Ectópica, por Emilia Lee (Venezuela, 1964) ~

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Aitch

Y desperté ahí, sin signos vitales, decían. Mirando sus caras con tapabocas, con ojos indistinguibles, de esos que no quieren mirar.

¡Desperté! Sí, más vital que nunca, queriendo levantarme para preguntar qué sucedía sin poder hacerlo, atada a mi posición horizontal y cubierta con una sábana estéril y blanca.

Seguidamente, fui tomada por brazos y pies, colocada sobre una superficie inoxidable y fría, tan fría que muy rápido se fueron congelando mi cóccix y una a una mis vértebras. Cayendo lentamente en cuenta de que mi corazón no palpitaba. Una vez más y ya con la exaltada emoción de la incertidumbre, me incorporé y al hacerlo pude observar como las paredes, puertas y ventanas del pasillo por donde era trasladada, me atravesaban sin hacerme daño, traspasando sobre una camilla las puertas batientes del lugar sin necesidad de empujarlas.

Llevada a no sé dónde, alcé mi mano hacia el conductor de mi desconocido destino, un hombre grande y obeso. Al alcanzar su pecho para llamar su atención, aterrada vi mi mano adentrarse en su tórax, quedando atrapada por un instante entre sus dos pulmones a mitad de la inspiración. Retiré mi mano despavorida, asqueada, con la sensación aun del pulso de la sangre caliente de sus arterias, que encharcadas de colesterol me dejaban la mano embadurnada de una suerte de grasa ácida y rancia.

Fue un trayecto breve y muy largo, a la vez quedando mis sentidos sometidos al curso del libre albedrío de miles de imágenes que se agolpaban martillándome las sienes. Sonidos, colores, sabores y olores, regresaban a mí, desde el recuerdo a manera de flashes interminables. Infancia, nacimiento, juventud, adultez, estancia intrauterina, inclusive. Mientras me gestaba mi madre en su vientre, acudían al paseo en total desorden y anarquía.

Moví la cabeza varias veces para no dormirme, perder la vigilia ni la conciencia, presenciando en shock una realidad que no entendía.

Cerré entonces los ojos con una extraña resignación, abandonándome al transcurrir del momento, queriendo conectarme a mi respiración que ya no existía.

Intenté recordar cómo había llegado allí. Traté de evocar el momento inmediatamente anterior al presente, pero mi recuerdo no llegaba más allá del instante en el que mi mano palpó el bombeo del corazón de aquel infeliz al invadir sus pleuras.

Comencé a darme cuenta que, el que hasta hace poco era mi cuerpo, mi espacio, mi habitación, no obedecía a mis órdenes músculo tendinosas. Una vez cerrados mis ojos no pude abrirlos más, a pesar de que no necesitaba abrirlos para observar todo con absoluta nitidez. Mi respiración estaba afuera, inundándolo todo, mi corazón me gravitaba saltando la cuerda con mis arterias y venas.

Estaba yo fuera de mí, ectópica, paradójicamente más centrada que nunca, ocupando un lugar que sentía me correspondía.

El clic metálico de una puerta que se cerraba me trajo de regreso de mi alucinación, me hallé entonces desnuda, sin sábanas, a oscuras, en el silencio más absoluto de una morgue; yacía ahí sin recuerdos, despierta, sin signos vitales, con la temperatura que continuaba disminuyendo paulatinamente a menos cero, quedé finalmente inerte en burbujeante quietud. En una sala de partos contigua, una mujer retorcida del dolor gritaba y pujaba, pero aquel era un dolor feliz, a ratos ella oraba al cielo para que las horas se hicieran minutos, segundos; desde arriba pude ver su rostro sonreído, de bienvenida. Al amanecer me esperaba para darme una nueva piel.

~

Emilia Lee (Maracay, 1964). Médico Universidad de Carabobo 1991, especialista en Medicina Ocupacional y Medicina Tradicional China, Coach y PNL Practitioner. Escribo poesía en verso libre, prosa poética, microrrelato y cuento. Participante de talleres de Poesía con el poeta Ramón Ordaz y el poeta y dramaturgo Rodolfo Rodríguez (Casa Nacional de las Letras Andrés Bello). En septiembre de 2012 organicé el Primer Encuentro Intercontinental del Club de las Poetisas, comunidad poética del Facebook de la cual fui integrante; asistiendo al evento poetisas de España y Argentina. En la actualidad conformo el círculo de Poesía femenina Mujeres en Verso isla de Margarita junto a la Poetisa asuntina Magaly Salazar Sanabria participando en eventos culturales poéticos-musicales en la región insular desde el año 2013. Mis poemas han sido publicados en varios portales poéticos de la web: El Faro de Chile, Poetas Hispanos, Poetas del Mundo, Poemas del Alma, Circulo Latinoamericano de Escritores, entre otros. Escribo dos portales web: Vuelos de dragón y La mujer de abril bajo el seudónimo La mujer de abril. Resido en la isla de Margarita.

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