Cinco poemas de Daniel. C. Aro (Venezuela, 1992) ~

Anna Atkins, cyanotype, 1844 (1)

Anna Atkins, Cyanotype, 1844

 

(c-h.i-c.k)

fumo 
                  e 
                                intento
                                                                   diferenciar la huida

 

del                                                                                                               humo

                                 

                                                       del de las

 

                                              palabras


cuando cansado

                                                                                                        el tiempo se desvela

deambulando en su quehacer
satánico de hacerme ver su paso
con obstinada insistencia.

                                                      (glug)
                                                       Mastico el ron vetusto
                                                       de un pretérito que humedece
                                                       el significado y
lamo el tufo de mi propia asfixia
sometiendo a f(r)icción y a desgaste y a disolución
                                      el olvido
                                      su olvido 

en el desabrido amor de una blanquilla

                                                                                                               la vida es un mal
                                                                                                                         (entendido).

Júbilo

Cuando por fin hable no dejes que me calle
porque habré muerto y yo soy un excelente vivo.
Mi voz (in)existente, dice, no puede
ser oída por los que hablan
sino por los que ven.
Hablando
la ausencia me dijo una vez
que le parecía la mejor de las compañías.
Hablando, la lámina de zinc, cuando
se sentó a descansar, me confirmó
que hace más de dos años que nadie pasa por acá.
La olla donde se hacía el arroz, tanteando dónde
esconderse dice
que le encantaría la usaran para hacer pasta
pero que ni eso.
De tanto darle vueltas al asunto
la licuadora concluyó:
que lo mejor sería irse rodando
mudarse a una cabellera
porque
aquí no hay presente
que tanto el tenedor como el cuchillo al igual que la cuchara
viven empolvados de nostalgia
manoseando un fecundo pasado
que infertiliza el presente, que
no es tal, insiste ella.
La silla se quedó tiesa mientras contaba monedas
cuando le pregunté si podía sentarme
¿acaso que para eso estoy?, me dijo.
Un chorro de luz salió del fregadero
cuando fui a preguntarle si podía lavarme las manos en su agua
¿agua?, yo solo doy luz, me dijo, luz sucia.
Seguro la puerta le soluciona, señaló. Yo estoy aquí para bailar.
A esta la encontré durmiendo detrás del cielo y la dejé estar.
A diferencia de lo que creíamos
cuando esto empezó, me dice la sábana;
nos hacemos más distantes
y no más cercanos mientras menos quedamos.
Que se digne alguien en poner el ojo en los que se quedan.
Que alguna gota incolora y salubre se (des)escale de él por los que se quedaron.
Que algún dedo acusador nos señale legitimándonos.
y que alguna palabra nos enuncie fijándonos, soterrándonos finalmente
al aire al que estamos sembrados
en el silencio que nació conmigo.

Permiso para (no) estar

No aprecié nunca lo que es una compañía
hasta que, en el cenáculo de la
conglomeración, me silenció
la necesidad de ser una.

Porque fui más de lo que no soy;
rapaz fluir del sol ensordecedor:
de silencio, lámina y tapia sucia
de molesto y escollo y repulsión, amigo. 

Sube – baja – calma

El golpe del peso invisible que se incrusta en el centro del palpitar
se acopla
te invade
te confunde con la inmanencia de la existencia
y eres uno.
No con nadie.
Eres total.
Finito.
Eres olvido. No eres olvidado.
Entiendes, por fin, cómo es que se mueve la víbora porque eres ella.
Eres todos.
Bam-bam.bam
Y cuando desgarras la tapa del contendedor

