Luis Yslas: “Soy un lector con atrevimientos de escritura”; por Oriette D’Angelo

Luis Yslas (Jonathan Contreras)

Foto por Jonathan Contreras

Luis Yslas (Perú, 1972). Reside en Venezuela desde 1979. Estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Es miembro fundador y editor de Libros Lugar Común. Es profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y se ha desempeñado durante 20 años como docente de literatura en varias instituciones de Caracas. Ha publicado artículos, reseñas y ensayos en medios físicos y digitales como El Salmón-Revista de Poesía, Papel Literario de El Nacional, País Portátil, Prodavinci, entre otras.©LDF_ALBP_CUBIERTA_RGB_PRODAVINCI_300415-1

Este año, la editorial Libros del Fuego publicó su primer libro, A la brevedad posible, que reúne más de una centena de aforismos que, según ha afirmado el autor en distintas oportunidades, comenzaron a escribirse en su cuenta Twitter, perfil que mantiene desde el año 2009. Es decir, estamos ante el primer libro publicado en Venezuela que tiene como fuente primigenia su publicación en una red social de esta categoría. La importancia de este libro en el panorama actual de la literatura venezolana afirma una cosa: que la buena literatura sí puede hacerse a partir de las redes sociales.

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Tienes, hasta la fecha, más de 11.000 tweets publicados. ¿Cómo fue el proceso de selección de los aforismos que integran A la brevedad posible? Antes de seleccionar dichos tweets, ¿sabías que querías dividir el libro en tres partes temáticas?

Luis Yslas: ¿Ya llevo tantos tuits? Qué ociosidad tan prolija. Por lo visto, lo breve es solo una apariencia desmentida por la estadística. Pero te respondo. El libro, al menos como idea, nace de una invitación de mis editores, Rodnei Cásares y Alberto Sáez, de Libros del Fuego, quienes me propusieron que reuniera algunas de las frases que había ido soltando en mi cuenta de Twitter, y componer con ellas un libro. El libro surge de esa expectativa, de esa confianza. Luego de cierta resistencia de mi parte –me siento menos desconfiado en el papel de lector que en el de escritor–, lograron convencerme. Para mí era un gusto pertenecer al catálogo de una editorial cuyo trabajo valoro. Eso también me animó. Así que lo primero que hice fue solicitar a los administradores de Twitter un respaldo de todos mis tuits desde la fecha en que abrí mi cuenta: el año 2009. Con ese arenal de tuits apretados en una tabla de Excel, empecé. A medida que iba seleccionando ciertas frases, entre miles que merecieron el olvido y el arrepentimiento, se me iban ocurriendo otras que también añadí al libro, pero la mayoría provienen de esa red social que me ha servido como cuaderno de apuntes público. Una vez que hice la selección, me di cuenta de que había algunas constantes temáticas –obsesiones quizá–, y eso permitió ordenar el volumen en tres partes.      

Según la RAE, un aforismo es una frase o sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte. ¿Consideras que toda frase de esta categoría escrita en Twitter es un aforismo?

LY: Esa definición, no digamos que es incorrecta, pero sí incompleta. Es comprensible: los diccionarios tienden a generalizar, a explicar, y la literatura, lo sabemos, siempre logra escabullirse de las definiciones. El aforismo es una forma literaria en miniatura, una especie de bonsái del lenguaje de cuyas ramas no cuelgan doctrinas sino sospechas. Aunque las definiciones ayudan, prefiero las luces que a veces encienden las etimologías. Aforismo proviene del griego aphorismós, que originalmente se refería a una frase breve que se colocaba aparte: una marca o separación al borde de un texto principal. Me gusta esa imagen: la de una frase que se escribe al margen de un centro. De modo que mientras el diccionario habla de regla, yo me inclino a pensar el aforismo (al menos los que he perpetrado), como un apunte lateral: una diminuta conjetura. Es curioso enterarse además de que el primero en emplear la palabra aforismo no fue un literato sino un médico. El griego Hipócrates usó por vez primera la palabra aforismo para referirse a las anotaciones breves relativas a algún síntoma o diagnóstico de enfermedades. Mi libro puede entenderse entonces como un conjunto de marcas que revelan los síntomas de una enfermedad incurable: el vicio de la lectura.

Ahora bien, no todo lo que se escribe en Twitter es un aforismo, pero todo aforismo lo es más allá de la superficie donde se inscriba. Su identidad verbal no depende de su vehículo de transporte.

