No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016), de Patricio Pron; por Maikel Ramírez

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En abril de 1939, a pocos meses de que las tropas de Hitler invadieran Polonia y comenzaran a repartir el terror por Europa, Walter Benjamin escribió convencido de que la reproducibilidad de la obra de arte moderna resumía un potencial emancipador consustancial al comunismo. Su suicidio[1] en España al año siguiente le evitó conocer la mancilla que Stalin le reservaba al arte, principalmente al cine, objeto nuclear del influyente ensayo del filósofo alemán. Como quiera que sea, Benjamin acusaba al fascismo y al futurismo de Marinetti de una estetización de la política, de un ensimismamiento, a su entender, propio de la corriente estética del arte por el arte. En No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, novela publicada por Random House, el escritor Patricio Pron rastrea este peliagudo tránsito del escritor comprometido con una causa política.

Teniendo como punto focal al joven izquierdista Pietro (o Peter) Linden en la Italia de los años 70, esta novela se desarrolla en clave de investigación para discurrir  de manera magistral sobre la escritura que corporiza e instruye sobre una ideología, sobre ese conjunto de ideas que, como lo ha argumentado George Lakoff en el campo de la lingüística cognitiva, son organizadas alrededor de la moral, es decir, el sujeto ideológico confía en que lo respalda el lado moral de los hechos. Así pues, las múltiples voces que intervienen en la novela evocan un Congreso de Escritores Fascistas Europeos que se habría celebrado en 1945  y así van reconstruyendo la figura del  futurista Luca Borrello, ilustre participante que aparece muerto una mañana antes de la jornada y quien, además, se relaciona con el padre de Linden desde  que este sirvió de partisano en la Segunda Guerra Mundial.

Un sector de la crítica literaria no ha pasado por alto el hecho de que la nueva novela de Pron recibe el influjo de obras como Historia universal de la infamia, de Jorge Luís Borges, y La literatura nazi en América, de Roberto Bolaño,  por la justificada condición de que en su parte final enlista un amplio catálogo de escritores inexistentes. Tampoco se ha escapado la iluminación que llega a irradiar aquí la obra maestra de Bolaño, Los detectives salvajes. En todo caso, esta novela  se suma a otras anteriores, como El comienzo de la primavera y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, en las que la investigación que lleva a término el personaje central funciona sobre la proyección de una atmósfera permeada por la política, ya sea por la atrocidad del nazismo o por el fantasma de la dictadura militar argentina. Nadie mejor que el propio autor para despejar nuestras dudas, si acaso alguna persiste, cuando en una reciente entrevista con el escritor Luciano Lamberti afirma que concibe la literatura como un ámbito de producción de lo político.

Conviene recordar, al mismo tiempo, que Pron terminaba su brillante ensayo El libro tachado comentando que por su ventana observaba las luchas políticas que estaban teniendo lugar en Madrid mientras escribía. A continuación, el escritor entrevía que el origen de tales conflictos son  los mismos de la literatura. Hay algo simétrico entre este momento y los últimos de No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, que se desarrollan en la turbulenta Milán en 2014. Sin embargo, la asociación se autoriza mucho antes con esta sentencia: “… es evidente que el Estado tiene las manos manchadas de sangre desde su definición misma”. Se dirá, razonablemente, que la tesis del libro tachado es transpuesta en forma de ficción en ese grupo de escritores que, aunque imaginados, son suprimidos de la historia a la que se alude. Por lo demás, Pron nos puede sonar notablemente benjaminiano en su ensayo al  advertir que la tachadura del libro o, mejor dicho, del autor corre el riesgo de conducir a una literatura que se refiere a sí misma, que se repliega a las formas del lenguaje que la componen. Esta nueva novela, digo yo, parece la consecuencia inevitable y un más amplio desarrollo, por supuesto, de las interrogantes que perduran tan pronto cerramos El libro tachado. De modo que no extraña para nada la referencia intertextual de este ensayo en la novela.

En contraste con sus novelas anteriores, digámoslo todo de una vez, No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles es gratamente más compleja en su armazón, de un estilo tan fino como robusto en la exposición de las ideas sobre estética y los motivos ideológicos de los personajes, aledaña al ensayo sin ser agobiantemente teorizante en detrimento de la fluidez narrativa, actual porque la violencia que administran los Estados modernos es, con mucho, su examen a lo largo de cada página.  No cabe lugar a dudas de que es la apuesta más ambiciosa de Patricio Pron hasta ahora. No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles se anota con solidez y sin demora como una de las lecturas obligadas del año y una obra fundamental de la literatura contemporánea.

[1] Se sospecha que fue asesinado. Respecto a esto, pueden consultarse el documental Quién mató a Walter Benjamin, de David Mauas, y el artículo Did Stalin’s killers liquidate Walter Benjamin?, de Stuart Jeffries.

***

Maikel Ramírez (Venezuela). Profesor en la Universidad Simón Bolívar (USB). Narro y escribo artículos sobre la literatura, la lengua, el cine, la música y otras cosas de la cultura. Textos míos han sido publicados en Letralia, Ficción Breve, Sorbo de Letras y en el suplemento cultural del diario aragüeño El Periodiquito.

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