Cinco poemas de Esther Pineda G. (Caracas, 1985) ~

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Karolin Schnoor

Silencio

La feminidad
durante siglos ha sido
una condena de silencio.
En la historia
el hombre se negó a reconocer
a la mujer como su igual.
Los libros las silenciaron,
las obviaron,
las ignoraron,
las desaparecieron,
y la niña que en la escuela
se atrevió a preguntar el motivo
rápidamente
se le administró castigo.
En la casa familiar
el mandato era paterno:
las mujeres lavan, cocinan, limpian,
los hombres producen y administran
propiedades y dinero.
Al llegar a casa esperan atenciones, complacencias
una cena caliente
y un cuerpo dispuesto,
a la esposa que se niega
por la fuerza,
el sexo le es impuesto.
Al trabajo accedieron
cuando ellos lo quisieron,
víctimas de acoso
con menor paga
y en peores puestos.
Cuando ellas ascendieron
nadie pensó que hicieron mérito,
el rumor apareció
haciendo lo suyo en ese evento,
en los pasillos se escuchaba:
la “putería” fue la moneda
de intercambio en ese acuerdo.
Pero no bastó con ello,
los medios también invadieron
sus mentes y sus cuerpos.
Su inteligencia
su valentía
su audacia
en un antivalor
la televisión fue convirtiendo.
La publicidad,
el cine y las novelas
le vendieron la idea
de que sin belleza, un marido y un hijo,
su vida estaba incompleta,
y con esa artimaña
el poder y la voz de la mujer
Fueron reduciendo.
En los hombres también
lo propio fueron haciendo,
los enseñaron a (mal)tratar a las mujeres
y le dieron permiso para humillarlas
para acosarlas
para insultarlas
para violarlas
para matarlas…
Y cuando esa mujer condenada al silencio
por un hombre fue silenciada,
los medios no dijeron que fue asesinada
por el contrario
reseñaron que “muerta fue encontrada”,
y desfilaron en la prensa
familiares y amigos,
la policía,
expertos y testigos,
y todos concluyeron
que algo ella habría hecho
que ese macho se puso violento,
que si ella
no hubiese guardado silencio
hoy no habría crimen
ni muerta
ni vela
ni entierro.

El racismo nos vuelve extranjeros en nuestro país

Para muchos
lo más difícil de ser extranjero
es tener que explicar
es tener que responder
a la eterna,
la inacabable pregunta,
¿de dónde eres?
¿de dónde sos?
Where are you from?
D’où viens tu?
De onde é?
Da dove vieni?
Woher kommst du?
Pero más difícil
es ser extranjero
en tu país.
Ser negro es nacer extranjero
ser negro es ser ajeno
a la tierra que te vio nacer
ser negro es ser,
constantemente expulsado
con el discurso
con los gestos
con la mirada.
Desde que la memoria me asiste
recuerdo
la incesante pregunta:
¿de dónde eres?
Mi extrañeza ante la interrogante
pero, sobre todo,
la sorpresa
la incredulidad
la burla
la sospecha ante mi respuesta:
de aquí.
La insistencia de mi interlocutor
la repetición de la pregunta
esta vez
esperando ser respondida
con lo que este desea escuchar:
la afirmación de que no
no soy,
no puedo,
no debo,
ser de aquí.
Mi respuesta nuevamente:
de aquí
sólo causa decepción
en quien me interpela.
No es suficiente
mi respuesta no le basta
no le satisface.
Ahora,
el pertinaz cuestionador
quiere saber de mi familia
de dónde son
cuántos son
cómo son
para encontrarle sentido
a lo que para él
es un absurdo,
un despropósito.
que yo
al igual que él
nací aquí,
que mi piel negra
al igual
que la suya blanca
es también de este país.
El racismo
nos vuelve extranjeros
en nuestro país:
yo soy extranjera
desde que nací.

