Por la costa, por Iván Gómez (Venezuela, 1993) ~

IvanGuzman

Fotografía por Iván Guzmán

A Cendrars y su Transiberiano
A mis amigos

Viajábamos como la vida
en el asombro con hambre de estrellas y la mar como destino
Pero más que la comida las drogas o la policía
navegábamos a vela henchida de alma éramos tizones siempre vivos
Se nos fue la tarde tramando el escape
como reos        proletarios de oficina
traficando identidades fronterizas
en el intervalo callado entre las máscaras cotidianas        
                                                                                                 y las cicatrices íntimas.


-los trabajos y los días, los trabajos y los días
la vida maloliente, los trabajos y los días

Tengo una reunión estoy cansado no puedo los trabajos y los días)-

Pero más que la comida, las drogas o la policía
navegábamos a vela henchida de alma éramos tizones siempre vivos.

Entre perfumes cirenaicos
convocados por el cáliz de Dionisio al canto apolíneo
-al espejo
al reflejo fractal del mundo en el aliento

(Fractales: resuman de vida dan vueltas son psicodelia exhalan y se van)
Se van
Nos fuimos,
viajamos tomamos el carro,
nos fumamos un porro y tomamos el carro
Vomitamos el ritornello dentado de rutina
el cubículo soso la sonrisa obligada
la vida novida

Cruzamos Osma Oritapo Todasana
bordeamos la costa hasta La Sabana
-de noche-
burlando uniformados lambucios la alimaña más baja en el bestiario de nuestro viaje. Anunciaron no querer perder tiempo no revisarían toda la maleta
(lo terminaron haciendo lo terminaron haciendo)
revisaron el carro tres veces completo.
Revisaron la maleta, el capó, el chasis
revisaron cuerpos y pantaletas:
“Una fémina puede revisar a una fémina”
Revisaron con descaro y con linternas
“Una fémina puede revisar a una fémina”
Malditos abusadores no hace falta déjenla quieta
“Una fémina puede robar a una fémina”

No consiguieron nada no profanaron nuestro templo.
Celebramos indignados alegres abusados
Celebramos con risas con insultos enciende esa vara
La prendimos -qué carajo Latinoamérica te encoges de hombros-
puto negocio sucio matraqueo.

(todo está lleno de dioses, decían los milesios)
Y seguimos.
El viaje largo por la montaña se hizo breve.
Los montes eran acertijos eran quimeras eran serpientes
No había montes eran gigantes gigantes dormidos
no los despierten no había luz todo estaba apagado
Los pobladores dormían bebían cerveza frente sus casas

Relámpagos mudos blanqueaban días duraban segundos
y desde la nariz de Ymir el gigante dormido se avizoraba
                  la       marea        negra:
era una sábana arrugada por el juego de los amantes
por los amores entre la noche y la corriente
Un manto un sudario un velo
un testimonio inabarcable del misterio.

La tormenta se ocultaba a la espalda de los montes.
Los montes destellaban con la furia de la tormenta
develando los escorzos
fragmentos derruidos de la vida real de la naturaleza.

Pero eran montes lejanos estábamos guarecidos;
llegamos y no llovía cerca, llovía lejos.
Bajamos del carro nos sumergimos en la arena
descalzos la arena fría de la noche los pies la arena fría
-te estremece tiemblas te alivia la vida-
Y de la playa hicimos casa hicimos carpas y chinchorros.

(Mientras tanto mientras tanto
danzan las luces en los montes lejanos
ruge la bestia celeste de oscurana)

Era de noche en el Olimpo

El mar lo sabía y se levantaba.
Se levantaba, chocaba y reventaba furioso contra el rompeolas
reventaba y salpicaba y grandes gotas de agua volaban con el viento
-gotas de agua: son ínfimos universos o vidas son eternas mientras dura su vuelo
Vidas y universos que son eternos hasta que regresan al mar y se a-gotan y se indiferencian y todos olvidan que una vez
fueron…

