madrugadas
cuando me venza el tiempo
                        en otro juego de puntualidad
                        que es sólo el ensayo de la guerra
                        que toda carne habrá de perder
y el tráfico me detenga
                        en mi nave propulsada por fuego
junto a la autopista,
                        congestionada de naves iguales
                        como embriones que no logran ser
no llegaré al trabajo.
                        Germinarán sillas de oficina
                        con las flores rojas de mi ausencia
Me quedaré en el diner
enfrente de los hoteles

                        viendo mi sombra vagar por las calles
de la zona industrial.

Eccojam de Dyson

Quiero cinco minutos más para mi sueño,
herido por la alarma que rompe tormentas.
Quiero nadar un poco más en la memoria
de mi cuerpo prístino entre la maleza,
tortuga de tierra a los pies de las ceibas.

Cinco minutos más para mi amor,
imposible, que tomé prestado un martes
del desván de utilería de teatro,
alas en llamas, hubris de Orfeo,
fin con monólogo implacable.

Quiero cinco minutos más de vida,
un disco más que gire en la promesa
de notas suspendidas en el tiempo,
saber que don Quijote nunca muere
si la página del libro no cambia.

Yo quiero cinco minutos
para mi raza al borde
del final de las estrellas,
muerte térmica del cosmos,
inteligencia eterna
sobre cero absoluto.
Cinco minutos
hechos trillones,
para pensar
y componer
canciones suaves
como tormentas.