Palabras de presentación del libro «Chicago Express» (2019) de Álvaro Hernando, por Silvia Goldman ~

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Álvaro Hernando | Fotografía por Oriette D’Angelo

Palabras de presentación del poemario Chicago Express de Álvaro Hernando (Pandora Lobo Estepario 2019) leídas en el Instituto Cervantes el 15 de junio de 2019.

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¿Cómo es un Chicago Express? ¿Se hace rápido? ¿Llega primero? ¿Tiene paradas? ¿Es extraordinario, patente, evidente, acelerado? ¿En qué términos se expresa? ¿A dónde va lo expressed, lo acumulado? Con esta primera imagen, Álvaro Hernando nos ofrece un título que nos ubica en nuestra familiar y propia extranjería; al menos de los que estamos aquí, hoy, en Chicago, acompañándolo. Son varias las decisiones que tomamos ya desde el título, porque para nosotros, inmigrantes, el lenguaje es también una decisión, una orientación, una pronunciación: ¿decimos Chicago o Shicagou, eksprés o iksprez? ¿Pensamos la ciudad en femenino o en neutro, o esa “o” final nos arrastra –indefectiblemente- a pensar y habitar esta ciudad en masculino.  Así, nuestra experiencia lingüística deviene móvil, flexible, transitoria, asimilamos y desechamos sonidos, asociaciones, constantemente para dar cuenta de lo que significa vivir en y entre dos lenguas. Qué parte de nuestra experiencia en esta ciudad se expresa mejor en inglés y cuál en español, parece preguntarse, a veces, esta voz poética. Por eso, los 94 poemas que conforman este libro están en ambas lenguas. Para expresar, dejar expressed, lo complejo de esta vivencia.

La foto de portada de Miguel López Lemus sugiere los pliegues, los momentos en donde el skyline de concreto se junta con el inmenso lago Michigan; esto es, momentos en los que la ciudad nos ofrece su estética bipolar blanda y rígida, líquida y sólida, horizontal como el movimiento de lago y vertical como esos edificios que rascan –o rasgan-el cielo y, donde las tonalidades del azul nos hacen olvidar las insidiosas lumbres del blanco que persiste por meses. Porque, acaso, como dice al final de este libro a modo de aforismo: “el olvido escribe todos sus versos en agua”. Chicago los hace nieve.

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Chicago Express es el más reciente libro de Álvaro Hernando: poeta, maestro, antropólogo, amigo. Álvaro nos hace entrar en este libro como si nos subiéramos a ese tren suburbano,  elevado, del que habla el poema “El amor en el metro de Chicago” o, mejor dicho, como si de súbito nos convirtiéramos en uno de esos pasajeros que lo absorbe y asimila todo durante el recorrido: muecas, humores, gestos, cabellos, cuerpos, vidas. Todo le toca, todo lo absorbe, todo lo expresa, todo lo exprime, todo le duele, conmueve. Todo rasga en este poemario, bruñe, corta, chirrea, intercepta como  ese “L” que seduce, penetra, y violenta el paisaje quieto:

El suburbano es un rayo maloliente,
debería ser una raíz hecha de ruido,
pero más que bajo tierra va por el aire
y rasga el sonido de la calle a media altura.
Le amputa a uno la tranquilidad (4)

El viajero que aquí es también pasajero sabe que aquí no hay paradas, que todo es efímero, sigue con o sin nosotros, es anticipo o futuro de un tiempo express que no espera. Por eso Chicago es lo contrario de Ítaca, o es una “Ítaca lenta” como dice el poema homónimo, porque más que el destino, es un tránsito entre dos puntos, un hábitat  móvil –un “el” chirriante y caprichoso, flotante, ente el cielo y la tierra: “ Chicago flota/ Es madera y aire” nos dice. Este Ulises del siglo XXI lo que quiere es entonces amarrarse sirenas a cada pierna, para bajar, para tocar el suelo, para que lo efímero -lo express– pese un poco más, para que la pisada se hunda y sea huella, raíz, tallo que crece.