Pero el mar sigue siendo y sigue reventando y sigue furioso
El cielo cruje crepita fuego
El cielo arde en estrepitosos truenos
Arde y no se escucha más que luz que nace desde abajo y crece arborescente
Crece a voluntad crece indomable crece hacia los lados
Crece sin raíces aéreo ingrávido sin rizomas ni cabello
Los relámpagos son ramas de árboles que vuelan
Odian la tierra la permanencia
como gotas de agua que son vidas y universos quieren durar segundos y rugir su llanto
su muerte su tragedia su cese
se acaban se agotan caducan cesan
Cesan y ya no son no son nada ya ni fueron no tienen nombre
No tienen nombre son inasibles inabarcables
Están y se fueron nunca estuvieron nunca asistimos.
Así es el mundo innominado
la ferocidad insabida de lo salvaje.

El mar se enfurece y se bate en una batalla distante con el cielo
El cielo es una espesura gris con pocas manchas negras
Es una espesura gris espesa impenetrable espesa
Pero no llueve solo chilla
Chilla grave profundo como la tierra
Como el núcleo de la tierra es de magma hace burbujas tiene arcadas de fuego
Y el mar se siente engañado
en sus profundidades en sus fisuras en sus abismos
odia las nupcias entre la tierra y el cielo
odia ser hondo extiende su garra de ola breve que se disuelve.
Se baten es una guerra hay sangre hay acero hay centellas
El mar se desespera entre cadenas
Se agita va y viene
Choca consigo no se suelta

Se calmó.
Se calmó.

Se calmó y ya no hay lluvia nunca hubo
(Pero la tormenta del alma el ánimo huracanado).
No hay relámpagos no hay viento
Hay brisa hay asombro
hay olas
que van y vienen pero no luchan
Son una madre acuática meciendo a sus hijos fosforescentes
A las algas al plancton que brillan fosforescentes.
Brillan cuando la ola va no cuando la ola viene
Son cabellos de princesa el mar es un peine
Es música para meditar es una cama con espuma
una cuna opalina que refleja al universo
Son todos los ángeles demonios las sirenas durmiendo.
Se durmió.

Se durmió y abrió el cielo
Ahí estaba él, nos velaba Perseo
con la cabeza de Medusa, nos velaba Perseo
junto al Auriga y su alfa Capella
(con su teta de cabra que amamanta a Zeus)
su amor Andrómeda más bella que las Nereidas dijo Casiopea
la condenaron a las cadenas Casiopea encadenada
Prometeo encadenado -el dador del fuego encadenado el fuego la vida que arde entre cadenas-
(esta vida que se repite que es tragedia).

Perseo:
por él vinimos, transfigurado en el cielo por él vinimos,
por sus hijas de firmamento firman el cielo con destellos
Las Perseidas no eran sus hijas él solo contempla
son nuestro reflejo de perla fractales imposibles
olvido hecho luz
muerte que vuela
Las Nereidas brotaban de los ojos de un santo
pincelando la nada coloreando la ausencia
rocío cósmico de la mirada de Lorenzo:
ardían.

 

Nos dormimos.
Soñé con ella
Dormí con otra soñé con ella
Recuerdo lo que soñé no voy a decirlo
Ella también era otra en muchas maneras.
Pero me quedó el recuerdo como agua salada
en la boca en la nariz en la garganta.
Como cuando la ola te revuelca pero estás dormido
y tienes que secarte la mar amarga del inconsciente.

Hay que deslegañarse el mundo sensible
Preparar el desayuno hacer yoga ir a la playa.

No quise ir a la playa
Me quedé leyendo
solo me quedé leyendo
Se fueron a otras costas (buenos días Pavese
Juguemos a Endimión y al Extranjero
“Tú no deberás despertar jamás” me dijo la Fiera
No toqué su rodilla derramamos sangre en sueños
Fui sangre en la boca de su perro)
que hambre paz desasosiego.
Como el secuestrador que te da a beber agua
Le detestas le das las gracias
Quieres golpearle pero tienes sed
Tienes sed quieres matarle quieres acabar con ella
En una cama de arena quieres acabar con ella
Jalarla fuerte del pelo morderle el cuello
Que desorbite los ojos que rechine los dientes
Por qué lo hizo por qué lo hice por qué lo hizo de nuevo
por qué la pregunta por la causa
Por el origen de dónde salió eso
De dónde sale de nuevo
Somos otros somos miles cuando cogemos
¿Qué nos subyace qué permanece?
Este supuesto fondo telúrico que me des-tierra.