Cada vez se habla más de la “literatura nacida en la era digital”. Incluso, algunas personas hablan de un género literario propio de esta era. ¿Consideras que ha cambiado la forma de entender la literatura gracias al Internet?

LY: Las plataformas digitales son apenas un episodio más en la larga historia de las superficies de escritura. La naturaleza de lo que se escribe reside no tanto en el soporte, sino en el valor de las palabras, o en todo caso, en el valor que el lector pueda descubrir (o no) en ellas. Me da la impresión de que la era digital ha promovido más bien el descrédito de los géneros literarios, entendidos como categorías estáticas de la literatura. Las plataformas digitales no son un género literario emergente, sino el espacio donde las nociones genéricas de la literatura (entre otras ramas de la cultura) se entreveran ya sea para enriquecerse, empobrecerse o disolverse. Todo ello, por supuesto, modifica los modos de leer, los dinamiza. Las fronteras ortodoxas entre la escritura y la lectura se difuminan. Esos dos ámbitos del quehacer literario se mezclan, se descolocan, se combinan en un delirio textual en algunos casos orgiástico.    

¿Crees que las redes sociales popularizan la escritura?

LY: Totalmente, pues cada vez hay más personas escribiendo y leyendo continuamente en sus aparatos electrónicos. Somos una cultura electrodomesticada. Y no solo en redes sociales. Esta es la época, me atrevería a decir, en la que más se escribe y se lee. Eso no indica una mejor comunicación, sólo una mayor comunicación. La escritura puede ser hoy muy popular, pero también muy populachera, muy populista. 

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@luisyslas

La escritura en redes sociales, y más concretamente en Twitter, exige una presencia constante y una inmediatez que no son propias del acto de escribir literatura. Por lo general, cuando se escribe fuera de redes sociales, el ejercicio va acompañado de cierta reflexión y depuración. ¿Cómo has cotejado la paciencia y reflexión que deben tener todos los escritores con la inmediatez de las publicaciones que demandan las redes sociales?

LY: Mi escritura es de breve costura y corto alcance. Algunas frases me salen como una especie de estornudo del pensamiento, y otras sí me llevan unos minutos, a veces horas, de reflexión y escritura. Esa es quizá la ventaja (o la imprudencia) del hacedor de brevedades en la red digital: una frase nos puede quitar cierto tiempo de composición, pero tampoco semanas, meses, años. Hablo por mí, en todo caso. Digamos que escribo al ritmo de la cotidianidad, de manera espontánea. Mi cuenta de Twitter es un cenicero donde apago las frases que me vienen de improviso. Y en ese vaciadero de cenizas, de pronto aparecen ciertas palabras que logran un discreto contacto con el lector. Pero muy de vez en cuando. Todo esto que te estoy diciendo revela, sin duda, que no soy un escritor, sino un lector con atrevimientos de escritura.     

¿Alguno de los aforismos publicados originalmente en Twitter sufrió alguna modificación o edición a la hora de su publicación en A la brevedad posible?

LY: Todo fue sometido a una relectura acuciosa. Y eso acarrea modificaciones que no garantizan nada salvo el cuidado por el lenguaje del que uno es capaz. Al final, es el lector el encargado de prolongar, contradecir o abandonar las palabras del libro; de continuar las modificaciones.

¿De qué forma ha contribuido tu labor de editor a tu oficio de escritor?

LY: La velocidad de lectura del corrector y del editor es lenta. Eso ejercita la mirada sosegada y minuciosa, la cual permite detenerse en los detalles, en los entresijos de las palabras, también en sus silencios. Imagino que ese ritmo y rigor de lectura influyen en lo que escribo. Leer y escribir son actividades recíprocas. Ambas se alimentan entre sí, se canibalizan.

@luisyslas

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¿Podías predecir que, al abrir tu cuenta en Twitter en el año 2009, terminarías publicando en 2015 un libro físico que recogería varios de los mensajes publicados allí? ¿Qué tan rápido crees que avanza el poder de las redes sociales?

