Un poema de David Gutiérrez Pichardo (Nezahualcóyotl, 1999)

David Gutiérrez Pichardo (Nezahualcóyotl, 1999). Egresado de la Licenciatura en Lengua y Literatura Modernas Francesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha publicado en las revistas Iguales, Estrépito, Granuja, Interlatencias, Página Salmón y Periódico Poético. Escribe porque cree que las ideas mueven al mundo.

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el chimeco va hecho la chingada y no me deja escribirte un poema

a veces quisiera mostrarte a todo el mundo
llevarte de la mano como un papalote
roto bajo la lluvia
corriendo entre las arboledas
y los camellones, esquivando niños,
cacas de perro, y esas torres eléctricas inmensas
a veces más inmensas
que nosotros
pero nunca menos que la enfermedad
acuática de nuestros corazones,
el clima feroz, pero tú tan livianx
tanto
como el temple
del microbusero de mi ruta que acelera
cada día más sin miedo a la muerte, al homicidio culposo
o quizás con una vaga esperanza
de llegar a alguna otra parte

a veces quisiera guardarte a todo el mundo
llevarte en el bolsillo
como quien trae algo importante
tocándolo a cada rato
para saber si sigue allí

pienso en ti cuando miro una serie de árboles idénticos
movidos por el viento de diciembre, o una nube
rosa sobre los edificios en la quietud de los atardeceres;
esos tsurus rosas con el mismo claxon
cada cinco minutos en la calle de mi casa;
a dos personas iguales que en realidad son dos personas
con distinto rostro, pero con un abrigo tan parecido;
al gato del tejado que es igual a mi gato;
la taza que no pude comprar y que pensé
jamás volvería a ver, en otro local años después.
pienso en ti cuando encuentro alguna de esas pequeñas cosas
que entre tanto movimiento convulso crean la ilusión de permanencia

quiero mostrarte a todos
en todo lugar
y en todo momento
como diciendo
miren
merezco ser amado,
no es eso increíble?

la ternura en tu mirada
me provoca el sentimiento más sincero
aquel que fluye sólo
cuando tienes que esconder rápidamente
tu billete de quinientos
a las nueve de la noche
al ver subir a tres muchachos que no pagan su pasaje
esa lluvia ácida que arremete contra nuestros pensamientos
esas piedras negras que se atoran en nuestra garganta
las conozco
ese fuego tuyo que encendiste sobre mi memoria
me hace pensar a veces que
el amor debe ser inexplicable
tan inexplicable
como el momento justo en que decido
traer cambio en la cartera
por si voy a alguna plaza
y se me atraviesa una máquina de muñelocos
un pingüino, un ajolote, un elefante
para dártelo y decirte:
me he gastado ochenta pesos
en este muñeloco
en vez de comprarlo
en el tianguis de mi casa
porque el amor es arriesgarlo todo

~

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