El juego y el armario, por Angelo Chacón Sequeira (Costa Rica)

Angelo Chacón Sequeira (San José, Costa Rica, 2006) es profesor en formación de Literatura y Castellano en la Universidad de Costa Rica. Ha publicado en Santa Rabia Poetry, Mal de ojo, Perpetuo y Montaje, donde también ha traducido poesía de H. P. Lovecraft. Su obra, marcada por la muerte, la metafísica y la tradición clásica, explora los abismos de la conciencia, el desasosiego existencial y lo fantástico desde un imaginario oscuro, solemne y profundamente simbólico.

El juego y el armario

La verdadera desgracia —el colmo de la calamidad— es personal y no general. […]
Ser enterrado vivo es, indiscutiblemente, la más terrorífica de las agonías
que puede sufrir el hombre por el hecho de ser mortal.

El enterramiento prematuro
Edgar Allan Poe

 

Yo quiero mucho a mamá. Me gusta su perfume y su pelo lacio. Tiene ojos grandes, verdes y bonitos, aunque se ve enferma. Yo quiero mucho a mamá.

            También quiero mucho a mi hermanito.

            Mi hermanito ya camina.

            Me gusta jugar a las escondidas, pero mamá ya no tiene tiempo. Ahora juego con mi hermanito. Papá ya no vive con nosotros.

            Vivíamos en una casa grande, muy grande, con muchas luces y un patio muy lindo, con muchas plantas de colores. Papá era gruñón y se enojaba mucho. Su pelo era muy negro, y sus brazos eran muy grandes. Papá siempre llegaba en las noches muy molesto.

            Un día papá gritó y tiró la mesa. Mamá me abrazó y dijo juguemos a las escondidas, escóndete de papá con tu hermanito. Y yo corrí a mi cuarto con mi hermanito. Era un cuarto grande y blanco, y tenía muchas muñecas y una mesita celeste. Entonces mamá gritó y escuché un ¡boom! y platos que se cayeron, y la voz gruñona de papá por toda la casa diciendo cosas que mamá me dijo que yo no debía decir. Mi hermanito y yo jugábamos con los juguetes. Entonces mamá gritó hija dónde estás, ven aquí, se terminó el juego; y abrió la puerta, nos cubrió en cobijas y salimos de la casa y subimos al auto. Era de noche y mi hermanito se durmió.

            Yo le dije a mamá: mamá a dónde vamos, yo quería seguir jugando. Y ella dijo: luego volveremos por tus juguetes. Pero mamá estaba asustada y sus brazos tenían manchas oscuras y su pelo no se veía tan bonito como siempre.

            Después de eso llegamos a esta casa. No es tan grande como la casa en que vivíamos; está hecha de tablones y el viento pasa por unos grandes agujeros y me da mucho frío. Los tres dormimos en la misma cama, y ya no hay juguetes. La cama tiene sábanas blancas pero es pequeña. Mamá siempre sale en las noches y me deja con mi hermanito. Mamá regresa en las mañanas muy cansada y seria. Ella trabaja, pero es muy raro. Le pregunté en qué trabajaba y me dijo que en cosas importantes.

            Ayer mamá nos llevó al parque y dijo: ve a jugar con los otros niños. Y yo le dije: no, quiero estar contigo, mamá, me gusta tu pelo y tus abrazos; te ves muy triste mamá. Entonces llegó un hombre muy delgado con sombrero, y mamá dijo: ve a jugar con los otros niños y lleva a tu hermanito o mamá se va a enojar porque su hija no hace caso. Entonces fui con mi hermanito a jugar con los otros niños para que mamá no se enojara y no estuviera tan triste. El hombre habló con mamá y se le acercó mucho al oído, como lo hacía papá, y le dio un papel. Y escuché que mamá dijo: esta noche.

            Estábamos en casa y era de noche y hacía frío. Mamá ya se iba pero alguien tocó la puerta. Mamá se asomó por la ventana y se asustó mucho. Y afuera escuché una voz gruñona que me traía recuerdos de no sé qué. Entonces mamá dijo: vamos a jugar a las escondidas de nuevo, y tienes que hacer silencio tú y tu hermanito, o vamos a perder el juego. Mamá me escondió con mi hermanito en el armario, uno muy torcido y con huecos. Mamá cerró el armario y dijo no los pueden descubrir, y la puerta de la casa se abrió de un golpe. ¡Pum!, sonó.

            Papá entró y estaba muy enojado, y le dijo a mamá perdóname. Y hablaron como gritando cosas que no entendí un largo rato. Papá saltó detrás de mamá y pensé mis papás se quieren mucho y están jugando. Y mamá corrió a la cocina y agarró algo.

            Pero papá la detuvo.

            Mamá estaba en el suelo.

            Y pensé que mamá es como esas mujeres que salen en las películas. Entonces papá la llevó a la cama de sábanas blancas e hizo unas cosas que jamás había visto y no entendí, y gritó unas palabras que mamá me dijo que yo jamás debía repetir, y se veía muy feliz. Pero mamá estaba quieta, como los juguetes de mi cuarto que tenía una mesita celeste muy bonita. Papá envolvió a mamá en las cobijas y se la llevó y salió por la puerta. Pero las cobijas estaban manchadas como de rojo y ya no eran blancas.

            Mi hermanito y yo estamos escondidos en el armario, mamá lo cerró muy bien. Creo que vamos a ganar el juego.