(Hay que caminar hay que ver la costa
Hay que distraerse de sí entre-tenerse olvidar que se piensa)
Los niños del pueblo martillan maderos reparan botes irán de pesca
Juegan
Yo también fui niño y jugaba a combatir las olas.
Ahora camino la costa y veo sillas vacías solitarias en la arena
Una silla blanca de plástico rota a la que bajan cuervos
Una silla que espera un ajedrez con la muerte de Bergman.

Entro descalzo al cementerio del pueblo
recorro el pueblo un hombre se venda frente al espejo
se venda lo apuñalaron anoche escuché que dijeron
lo apuñalaron anoche afuera del cementerio
A mí me apuñala me aguijonea el recuerdo
Soy una confusión aguas revueltas choque de mareas
¿Qué puedo ser entre tanta belleza?
Un símbolo que interroga una pregunta un anhelo
Una tristeza.
Un polizonte en una estrecha barca podría hundirse con tanto peso
Con el peso del alma el peso del hambre el peso del hombre.
Recuerdo cuando leíamos la mirada lozana del anciano barquero.

Recorro las calles de La Sabana
Cortejos de motocleta a la entrada del cementerio
El concreto arde y yo estoy descalzo
La vida se me ha escapado siempre buscando sombras en pueblos calientes
Buscando lo que no hay donde no debo
(Todo está lleno de dioses decían los milesios)

El pueblo es un pueblo de puertas abiertas
Se resbalan las miradas en las casas abiertas
Se resbalan los oídos en las bocas abiertas
“A Julián lo apuñalaron anoche y quedó vivo”
Julián tenía la puerta abierta
Julián como momia lleno de vendas
Con la boca abierta de dolor de vida lleno de vendas.
Se arrancaba las costras estiraba la cara
Se despegaba la piel muerta la necrosis
-su mirada-
No sé si se arrepiente pero le duele
-su mirada-.
las costras la piel abierta la grasa blanca
la roja venda.
Regresé con los otros
demasiada sal en las llagas nos fuimos al río.
El río serpenteaba caudales era un laberinto de agua
era un hilo.
Escalamos su escama llegamos al pozo en su fondo está El Cura
Un respeto al suicidio nos alejó del Pozo el reggaetón y sus camionetas.

Seguimos subiendo hasta el manantial seguimos subiendo:
un claro de bosque
mosaicos de cristales destellaban al sol en la corriente
traspasamos el portal entramos al Hylas de Waterhouse.
Nuestras ninfas se desnudaron
se desnudaron y se fueron al agua
su piel traslucía tras el velo del agua
Flotan en el agua le acaricia un pezón las bautiza
Se doran al sol sobre una roca
las Danaë de Klimt
el ensueño.

Nadie se toca todos se ven
Nos vemos nos paladeamos con los ojos
sin hambre sin deseo.
Con curiosidad disimulada y esquiva
con placidez con afecto.
Preadámicos en nuestra primera inocencia,
esta era nuestra Arcadia…
Pero los sueños son breves y es trágico el mundo
Hay que volver a la tierra salir de las pinturas
cae la noche vivimos en Venezuela
la oscurana que come
los motores que rugen en los nervios
(Y aún no estallaba la guerra).
Volvimos a la costa
la misma costa de las costras y las vendas
a liberar vida a la vorágine a la tragedia.

Tortugas cardón recién nacidas
Tortugas cardón moteadas de blanco
Sus huevos todavía están frescos
La madre anida donde nace.
Ellas nacieron y ahora caminan al mundo
sesenta días de sueño y ahora caminan al mundo
Son torpes se desorientan el mar las llama algunas no escuchan
dejan su estela de mínimas huellas
Aún tienen sueño la ola las llama agitando su mano
como a niños que no quieren ir al colegio.
Otras van decididas con rumbo fijo hacia la espesura
la mar la revuelca
la mar la revuelca la escupe la devuelve a la arena
la mar la revuelca la escupe la traga y se pierde para siempre No se ve más
Una que otra nada las otras se pierden
Solas
En el manto negro del agua
tras el juego de los amantes.