trasciendes aquel grito que ya viene de venida
y se instala en tus entrañas a beber luz.
No te reconoces en tu voz. Era obvio.
Niegas con la cabeza en señal de asentimiento.
Es el sí más grande de tu vida.
Y explota.
Te juras que nunca habías visto tanto el cielo como cuando cerraste los ojos y te entregaste.
Que nunca habías visto tanta luz.
Que nunca creíste en eso del espíritu humano hasta hoy que eres él.
Que nunca nadie ha volado tan alto ni tan lejos como tú que estás clavado a la tierra móvil de tus pies y te hundes tan dentro. Estás tan dentro que estás fuera, viéndote cómo otro más
lo feliz que eres en el instante. Te sonríes (in)crédulo. Qué bolas.
Desde fuera te analizas cada movimiento y piensas que tu miseria es proporcional a la dicha que te puedes dar.
Son moradas las estrellas, dices. Son, de hecho, moradas. (Pero no ha de saberlo nadie)
Ninguna vez habías sido tanto tú como hoy.
Y te preguntan; cómo coño es que tripeas tanto esa vaina.
Congoja. Abatimiento. Agonía, dices. (Pero no lo haces)
Tristeza comprimida esperando que…
Y explota.
Niegas con la cabeza en señal de asentimiento el sí más grande de tu vida.

Acento

a bucky 

me conoces y te enteras que lo único real en mí es la amistad
que no (doy/soy) hay nada más
que la idolatro
que me postra
       me humilla
            me atesta
que solo ella me duele
                      me hunde.

a) mí.

Se me tilda
de maníaco
de amenazante
de excesivo
extravagante
narcisista  
irreverente
depresivo.
Se me acusa
(menosprecia) entre mis más amados
de ser débil
                         al darle excesiva importancia a lo que es mío: a la gente, a los amigos, al
                                                                                                                         instante entre ellos.

de dar demasiado
de darlo todo.
de oda-rsicar con entusiasmo al otro
de hacerme a un lado siempre
                                que el camino es harto ancho y en cambio transponerme cuando se
                                                                                                                       afirma la angostura.

de ser el más egoísta
de hacerme objeto de burla
de lástima.
De llorón.
Soy todo eso. Soy el objeto corpóreo de tus desprecios.
Una pena (que no se llora) que conozcan tan poco.
yo
yo no soy yo.
yo
yo soy ellos y sin ellos no hay yo.
corazón no es casa que
habitamos
sino que nos
habitan.

b)

quiere mucho
que te enseñen
que el vínculo es
circunstancial
que el tenedor
            cuando se dobla
            hay que desplazarlo
que(da) igual
que
            qué importa
que en todas partes hay de esos
que el valor no es valor
que no hay doblez
que no hay tenedor.

c)

para cansarme
camino
deambulo
la sala de una casa vacía.
para cansarme
bailo
apago la luz y
bailo
con ella:
la ausencia.
para cansarme
grito
al sueño.
no

al descanso que no llega.

d) es

el que mejor salió decía, al que no quebraron, decía
sales, salgo porque cuál es la insistencia en ocultarse tras una voz poética.
se trata destilo, dice, se trata destética, se trata delenguaje, dicede la lengua
la lengua eseente inerte que subebajacorresencarama, secretea ahora calladamente frente a la inconsistencia relativa del referente no referenciado que no asimila la salida
sales, decía, visiblemente inquebrantado
caminas
                 caminas. mejor que los otros tres, el mejor, siempre el mejor.
te yergues ante la quebrantación de un fémur o de un esternón
que me abracen, dices, a mí sí pueden, dices, dices muchas cosas que nadie escucha entonces te quiebras porque: ¿las dices?  
las escribes, dices, las escribes, pero nadie las lee
entonces te quiebras porque: ¿las escribes?
tintineas cuando caminas por los pedazos de escombros
no que cargas
sino que eres
y qué molesto un tintieneo constante que recuerda todo lo que anda mal.
una pizarra en blanco es tu memoria
o en negro, para que combine contigo
no quisiste enmendarte porque dolía demasiado.
¿A quién le dices ahora que tu tentación por desaparecer se espabiló desde que estuvo tan cerca de concretarse y que lamentas no haya sido el caso? (In)concrención. (Im)pertenencia. (In)betweeneado, estiras la cabeza hacia atrás mientras oyes el bit del lofi hip hop que te pasó el bucky, la reclinas y escuchas el timbre. uno tan silenciador que te desmaya cuando andas en la calle. Y vuelves a despertar gritando porque los otros se hayan, pero tú, dentro de la bruma, no hay un que se acentúe.

*

Daniel. C. Aro (Venezuela, 1992)

Comenta aquí ~

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s