Gabi Lacruz (Mérida, Venezuela, 1991) es investigador en literatura y cultura latinoamericana. Es egresado de la Universidad Monteávila (2013) y realizó estudios de maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar, continuados en la Universidad de Buenos Aires, donde actualmente culmina su tesis. Estudió Filmmaking en la New York Film Academy (2015) y habla con fluidez inglés, francés, alemán y japonés. Su investigación se centra en el folklore latinoamericano, las expresiones populares de la magia, la brujería y los saberes tradicionales, con especial énfasis en el conocimiento femenino y la transmisión oral.
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Literatura, poder y profanación del espacio intelectual en Venezuela: Memorias de Mamá Blanca y la relectura sincrética del folklore latinoamericano
Resumen
Este artículo propone una lectura de Memorias de Mamá Blanca (1929), de Teresa de la Parra, como una obra clave en la reinterpretación del folklore latinoamericano, entendido no como un reservorio estático de tradiciones, sino como un espacio dinámico de sincretismo cultural. A partir del diálogo implícito de la autora con las tradiciones afroamericanas abordadas por Lydia Cabrera y con la dimensión indígena presente en la obra de Gabriela Mistral, se sostiene que la novela articula una poética de la memoria que trasciende el criollismo y se inscribe en una identidad latinoamericana plural. Este análisis se contextualiza dentro de una reflexión más amplia sobre la progresiva profanación del espacio intelectual venezolano, especialmente bajo el chavismo y la dictadura madurista, cuyas políticas culturales afectaron la circulación, lectura y resignificación de obras fundamentales del canon literario nacional.
Palabras clave: Teresa de la Parra; Memorias de Mamá Blanca; folklore latinoamericano; sincretismo cultural; Lydia Cabrera; Gabriela Mistral; censura cultural.
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Memoria personal y erosión del espacio intelectual
Como venezolano que vivió el fin de su infancia durante la última década del siglo XX, fui testigo silencioso de la lenta pero firme profanación de espacios que hasta entonces parecían incorruptibles. Entre ellos, el de la intelectualidad latinoamericana, que ocupaba el centro de un territorio simbólico construido desde las primeras corrientes del modernismo de fin de siglo, donde literatura, política y pensamiento crítico dialogaban sin una subordinación absoluta.
Este lugar comenzó a ser progresivamente allanado por discursos que, bajo la apariencia de una renovación política, redujeron la cultura a un instrumento ideológico. La literatura, que había funcionado históricamente como zona de ambigüedad y resistencia, fue reconfigurada como terreno vigilado. En este contexto, la lectura de obras fundamentales del canon venezolano —y en particular las de Teresa de la Parra— se vio empobrecida por interpretaciones dogmáticas que desplazaron su complejidad estética y simbólica.
Teresa de la Parra y la identidad más allá del juicio ideológico
El legado literario de Teresa de la Parra ha sido objeto de una lectura persistentemente condicionada por su biografía. A pesar de que su obra “no necesita reafirmación alguna” dentro de las letras latinoamericanas (Torres, 2015), continúa siendo señalada como “poco venezolana” debido a su origen burgués y a su relación indirecta con la dictadura de Juan Vicente Gómez. Este tipo de lectura ha operado como una forma de censura simbólica, al sustituir el análisis textual por el juicio moral.
Sin embargo, una lectura integral de su obra —novelas, cartas, diarios y discursos— revela una escritora profundamente comprometida con la exploración de la identidad, la memoria y la tradición. Lejos de una postura evasiva, Teresa de la Parra construye un universo narrativo donde lo íntimo se convierte en una vía de acceso a lo colectivo, y donde el pasado se articula con el presente mediante un delicado trabajo de bordado textual.
Memorias de Mamá Blanca: memoria, oralidad y folklore
Memorias de Mamá Blanca se presenta como una obra central para comprender este proyecto. Más allá de su aparente tono nostálgico, la novela funciona como una relectura del folklore venezolano entendida desde la oralidad, la memoria afectiva y la reconstrucción de una infancia que no es únicamente individual, sino cultural.
El mundo narrado por Mamá Blanca no responde a una idealización ingenua del pasado, sino a una operación consciente de rescate de voces, gestos, rituales y personajes marginales que conforman el tejido profundo de la tradición. En este sentido, el texto dialoga con una concepción del folklore cercana a la antropología cultural, donde la tradición se conserva precisamente por su transmisión informal, lejos de las instituciones oficiales.
