Cinco poemas de «Agonía de los días terrestres» de Ricardo Montiel (Maracaibo, 1982) ~

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Ricardo Montiel (Maracaibo, Venezuela, 1982). Es autor del libro de poemas Ciudad blanca sobre fondo blanco (Maracaibo, Ediciones del Movimiento, 2015) y Agonía de los días terrestres (Buenos Aires, Caleta Olivia – Rangún Editores, 2018). Ha colaborado para medios impresos y digitales de Argentina, Costa Rica, España, México, Colombia y Venezuela. Coedita la revista digital “Merece una reseña”. Reside en Argentina desde 2007.

Estos poemas pertenecen al libro Agonía de los días terrestres (2018) publicado en Argentina por Caleta Olivia – Rangún.

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Una cierta nostalgia por algo

¿Dónde habrá quedado
la caja que nos falta
del inventario que no hicimos?
¿En el camión? ¿En una esquina retirada y
oscura
del placard que en una última inspección
dimos por vacío?
Cambiamos el color de las paredes. Imponemos
nuestra lógica de muebles y clavos;
lámparas que, como en una exhibición,
graduamos a la atmósfera que la obra,
nuestra obra adaptada al ambiente
de esporádico relevo, demanda.
Pero cómo nos cuesta olvidar
la caja extraviada. ¿Qué era
lo que había en su interior?
¿Algo que una vez decidimos
apartar de nuestra vista intentando
apartar así de nuestra mente? ¿Algo
de lo que no conseguíamos
desapegarnos?
Tras la logística de desplazamiento
queda cierta nostalgia por algo
que una vez consideramos
de importancia relativa.

Partitura

El comienzo es grandilocuente.
Luego viene la depuración.
Como esta lluvia que inició con impaciencia
su descenso, ahora reducida
a una intermitencia en los techos
de metal. Entretenido
en mi retraso y sin planes
de moverme de la cama, oigo
el débil bombardeo imaginando
esta posible partitura:
la nublada ciudad convertida
en un espejo horizontal,
alguien que pisa y deshace
su reflejo sin notarlo,
alguien que pisa y reconoce
su inestable identidad.

La pérdida

El plomero depone
su pesada herramienta.
Secándose la frente
con el dorso del puño,
avisa que no halla
la pérdida.
Nos faltan los vidrios
de algunas ventanas, y es cierto
que hay épocas en que no
conectamos. Sin embargo,
como el hombre que retoma su herramienta
de rodillas en el baño destrozado,
insistimos ante la inminente
inundación.

Últimos reportes

Hay eventos que toman
toda una vida comprender. Pero
¿por qué asumir que la vida
es el único instrumento
fiable de medición?
Es el tiempo y las circunstancias;
son las circunstancias las que hacen
al tiempo. Buenos Aires,
a donde siempre alguien llega
a continuar o a intentar
huir de lo continuado. Pero esto
no es más que un concepto
difuso, como todos
los que surgen a esta hora
en que no sé qué decir:
hay versos tachados,
una taza con un fondo
impreso de algo oscuro,
el inicio
de una noche que se ofrece
como un avión sepultado en la selva
que puede todavía funcionar.

Una ley

Caminan juntos al atardecer. Ambos desean
–cada uno a su manera– el viaje sin retorno. De dónde
provenga tal hambre, no importa. Los ojos
extranjeros se fijan
en caras fugaces en las
ventanillas del tren, en la sombra
extraña que se cierne
sobre el hueso dislocado de un paraguas
en el seco pavimento. La casa
que comparten no está lejos. Si se trata
de volver, se esmeran en crear un laberinto
que incluye callejones sin salida. Decretan,
sosteniendo una bolsa con algunas
menudencias del supermercado,
algo que parece una ley:
si se está demasiado cerca
desprenderse y revolotear
como la mosca que predice
su eventual petrificación.

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