María Ámbar Orozco (Guadalajara, 2000). Egresada de la licenciatura en Escritura Creativa por la Universidad de Guadalajara. Ha publicado en medios como Casapaís, San Diego Poetry Annual, Luvina y Triada Primate, entre otros; fue participante del III Encuentro Internacional de Poesía en Xochimilco (2023). Actualmente, trabaja en la redacción de un periódico local.
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I. Duala
Una mujer en Duala mira el lente de la cámara,
habla de su hijo como algo fuera de lo bendito.
—Desde que lo traje al mundo está mal.
En su semblante, alguna vez el cansancio de la mía.
—Una madre no puede rechazar al fruto de su vientre.
En lo nacido,
no siempre se enhebra
amor.
Hay en entre mamíferos cierto hábito violento —si lo pensamos desde esta distancia, humana, quizá sea cruel—. Devorar al cachorro enfermo. Es preciso no horrorizarse; hallar una ternura; ver la sola supervivencia.
Mamá,
los cuerpos desposeídos
húmedos
aún se extirpan de la placenta.
Una vez en el mundo. Alguien dirá una palabra semejante a un monstruo, un deterioro, un capricho, una bendición, un mal de ojo, un ángel [enfermo] de dios. Sustantivo casi sacro. Escribirlo en minúsculas, como Sontag, para no atribuirle el acto divino.
—Me dicen que mi hijo es la encarnación del diablo.
Mamá,
una madre, contempla a su hijo
y este, en su silencio,
entiende la tormenta.
“Yo nací un día que Dios estuvo enfermo”, escribió Vallejo en otro lugar y otro tiempo. En el principio de toda enfermedad, los cuerpos aprenden a existir desde el artificio. Un pie engarrotado tiene de enderezarse desde cero; estirarse a través de clavos; romperse en línea recta; adherirse al yeso y después a una férula. Adaptarse según la condición de vida.
Mamá,
los animales ovíparos
besan la cáscara de sus huevos
para saber si la cría evitará
su destrucción.
¿Estas madres, besaron su vientre para adivinar la enfermedad?
Mira, estos huevos tibios
demasiado frágiles,
estos animales devorándose
en lo que, elegimos creer, es un gesto de amor.
Abandonar un cuerpo prendido en llamas,
¿también lo es?
Mamá,
en cualquier rincón
estos cuerpos
algún día volverán a la tierra.
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II. Terminal (es)
Mi tía enferma
llena agua en su cuerpo
(el agua ahoga todo espacio habitable)
la finitud del cuerpo es una pecera
(ningún cristal soporta un río desbordado)
mi tía ha dicho no
prefiere contener ese río
exudar el agua por la planta del pie
mojar los azulejos de su casa
y ahogarse
porque una diálisis
es otra forma de sucumbir.
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III.
Dejo caer
las cosas al suelo
para no volver a recogerlas.
Me gusta ver a las personas doblar sus espaldas
para devolver lo caído.
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IV.
No sé, Quetzal
lo que depara a este mundo
una vorágine,
puede ser.
Quisiera llevarte
junto a los niños de cada continente
a una cueva luminosa
detener las violencias,
pero hay cosas que permanecen
en lo hipotético.
Todos los días
un nuevo tipo de hambre
una fotografía mortuoria
un suceso horrible y,
en medio de la catástrofe
un pájaro sobrevolando el cielo.
Quetzal, tendrás una vida hermosa
en donde habitar un mundo propio.
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