Jorge Vargas (Armería, Colima, México, 1990). Es poeta y fotógrafo. Estudió periodismo en la Universidad de Colima. Es diplomado en literatura europea contemporánea del INBA. Estudió un diplomado en Filosofía de la Política en la escuela marxista de Cd. Guzmán. Ha sido becario del programa Alas y Raíces en 2018. En 2019, Vallada publicó en Francia su primer libro, Pueblo Quieto, y, en 2025, Sobre el mar y sus criaturas, en la editorial colimense PuertAbierta. En 2025, la revista Nouveaux Delits, de Francia, publicó una serie de poemas en una antología de poetas latinoamericanos. Actualmente escribe una columna en el semanario El Comentario de la Universidad de Colima, titulada “Noticias del Mar”.
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Fauna personal
hoy descubrí que dentro de mí viven al menos
tres animales ilegales
un coyote que mastica recibos
y aúlla cuando escucha la palabra futuro
una golondrina desnutrida
que se duerme en cualquier cable emocional
y un pez rojo que nada en círculos
repitiendo mi nombre
como si fuera una mala noticia
en las mañanas
el coyote es el primero en despertar
jalándome del estómago como si ahí
escondiera el túnel fronterizo
no me deja desayunar tranquilo
todo lo quiere cruzar
mis miedos mis horarios
mis ganas de largarme
la golondrina aparece después del mediodía
cuando empiezo a sentir
esa modesta tristeza de persona funcional
se posa en mi hombro izquierdo
y se acomoda
como si yo fuera la estatua barata
de un parque sin sombra
emite un sonido feo
pero no se va
el pez ah el pez
ese es nocturno
cuando cierro los ojos comienza a dar vueltas
enciende luces en mi cabeza
como si fuera un casino submarino
donde siempre pierdo
donde siempre apuesto
a que mañana será distinto
a veces creo que estos animales
son la única fauna honesta que tengo
ningún humano me conoce tan bien
como esta pequeña trinidad de bichos tercos
que me acompañan sin sueldo
hoy hice una lista de sus ruidos
me gustaría expulsarlos
pero me da miedo quedarme mudo
porque siendo sincero
si me quito al coyote
la golondrina
y al pez
¿Qué me queda?
Solo yo
Y para ser francos
Me parece demasiado salvaje.
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Kanji
A Yukio Mishima
He aquí tu nombre como una espada oxidada
Clavada en la médula del siglo
La sílaba que sangra desde el crisantemo
Hasta el fuselaje tibio del suicidio
Te escribo desde el templo que jamás existió
No hay jardines aquí
Solo la huella de la sombra cuando cae el bambú
[Y nadie lo escucha
He deshecho los kanjis de tu rostro
En una taza de té vacía
Bebo tu gesto
Bebo tu rabia ceremonial
Porque fuiste el herido por dentro
El último autor de una obra que ya nadie quería aplaudir
Ese adolescente que soñó a Japón
Y se encontró con bancos
Fabricas
Políticos sin cuello
La pureza lo sé
Era un cuchillo demasiado limpio y tú quisiste
Devolverle su vocación de herida
Yo también quise hacer del poema una catana
Pero mis versos eran aves que huían antes del disparo
Oh Mishima hay algo tuyo en cada joven
Que mira su reflejo y encuentra una bandera
Hay algo tuyo también
En los hombres sin patria
En los que se entregan al cuerpo como una religión vacía
En los que quieren morir porque no pueden amar
Sin deshonra
El cuerpo es una isla sitiada lo sabías
La belleza es traición cuando no tiene final exacto
Y el emperador vive
Solo en el parpadeo de un niño
Te escribo con un pincel sin tinta
Sobre la espalda de un amante que no regresará
Bajo este cerezo que no florece
Dejo que el viento diga tu nombre
O el agua
O nadie.
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A quienes cargan el mundo y a quienes apenas lo rozan
a Fátima
Estas son las últimas horas del ruido
Cuando la maquinaria se oxide
Y no quede más mandato que el del viento
Algo mínimo seguirá respirando
Tal vez un hilo de musgo en la sombra
Tal vez la vibración mínima de un caracol dormido
Ellos los pequeños cruzaran incólumes
Las escamas del tiempo
La torpeza de los imperios
La furia de aquellos que nunca
Aprendieron a escuchar
Cuando la historia vuelva a ser polvo
Y las grandes voces se pierdan o permanezcan
Atrapadas en un cristal antiguo
Quedará lo que respira a espaldas del mundo
Una brizna de yerba que saluda al sol
Una mano que ofrece silencio
Este verso que intenta tocar
Lo que el mundo dejó atrás
Porque toda altura sin raíz
Termina por desplomarse
Las manos que arrojaban sombras
Se diluyen en el aire
Pero todavía quedará siempre queda
Un gesto escrito hacia lo vivo
Una ternura atravesando la roca
Una luz que insiste
Cuando todo lo demás
Ha caído.
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