Cuatro poemas de Adelmar Ramírez (El Paso, Texas, 1989) ~

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Fran Skiles

Shaman King

es la cueva la que borra las marcas distintivas.
En esa oscuridad, todo apunta hacia el clivaje.
No le queda más que enterrarse de humanidad…
pues todos saben que está fingiendo,
que ha removido sus títulos de la pared y llamado a la cueva
un espacio que sólo se carga de sentido cuando se recorre.
Piensa qué efímero es marchar por la misma ruta
depender del mismo canto
para tatuarse su retorno
al aquelarre. No le queda más que cerrar
los ojos para buscar la bruma escandalosa de esa persona
que extravió en su cuerpo.
Persona que prende el televisor para resolver crucigramas
y se enjuaga de sí como quien barre la banqueta con baldes de agua.
Cueva de donde nadie quiere salir,
oscuridad obediente e infiel.
El patrón del vacío nunca puede repetirse
pero lo intenta.
Y en esa repetición yace el sesgado repertorio del observador
que decide esconderse bajo el apremio
de pasar una noche más viendo caricaturas.

Casa de campo

El calor será nuestra excusa favorita para las cosas que salen mal
y las tempestades nos recordarán con cariño.
En esta casa, dijiste, encontramos el día equivocado
para ser. Sin embargo, la contrapartida espera.
Bastaría quitarle la pegatina a una manzana
y ponerla, sin que lo notes, en tu frente
como diciendo qué buena eres
como diciendo un día será una estrella de verdad.

Paradoja de Schrödinger

Colocas a un gato en una caja
(sabiendo, de antemano,
que a ella no le gustan los gatos). Dentro, se deja

un matraz con veneno y sustancia radiactiva

(ella gatea en los renglones de una bitácora

bajo un lápiz fundido; el día es solo un dispositivo
desde que empezaron las hipótesis

relacionadas al cuadro en la pared que la tiene

riendo). Se alista un cronómetro y los rasguños marcan
la caja por dentro. Ahí radica la paradoja:
en esa salpicadura privada de hábitat. El hecho de observar
modifica el cuerpo superpuesto a las venas del universo,

donde el fruto son cabellos pasteurizados sobre la piel,
mientras que la relación entre el observador y el sistema
son ahora números blandos.

La cuántica indica
que al abrir la caja

la mujer no estará y eso solo podrá significar una cosa:
el científico se ha cansado
de repetir el mismo experimento.
Así, un buen día, cuelga la bata blanca, deja el gafete sobre la mesa
y se despide afectuosamente de su esqueleto.

es inútil          la marioneta toca en sus hilos una canción
para no dormirse, recordando sentir en la mano
la caricia del habla. Es esa música de doble vista
-sostenida por puntales-,
que alegra tiempos de corte y la deja
reconocerse con un simple nudo entre sus dedos.

~

Adelmar Ramírez (El Paso, Texas, 1989). Estudió una doble licenciatura en Psicología y Escritura Creativa en la Universidad de Texas en El Paso, además de una Maestría en Escritura. Ha publicado en Río Grande Review, Revista de Literatura Mexicana Contemporánea (colaborando con el congreso de igual nombre), la revista Opción del D.F., Revista Albedrío y en Círculo de Poesía. En 2014 apareció en la antología de poesía joven mexicana “Poetas parricidas: generación entre siglos”. Fue finalista del Premio Fundación Loewe (España) en 2013. Actualmente cursa un doctorado en literatura hispánica en la Universidad de California en Los Ángeles.

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