Sexismo y objetificación en “The Night” de Rodrigo Blanco Calderón, por Sofía Pereda ~

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A propósito del reconocimiento que recibió The Night, la novela de Rodrigo Blanco Calderón, en la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, decidí que era hora de leerla. Publicitada como una imagen auténtica de la decadente Caracas arrasada por el chavismo, imaginaba a The Night como una estampa de la ciudad en la que crecí, pintada a través de los personajes que hacían vida en ella. Sin embargo, no encontré tal cosa; The Night apenas pasa ratos en Caracas, mientras que gran parte del libro se desarrolla en el exilio que los personajes son obligados a tomar. París, Varsovia e incluso Atenas están tan presentes como Caracas, no como protagonistas, si no como meras espectadoras.

No fue esa la razón del sinsabor que me dejó el libro. Blanco Calderón es un narrador impecable, que logra interconectar historias aparentemente ajenas entre ellas, y escribir de teoría literaria, música y arte en un libro que, al principio, no prometía tal cosa. A pesar de esto, hubo un punto fundamental que me impidió disfrutar de la novela: The Night es tan sexista como la ciudad (y el país) que pretende describir.

1.

Gran parte de la novela gira en torno a dos de los casos de violencia más estrepitosos de la década pasada: el secuestro de Linda Loaiza López y el asesinato de Roxana Vargas a manos de su psiquiatra, Edmundo Chirinos. Vargas tiene apariciones breves en el libro bajo el pseudónimo de Rosalinda Villegas, una mujer con desórdenes alimenticios que decide buscar ayuda psiquiátrica. Mientras que la vida de Chirinos, Edmond Montesinos en la novela, es narrada a cabalidad, Villegas es reducida a su condición y su mundo existe entorno a lo que otros piensan de ella. Su individualidad y complejidad desaparecen, Rosalinda no es más que un medio para hablar de Montesinos: el psiquiatra, el rector, el violador, el asesino.

Lo mismo es cierto de Linda Loaiza López Soto, a quien Blanco Calderón ni siquiera da un origen concreto. En The Night, Linda no es más que la violencia de la que fue víctima: secuestrada en el 2001, López Soto fue torturada y abusada sexualmente durante 4 meses antes de que lograra pedir ayuda. En la historia de Linda, lo que no se cuenta es importante: no solo sobrevivió; en 2011, obtuvo su título como abogada y llevó su caso hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde denunció la negligencia del estado venezolano. La Corte falló a su favor y el Estado se vio en la obligación de admitir su responsabilidad en el caso, derivada de “la violación de los derechos a las garantías judiciales, protección judicial y el deber de investigar actos de violencia contra la mujer” sustentada en 8 artículos de la Convención Americana.

Nada de esto es relevante en The Night. El autor se limita a replicar las sospechas de la prensa sobre Lila Hernández, el nombre que toma López Soto en el libro, centrada en saber si “era prostituta o no”, y a cuestionar su pasado como modelo, porque “había que reconocer, según las fotos de ella anteriores a las vejaciones que sufrió, que no era particularmente hermosa” (292).

No hay redención para ninguna de las dos. Por el contrario, se suman a las muchas otras historias de víctimas convertidas en estadísticas, completamente deshumanizadas. Mujeres que estaban paradas en el lugar equivocado y en el momento equivocado, y cuyas historias ahora sirven de puro entretenimiento.

2.

Los personajes ficticios no corren con mucha más suerte. Por el contrario, la ficción permite a Blanco Calderón describir a sus personajes femeninos con aún menor respeto, dejando claro que sus existencias tan solo complementan la de sus protagonistas. Margarita, quien recibe más atención, es presentada como víctima o como objeto sexual: Álamo quiere tener sexo con ella y Ardiles quiere rescatarla.

Margarita es “robusta sin dejar de ser hermosa” (72) (¡qué generoso!) y sus ojos de cordero la muestran en peligro. Los momentos que Blanco Calderón dedica al mundo interno de Margarita resultan insuficientes; a pesar de proveer una razón a sus conductas erráticas, su destino es sellado a espaldas de la audiencia y sin mayores indagaciones: ella y su mamá son asesinadas a manos de un novio que escapa a Colombia impune. Otra más.

A Margarita la acompañan al menos dos mujeres más que, aunque no son asesinadas durante la novela, su unidimensional historia hace cuestionar si en algún momento estuvieron vivas. Sarita Calcaño, “hermosa, inteligente y divertida” (61), es una versión venezolana de la manic pixie dream girl: Miss Venezuela, medio hippie, adinerada y puta. En algún momento, el libro revela que cae en la indigencia, pero la explicación nunca llega (la putería, quizás), como si su indigencia o el resto de su vida fuera solo un hecho curioso. Belén vive el mismo rol que Sara pero en París, en donde, más allá de tener sexo con los hombres que la rodean, no parece hacer más nada, “también era artista, pero intuía que sus obras siempre serían menos que todo lo que Darío había decidido hacer” (178). Del arte de Belén (o de alguna de sus aspiraciones no sexuales) no se vuelve a hablar, sin embargo, el narrador atina a explicar que “Belén era una mujer tonta y peligrosa” –por puta, claro.