Serán alimento.
Solas les aguarda la muerte
Liberamos vida arrojándola a la muerte
Así siempre ha sido.
Un par sobrevivirá viajará hasta Lemuria y volverá a esta costa a poner sus huevos
para que muchos mueran y un nuevo par complete el anillo.
Sin ningún sentido
más que girar en sí mismo.


Todo está lleno de dioses,
decían los milesios.

Pero seguimos viajando y seguimos viviendo y seguimos…
Al día siguiente regresábamos y volvía nuestra muerte
volvía la oficina la vida maloliente el desamor los trabajos y los días
la vida novida
(todo vuelve maldita sea que todo vuelve)
Bergman aguardaba con su ajedrez en la silla


Y corremos para alcanzar al sol pero se hunde
Cantamos Pink Floyd cantamos The Doors

Gotta keep on risin
risin risin
Pero se acaba el tiempo

Se estrechan los límites entre la arena de Caín
y las olas de Ulises

Leímos el Transiberiano
De la voz de Cendrars viajamos el Transiberiano
-Un viejo monje nos cuenta la leyenda de Novgorod-
el sol ya se hundía en otras costas.

Tomamos el Transiberiano hasta Urama
de nuevo el reggaetón las tetas falsas la vanidad hueca.
Huimos nos alejamos
Martín conocía el lugar nos iniciaba en sus misterios
Nuestro hierofante nos condujo al borde de la arena abrió las aguas emergió un peñasco
Nos sumergimos en el agua era una cueva
en su centro un trono gigante de piedra.
Estábamos en la vagina de la cueva el mar rompía contra su vulva
la embestía la penetraba con haces de prismas
Aquel dios rompía su semen contra la vulva y bañaba su trono
Las olas retumbaban en el eco de la cueva:
orgasmos geológicos pequeña muerte submarina

Cantamos Oms para las olas nos bañamos en lo sagrado
en las huellas de los dioses huidos
como infantes que celebran en el vientre los amores de sus padres
Yab-yum tántrico entre la tierra y el océano.

Pero todo cambia los tronos tiemblan caen pierden majestad
ya no era trono sino roca
no era vulva sino roca
y hubo que parirnos antes de que el sueño se secara
Antes que la tragedia nos alcanzara
Antes que Perseo nos mirara inadvertido con la cabeza de la Gorgona.

La Gorgona miró a Michael en el mar abierto
El agua lo mecía estaba insolado se quedó dormido
un exceso de vida le robaba el aliento
como una gota hecha burbuja explota en el aire
se durmió y la mar se hizo su madre con su seno profundo y sus olas de sabana negra
lo arropó
se ahogaba
hubo que salvarlo
porque algo nos dice que la muerte es un orgasmo y hay que retardarlo
postergar el placer postergar la muerte postergar el salario
y el salario es la vida
hasta que un día se agota y morimos de hambre
para siempre morimos de hambre.

Michael se hunde con el sol se hunde con el viaje
todo se lo lleva el mar ya este viaje no existe lo salvamos todo cesa
volvemos a rebotar entre los dientes babeados del día ritornello
Sin relámpagos sin estrellas sin cardones sin ninfas ni sirenas
La partida de ajedrez siempre nos llega.

Todos lo saben pero siempre lo olvidan
la danza en la cuerda floja la alegría de resbalar sobre el abismo
todo cambia todo deviene todo se repite la vida anillada
Infinitas veces.
El roce me saca callos en la vida
una aspereza de nada
una contradicción invisible.

El cosmos es un fuego siempre vivo, decía el Efesio.

~

Iván Gómez (Caracas, 1993). Politólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela, actualmente cursando una Maestría en Filosofía en la Universidad Simón Bolívar. Tallerista del poeta Armando Rojas Guardia desde marzo de 2016. Actualmente se desempeña como escritor y jefe de edición en el diario www.criptonoticias.com.

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