Tres poemas de «Trópico lacerado» de Pablo Rojas Guardia (Caracas, 1909-1978)

Fotografía de OD

Fotografía de OD

La multitud es un templo

Sangra mi corazón en la piscina del cine.
Soy ese hombre arrollado en la calle
por el viento a mil kilómetros de la prisa
cuando iba a salvar la pelota de un niño;
y el músico que arranca a las atropelladas disonancias
el grito de los hombres que caen en la noche
más allá de los vientos desatados de Occidente.
Soy el anciano sostenido en el parque del día
por el frasco de ron y el juego de los niños
y la niña acodada en el estanque
con su frío de fiebre cuando jugaba con los peces
a sembrarse en el cielo del agua.
Soy el niño que ha encendido su sonrisa junto a la mariposa
para que detenga la tarde entre sus manos
y soy el policía saludable en cuya sangre
late todo este mundo con ritmo fidedigno
mientras sueña en la hija tullida en el zaquizamí.

Soy la mujer que ha vendido su alma a las vitrinas
y la que entregó su cuerpo en un gesto amistoso
y alzó su despedida con sonrisa satisfecha,
y soy también el carrero con su carga de campo
y su peso de mujer adúltera y la duda del hijo…

Le voy dando sentido a un mundo sin sentido
y sueño la vida como totalidad planetaria.
El Universo es mío; yo soy el Universo
y en cada Hombre miro una aspiración a Dios.

Cuando salgo del cine
entro en la Multitud
como en un Templo.

 

***

 

Fotografía de OD

Fotografía de OD

Joven asesinado

Cuando dicen
en las entrañas médicas y en algunos rincones obscuros
y en donde todo está podrido
podrido sin sepultura,
inevitablemente,
que este atleta de sonrisa de agua fresca
como de chorro borboteante sorprendiéndonos
el calor de la almohada que nos ata,
no debía morirse voluntariosamente,
sin chistar
grave
exacto
pensativo
y en su poquito misterioso que es del gusto de Dios.
Cuando dicen que en los hospitales aun pueden soplarse
las barajitas de los hombres,
barajas de románticas venas
cantando hacia el boquete negro,
y preguntando ¿puedo salir al sol?
¿estoy bien?
¿me muero hoy?
Cuando dicen los médicos podridos
podridos sin sepultura,
inevitablemente,
yo me pregunto
y me digo, así, sencillamente:
que la espuma pérfida,
blanca
bramando
de las olas más altas,
aquellas que se lo tragaban para los ojos de la playa
mientras él las repasaba con su domado pecho
asustándonos,
saben como era sexo puro
ojos de azúcar
esa cabeza de perfecto delfín.
Y me entusiasmo luego:
hacia el amanecer su gesto ya estaba tallado
en la perfecta piedra de la perfecta muerte
y solamente se atrevían rojos pájaros violentos
con su cuello, sus brazos, sus pies y su costado…

(Cuando sobrevenga el ancho silencio más allá de los sueños

podrá oírse el ruido de sus brazos nadadores
y de su pecho honrado que me nutre).

 

***

 

Nada

a Aquiles Nazoa

Un mundo estremecido de palomas
Cruza siempre la tarde de mis sueños.
No sé si vuelan las espumas del alma.
O si son plumas que aventó mi anhelo.

Es invierno en volandas me aseguro.
Es una dicha helada que no acierta
a encontrar en el alma su aposento…

Es una idea joven que está muerta.

 

Poemas del libro Trópico lacerado [1938-1945],
incluido en el libro La voz inacabada (Poesía hasta 1969).

***

Pablo Rojas Guardia (Caracas, 1909 – 1978) Escritor venezolano. Estudió en la Universidad Central de Venezuela (UCV), y en 1926 comenzó su carrera literaria publicando en periódicos y revistas como El Heraldo, Elite, El Pueblo y Semanario Caribe. Se opuso a la dictadura de Juan Vicente Gómez, lo cual le valió periodos de encarcelamiento en 1928 y 1933. Alineado con las vanguardias literarias, no renunció al compromiso literario, ya desde su primer libro, Poemas sonámbulos (1931).

Tras la muerte de Gómez, publicó en 1937 Acero, signo, Desnuda intimidad yClamor de que me vean. Dos años después fundó el grupo literario Viernes, renovador y vanguardista. Consiguió el Premio Nacional de Literatura, y compaginó posteriormente el periodismo con la diplomacia (fue agregado cultural en Méjico) y la crítica. Destacan títulos como Trópico lacerado (1945), La voz inacabada (1960),Enigma de la luz tropical (1963) y Algo del mar y del pan caliente (1968). Como crítico literario escribió El rostro de la patria (1968) y La realidad mágica (1969). Biografía obtenida aquí.

Anuncios

Un comentario en “Tres poemas de «Trópico lacerado» de Pablo Rojas Guardia (Caracas, 1909-1978)

Comenta aquí ~

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s