Estos adjetivos se mantienen a lo largo de la novela, donde la mayoría de las mujeres que hacen apariciones (aunque sean breves) son descritas a través de los ojos de los hombres que las rodean, en términos sexuales o despectivos: atractiva, hermosa, hermosísima, no era particularmente hermosa, muy bella, increíblemente bella, bellísima, maldita rubia despampanante, idiota, tonta, viciosa, loca, insoportable, alocada, rolliza… la lista sigue. Incluso Antonieta Madrid, una escritora y diplomática con una carrera envidiable a quien, además, Blanco Calderón agradece por la ayuda que brindó, es reducida a su físico: Madrid es descrita como “hermosa” en tres ocasiones distintas. El adjetivo es usado para describir a personajes femeninos en 17 ocasiones diferentes; en ningún momento para personajes masculinos.

3.

Al investigar un poco más acerca de la III Bienal Mario Vargas Llosa, descubrí que el evento había estado rodeado de polémica debido a la poca representación femenina; más de un centenar de autoras y autores firmaron un manifiesto en el que expresaban su descontento por la desigualdad que la Bienal había demostrado hasta entonces.

Armas Marcelo, director de la Cátedra Vargas Llosa, argumentó que “el proceso para seleccionar a los candidatos al premio no distingue de género. Un grupo de escritores y editores leen las obras propuestas por la bienal —en esta edición comenzaron la competición unas 400 novelas— y a partir de allí los organizadores se quedaron con 10 finalistas.” (El País)

Lo que no dice Armas Marcelo es que en la corta historia de la Bienal, solo 15% de las finalistas y 20% del jurado ha sido constituido por autoras. Cuesta entonces creer que el grupo de escritores y editores sea muy diferente. ¿Quiere esto decir que los hombres son incapaces de premiar una obra escrita por una mujer? No, pero la capacidad de relacionarse con el texto sí será diferente. También quiere decir que el sexismo, al ser ajeno, pasa desapercibido, y así es como se termina premiando a un libro hermosamente escrito, pero sexista.

La Bienal Mario Vargas Llosa y su galardonado son un microcosmos que sirven para explicar la situación actual de la literatura y los pocos espacios que son cedidos a historias femeninas. Mientras éste sea el caso, seguiremos leyendo libros con mujeres hermosas, pero putas que son asesinadas sin pena ni gloria para el entretenimiento de un público que se niega a ver más allá de sus narices.

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https://elpais.com/cultura/2019/05/31/actualidad/1559270240_244388.html https://elpais.com/cultura/2019/05/28/actualidad/1559019921_612163.html https://elpais.com/cultura/2019/05/27/actualidad/1558958534_637235.html http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/seriec_362_esp.pdf

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Sofía Pereda. Escritora y guionista venezolana. Licenciada en Literatura por University of Central Florida. Trabajó como redactora para El Chigüire Bipolar, Pero Tenemos Patria y La Sopa Venezuela. Conductora y productora general del podcast de comedia El Fabuloso Show de Sofía y Estefanía, que discute temas de actualidad desde la perspectiva feminista.

4 comentarios en “Sexismo y objetificación en “The Night” de Rodrigo Blanco Calderón, por Sofía Pereda ~

  1. No entiendo el propósito de este ensayo. Empatas las decisiones creativas del autor con machismo, te las puedo creer pero no deja de ser una obra de ficción en la que el autor no está obligado a cumplir ninguna necesidad de ningún lector ¿Si el autor se enfoca en la belleza femenina es machista? Yo diría más bien baboso y limitado técnicamente. ¿Por qué el R Blanco Calderon está obligado a contar toda la historia de Linda Loaiza López Soto en la vida real si estamos hablando de ficción? Creo que R. Blanco Calderon quiso enfocarse en el monstruo que fue Chirinos y no en su víctima, lo cual me parece una mera decisión de estilo. Quizá sí refleje machismo internalizado por su parte, pero ahora mismo me es imposible recordar un libro de literatura contemporánea en donde no lea aunque sea un detalla machista que tengo que ignorar para seguir disfrutando.

    García Márquez, Bolaño, Cortázar y su Maga… Si tomamos autores más recientes tenemos a Coetzee o Phillipe Roth, ahí al menos un par de “buenos” autores y también tienen sus cosillas machistas. Por eso no entiendo a qué viene este ensayo. Te creo cuando dices que hay elementos machistas, pero bueno gracias por señalar lo obvio, meterle un buen clickbait y hacerme comentar (?). Qué increíble que un libro escrito en una sociedad machista no tuviera elementos machistas.

    Este ejercicio de escrutinio me parece inútil porque así como ella lo enfoca desde un punto de vista de género, pero yo puedo enfocarlo desde un punto de vista racial y fijarme que el autor pocas veces menciona el color de piel de sus personajes, que no tiene personajes negros o indios a pesar de que tiene pasajes en Venezuela, que pocos o ninguno provienen de Catia o Petare y ¡listo! resulta que el autor es un light racist y un clasista que nunca ha subido a un cerro. No tiene sentido ver el arte bajo ese prisma porque los que la escriben, pintan y producen son gente “normal” y si te pones a revisar cada libro o película vas a conseguir cosas así, pero bueno, tres párrafos después, whatever.

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  2. Gracias por esta reflexión tan interesante. Me conminó a leer la novela una vez más porque confieso que se me hizo tan tediosa que no logré reparar mucho en nada.

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