Me gusta esperarte y saber que estás por venir

Me gusta esperarte
Y sentir la emoción de que estás por venir,
Me gusta imaginarme
Cómo lucirás,
Cuán hermosa vendrás,
Pero sobre todo
Cómo será tu sonrisa al verme.
Cómo será mi sonrisa al verte.
Cómo brillarán nuestras miradas ante el inminente encuentro.
Me gusta estar contigo,
Sentirte cerca,
Sentir tu presencia.
Saberte ahí.
Me gusta saberte nerviosa cuando estás a mi lado.
Sentir tu calor,
Escuchar tu respiración,
Mirar las goticas de sudor en tu labio superior.
Me gusta mirarte a los ojos
Porque son un laberinto donde quiero –y puedo- perderme.
Me gusta mirarte porque tu mirada es adictiva,
Porque tus ojos son profundos
Pero sobre todo sinceros.
Un portal a tu corazón.
Me gusta mirarte sin parar
Hasta que el saberte descubierta en tus emociones te hace dejar de mirarme.
Me gusta mirarte sin parar
Hasta que el saberme descubierta en mis ganas de besarte me hace dejar de mirarte.
Me gusta contemplar tu boca,
Tus labios delgados y rosados
Como una pequeña, rica y jugosa fruta a saborear.
Me gusta mirar tu cuerpo
Porque es un templo para el amor,
Me gusta rozar tu piel “por casualidad”,
Sentir tu olor,
Sentir la energía que emana de nuestros cuerpos al acercarnos.
Me gusta acariciarte
Porque tu piel es un paraíso de sensaciones.
Me gusta sentir mis manos en ti,
Tocar tu piel suave y
Saber que lo disfrutas.
Sentir que tu piel y tu cuerpo reaccionan a mí.
Me gusta cuando llegas
Porque transformas mi día.
Y aunque me gusta menos
También me gusta cuando te vas
Porque vuelvo a imaginar cómo vendrás.

Algo mejor

Te abres
Te muestras
Te expones
Te desnudas
Y no eres suficiente.
La puerta da contra tus narices,
Las ropas te son devueltas
Y con ellas,
Tu dignidad pisoteada.
El rechazo duele más que la muerte porque estás ahí para presenciarla
El desamor se queda en tu memoria porque es el aniquilamiento de tu ser
El ideal derrumbado
El descubrimiento de la imperfección
El desprecio de lo ofrecido.
La continuidad de la búsqueda
La confianza del otro en poder hallar “algo mejor”

No quise conformarme y decidí ser escritora

No quise conformarme
y ser reproductora.
No quise reproducir tu vida,
ni tus hijos en mi vientre,
ni que recayera en mí
la pesada obligación
de mantener la especie.
No quise conformarme
con ver la vida a través de la ventana,
de ser abnegada,
de sacrificarme,
de vivir para otros,
de olvidarme.
No quise conformarme
con alegrarme por tus logros,
ni los de ellos,
sino por lo míos,
quise estar orgullosa
de lo que logré hacer conmigo.
No quise conformarme
y ser reproductora,
y decidí ser creadora.
Hacedora de mi destino,
creadora de sueños,
productora de ideas,
destructora de mitos.
No quise conformarme
y ser reproductora,
y me hice creadora.
Engendrando ideas,
gestando paradigmas,
pariendo libros,
y criando libertad.
No quise conformarme
y decidí ser escritora.

~

Esther Pineda G. (Caracas, 1985). Socióloga (2010), Magíster Scientiarum en Estudios de la Mujer (2013), Doctora en Ciencias Sociales (2015) y Postdoctora en Ciencias Sociales (2017) egresada de la Universidad Central de Venezuela. Columnista en diversos medios de comunicación. Investigadora y conferencista en los temas de igualdad de género, discriminación racial y derechos Lgbti. Autora de los libros: Roles de Género y Sexismo en seis discursos sobre la Familia Nuclear (2011). Apuntes sobre el amor (2013). Bellas para morir. El establecimiento del canon de belleza femenina como una nueva forma de misoginia (2014). Racismo, endorracismo y resistencia (2014). Las mujeres en los dibujos animados de televisión (2015). Racismo y brutalidad policial en Estados Unidos (2017). Machismo y Vindicación. La mujer en el pensamiento sociofilosófico (2017), entre otros.

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