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Federico Palomera, Silvia Goldman y Álvaro Hernando 

Cuando leía Chicago Express no podía sino pensar en Poeta en Nueva York. Otra vez un poeta español, otra vez una metrópolis norteamericana, otra vez los marginales, otra vez los negros, otra vez la música, el frío, no en Harlem sino en la Michigan, en la Ohio. Pero aquí a los gestos de radical desamparo, a los “cientos de colmillos clavándose en el cielo de Chicago” (6),  le surgen esperanzas que son como rebeldías, como esas “[las] Jack-in-the-Pulpit (que) “crecen en un chasquear de dedos”; “Esas flores”, nos dice la voz poética, “son la catedral apresurada de Chicago”. Así, la naturaleza no es expulsada del paisaje, Chicago la acoge como puede, a su manera express, y mientras dura entre nosotros, dura su belleza. Es tal vez porque este poeta no ha estado aquí solo de visita, sino que ha echado raíces, hecho valijas, hecho amigos, ensayado la práctica del abrazo como sugiere en el poema “Los abrazos que aprende María”. El frío muerde aquí, es cierto,  pero trae consigo los vínculos, las posibilidades de abrigo.

Si hay una figura retórica recurrente en este poemario ésta es la sinestesia, porque lo que vemos es lo oímos o nos toca o, mejor dicho, oímos lo que vemos. Si América vuelve a despertar algo en el viajero es otra vez esa disformidad fermosa, inmensa, contradictoria, casi monstruosa. Una suerte de horror vacui por exceso, —el exceso de concreto, de altura, de velocidad, de frío, de soledad, de vacío. De ahí la necesidad de acumular, de intentar grasp, no encuentro mejor término en español, lo que se va, porque: “Todo es tan súbito en Chicago/ que se hace recuerdo inacabado/ es la vida express,” (8) nos dice el poema. A lo largo de todo el poemario persisten los ruidos, los gruñidos, las quejidos, los quebrantos: “El aire suena a música, a palabras ásperas/ y rugosas, volátiles sinsentidos” (20) y está “el óxido; gruñendo en cada curva” (6),  “aquí”, nos dice la voz poética, “la palabra es un grito, no hay susurros”(8). Por eso nos quedamos a media altura, también flotando, como en “la vida express” (8).

Si la poesía es un hallazgo del lenguaje, una manera de descubrir el paisaje, de nombrarlo por primera vez, este poemario está hecho de varios. Aquí solo cito algunos: “¡van a vivir juntas sus manos!” (154); “hay hombres que son península de terror” (158); “la historia de mí anduvo /se detuvo” (32), “En una sacudida puede leerse en el viento/toda la mitología en una espera” (38); “morir es cada día desde entonces” (54); “si estás viendo esto es porque eres hermosa”(63); o “el miedo es algo quieto /que te invita a ser miedo de uno mismo” (112) o, como en el maravilloso poema “Hoy pinto como Hopper”: “Me pinto un amigo nuevo y una amante menos. / Me pinto cosas que no pasan, que no son, que no sienten” (64). O, como en el poema “39 eclipses” donde, al estilo Gertrude Stein, las preposiciones adquieren el lugar preponderante en el verso, esto es, son lo que le da relieve y lo sostiene; quiero decir, son su skyline:

La mano sobre el pudor
El pudor en la mortaja.
La mortaja detrás de la vida.
La vida sobre la ausencia.
La ausencia antes que el olvido.
El olvido ante el silencio  (17)

Chicago Express también viene a expresar y dejarnos sus verdades, sus sentencias que expresan algo no express, algo que queda, que dura, que permanece, como esos versos que se quedan entre nosotros, como esos remates que nos esperan al final de estos poemas: “Dentro de las venas todos tenemos un amo” (42), “las luces son anuncio de la muerte,/ de la oscuridad que esconden” (46), “y hay, entonces, cierta paz en la pérdida” (58) Hay, sin duda, cierta paz también en esta pérdida para nosotros que es tu partida, Álvaro, porque te vas y te perdemos pero sabemos que hay paz, alimento y cobijo en tu viaje. Te vamos a echar de menos porque hemos echado raíces en vos, hemos hecho vínculos, hemos hecho versos, y nada de eso se siente express, aunque es Chicago, aunque es la vida.

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Silvia Goldman es poeta, docente e investigadora. Doctora en Estudios Hispánicos por la Universidad de Brown. Algunos de sus poemas y artículos académicos han sido publicados en revistas literarias de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. En el 2008 publicó su primer libro de poemas, Cinco movimientos del llanto (Ediciones de Hermes Criollo). En el 2016, la editorial Cardboardhouse Press publicó la selección de poemas No-one Rises Indifferent to Sorrow, traducida al inglés por Charlotte Whittle. Su más reciente libro de poesía, De los peces la sed, se publicó en el año 2018 de la mano de la editorial Pandora Lobo Estepario. Actualmente enseña en la Universidad de DePaul en Chicago.

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