Diálogos latinoamericanos: Lydia Cabrera y Gabriela Mistral
La dimensión latinoamericana de esta operación se vuelve más clara al situar Memorias de Mamá Blanca en diálogo con las tradiciones afroamericanas abordadas por Lydia Cabrera y con la visión indígena desarrollada por Gabriela Mistral. Las relaciones personales e intelectuales entre las tres escritoras no son anecdóticas, sino estructurales para comprender su proyecto literario.
Las tertulias organizadas por Cabrera en La Habana funcionaron como espacios de intercambio donde el folklore afroamericano era pensado como sistema simbólico vivo, atravesado por el mito, el rito y la oralidad (Cabrera, 2009). Esta concepción encuentra resonancia en Memorias de Mamá Blanca en la construcción de personajes y escenas que conservan la memoria colectiva no desde el archivo, sino desde la experiencia narrada.
En el caso de Gabriela Mistral, el vínculo se articula de manera más sutil pero no menos profunda. La obra mistraliana —particularmente en su tratamiento de lo indígena, la infancia y la lengua oral— propone una ética de la memoria donde el sujeto popular es portador de un saber moral y cultural irreductible. Memorias de Mamá Blanca comparte esta mirada al otorgar centralidad narrativa a voces que transmiten el mundo desde la experiencia cotidiana, la afectividad y la palabra heredada. Así como en Mistral lo indígena se erige como núcleo espiritual de América, en Teresa de la Parra la infancia rural y sus mediadores orales se convierten en custodios de una tradición que funda identidad más allá del discurso letrado (Mistral, 1936).
Sincretismo y transgresión del criollismo
Desde esta perspectiva, Memorias de Mamá Blanca quebranta lo clásico y según Bosch (1979), “transgrede el criollismo por su voluntad de universalismo”, sin abandonar por ello el “contorno vivo” de la identidad. El folklore que emerge en la novela no es purista ni esencialista, sino sincrético: una amalgama de herencias indígenas, afroamericanas y coloniales que dialogan entre sí.
La escena de los hijos de los peones solicitando raspadura para el guarapito nocturno no funciona como simple cuadro costumbrista, sino como condensación simbólica de relaciones sociales, económicas y culturales. En este cruce entre literatura y antropología —tal como lo planteó Rama (1984) — se inscribe buena parte del valor estético y político de la obra.
Canon, censura y empobrecimiento cultural contemporáneo
La instrumentalización política de la cultura durante el chavismo y la posterior dictadura madurista afectó directamente este tipo de lecturas. La selección ideológica del canon, la reedición parcializada de textos y la exclusión de obras incómodas del circuito educativo y editorial contribuyeron a una interpretación empobrecida de la tradición literaria venezolana.
En este contexto, Memorias de Mamá Blanca fue frecuentemente reducida a una novela “nostálgica” o “burguesa”, neutralizando su potencia crítica y su dimensión latinoamericana. La hegemonía cultural impuesta desde el Estado no solo censuró autores, sino también modos de leer.
Conclusión: leer como acto de resistencia
Leer hoy a Teresa de la Parra —y en particular esta novela — desde una perspectiva sincrética y latinoamericana constituye un acto de resistencia intelectual. Su obra no solo preserva una memoria cultural amenazada, sino que propone una identidad abierta, plural y afectiva.
Frente a la profanación del espacio intelectual, la literatura permanece como uno de los últimos territorios donde la memoria se rehúsa a ser disciplinada. En ese gesto, la voz de Mamá Blanca continúa hablándonos, no desde el pasado, sino desde una tradición viva que todavía interpela al presente.
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Referencias
Bosch, V. (1979). Esta pobre lengua viva: Relectura de la obra de Teresa de la Parra. Ediciones de la Presidencia de la República.
Cabrera, L. (2009). El Monte. Letras Cubanas. (Obra original publicada en 1954).
De la Parra, T. (1982). Obra (narrativa, ensayos, cartas). Biblioteca Ayacucho.
Mistral, G. (1936). Dos recados sobre Teresa de la Parra. Repertorio Americano, San José de Costa Rica.
Rama, Á. (1984). La ciudad letrada. Ediciones del Norte.
Torres, A. T. (2015). Teresa de la Parra: Ilustre caraqueña. https://www.anateresatorres.com/2015/03/teresa-de-la-parra-ilustre-caraquena/
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