Reaccionar en plural presente, por Leonardo Alejandro Alfonzo (Venezuela, 1994)

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Los venezolanos estamos sumergidos en un estado psíquico que nos impide llevar la vida regular que alguna vez conocimos. Los claroscuros nos acompañan en las decisiones de trabajo, en las inversiones, cuando alguien se nos acerca a pedir una dirección, cuando queremos poner la mente en blanco, cuando necesitamos hacer planes de vida. El hastío es nuestra bandera de ocho estrellas, y en verdad no sabemos cómo canalizar lo que nos pasa. Es importante hablar en plural, porque el problema nos somete de manera constante y hace que compartamos dolencias.

Nos encontramos en un punto en que ni nos devolvemos ni avanzamos. Sinceramente, es el peor estado organizacional en el que nos pudiésemos hallar. Existe un gran desorden debido a que no confiamos en ningún tipo de dirigencia política, al menos, no en su gran extensión. Sí, se necesita un líder o quizá la repartición justa de poder, lo que ocurra primero. Pero lo que más inquieta es que en el ámbito social de Latinoamérica somos el país más indiferente con su propia situación. Sí, nos quejamos; es verdad, nos urge que este juego del deterioro se termine, pero no estamos en condiciones de esperar que la solución venga del cielo, salvo que en verdad queramos la intervención de varios F/A-18 Hornet, por parte de algún país que si quiera “hacer esto mejor otra vez”.

De los principales claroscuros que experimentamos está la incertidumbre de permanecer en el país, no hay que culpar a nadie. El venezolano se ha caracterizado por querer mejorar y demostrar lo capaz que es, que siempre ha podido con los retos. Estar en el extranjero supone un duro paso, no es la salida fácil, es ser expulsado por querer guarecer la vida. Somos abortados para vivir, principalmente por la escasez de alimentos, de medicinas, de buenos servicios, incluso de buenos modales; nada nos garantiza la vida salvo encerrarnos, nuestro nivel de educación y moral se están yendo al desagüe. Piense un momento las veces que ha tratado de sacar provecho de algo o alguien deshonrosamente, piense si puede confiar dinero como antes. Por ende, no se puede juzgar a quien decide no seguir viviendo así, quien no quiere que sus futuros hijos sufran tales estertores. Además que estar afuera, prepararse y volver, hará que se recupere la calidad de profesionales que ya no estamos preparando. La esencia que nos caracteriza está dejando un olor tenue.

Los que aún estamos aquí tenemos la tarea de luchar, porque esto es nuestro. Existen diversas formas: marchan, informan, publican, animan, escriben, pintan, educan entre otros indicativos del plural en presente. Es decir, somos todos y es ahora. Walter Mosley dice que «La libertad es un estado de la mente», es verdad, hemos hecho de nuestro suplicio un motor para sobrellevar la crisis, pero sigue siendo un bienestar virtual, debemos llevar la libertad a un plano más concreto, procuremos que ese no sea contra el que nos quieran estrellar.

***

Leonardo Alejandro Alfonzo (El Tigre, Venezuela, 1994). Licenciado en Administración de Empresas. Publicado recientemente en la antología “Amanecimos sobre la palabra”,. Tiene poemas e historias reposando en el taller, y algunos sueños de libertad.

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