LY: No lo preví en ningún momento. Sin embargo, hoy puedo decir que A la brevedad posible ha sido una experiencia singular. Una traición a mi condición de lector de la que no me arrepiento. Todavía. ¿Qué tan rápido avanza el poder de las redes? Su poder es inmenso, pero relativo, como todo poder. En apariencia todos lucimos muy libres en esos espacios, hasta que sus dueños –no hay que olvidar que ese poder tiene dueños– decidan modificarlos o eliminarlos. El mayor poder lo tienen quienes controlan esas redes: poseen toda la información que nosotros hemos depositado allí voluntariamente. De manera que nuestra libertad siempre es condicional. Lo cierto es que la vertiginosidad y la vasta información que imperan en esos medios suelen dinamizarnos la existencia, con todos los picos de dicha, depresión, asombro y conocimiento que esto implica, pero también nos descentran casi siempre de la pausada reflexión sobre lo que pasa, sobre lo que nos pasa. O quizá estemos experimentando, como señala Alessandro Baricco, una era de la mutación en la que el conocimiento ya no reside en la paciencia y la profundidad, sino en la rapidez y la superficie. Habría que considerar eso como una novedosa metamorfosis de la comunicación y el pensamiento contemporáneos. En todo caso, yo procuro, como usuario de los medios digitales, según dicta la locución latina, apresurarme lentamente. Las redes han sido creadas por el hombre: lo que hacemos con ellas es lo que define su validez, su ética, su estética, su espesor humano.  

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¿Crees que el Internet contribuye a la globalización de la literatura? ¿Podemos seguir hablando de “autores locales” en aquellos casos en los cuales la literatura se genera a través de Internet en sus distintos formatos?

LY: Internet globaliza todo lo que entra en sus predios. La geografía de la web es una patria común donde incluso es posible fomentar a un tiempo los nacionalismos y las anarquías. Muchos escritores han hallado en ese espacio virtual una zona real de encuentros y hallazgos donde no se requieren pasaportes, partidas de nacimientos ni cartas de residencia. Lo local se abre, se pluraliza, se pervierte o se expande. Resulta entonces absurdo, o inexacto, agrupar actualmente las obras de los escritores según criterios exclusivamente nacionales o regionales. En el caso de los autores hispanoamericanos que transitan el mundo 2.0, por ejemplo, la patria común ya no son sus países de origen, sino el idioma español. Lo alarmante es que mientras esa creciente pluralidad se va expandiendo en la web, del otro lado de la pantalla los nacionalismos, los fundamentalismos de toda índole se fortalecen como una mortífera amenaza, también global.     

@luisyslas

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¿Se corren riesgos a la hora de ser lector, editor, ahora autor y tener una presencia importante en redes sociales? ¿Puede cambiar la apreciación que se tiene de un autor por su comportamiento en redes sociales?

LY: Todo lo que uno hace es un riesgo que vale la pena si se hace con convicción, incluso si más adelante uno comprueba que se equivocó. Leer y escribir no escapan de esa contingencia. La apreciación que se tiene de un autor debería partir más de su obra que de su vida (y menos de su vida en redes sociales). Pero ya sabemos que vivimos en una época en la que muchos lectores necesitan que la biografía explique totalmente la escritura de un autor.

Uno de los aforismos del libro dice que Todo lector corre el riesgo de parecerse a lo que lee, de creer que ese riesgo resulta menos temible que provechoso (p. 23). ¿Cuáles son las lecturas fundamentales que te formaron como lector y escritor?

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Foto por Carlos Ancheta

LY: En esa frase me refería al quijotismo (o al bovarismo), ese peligro que corre todo lector de mimetizarse con lo que lee. Mis lecturas fundamentales –no quijotescas, espero– son muy variadas y dependen del momento en que responda la pregunta. Para hacer la respuesta corta, o al menos no muy extensa, te mencionaré aquellos escritores cuya destreza para la prosa breve y certera, me resultan inspiradores: Oscar Wilde, Friedrich Nietzsche, Charles Baudelaire, Jules Renard, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Octavio Paz, Julio Ramón Ribeyro, Augusto Monterroso, José Antonio Ramos Sucre, Clarice Lispector, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, José Balza, Alberto Barrera Tyszka, Fabio Morábito, Juan Villoro, Andrés Neuman, entre otros que ahora olvido injustamente. Todos mis libros de esos autores están abundantemente subrayados. Los libros que uno marca dan cuenta de nuestras mayores influencias.

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Luis Yslas tiene perfiles en:

Facebook: Luis Yslas
Twitter: @luisyslas

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+Leer: Fragmentos de A la brevedad posible

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