Maria Banuș (Bucarest, 1914-1999) fue una poeta, traductora, periodista y ensayista rumana. Estudió Derecho y Letras en la Universidad de Bucarest. Posteriormente, formó parte del movimiento antifascista de su país. Por sus orígenes judíos, su obra fue censurada durante la dictadura de Ion Antonescu. Estas circunstancias históricas la llevaron a desarrollar una estética vinculada con el realismo socialista. Ganó diferentes premios literarios, entre los que destacan el Premio de la Unión de Escritores de Rumanía (1986) y el Premio Herder (1989).
Laura Rodríguez Díaz (Sevilla, España, 1998) ha estudiado Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla y en la Universidad Complutense de Madrid. Edita la revista de poesía Caracol nocturno, y ha publicado los poemarios San Lázaro (Cántico, 2021) y anuncio (Ultramarinos, 2023; Premio El Ojo Crítico de RNE). Ha colaborado en tareas de dinamización cultural en el Museo Nacional de Historia de Rumanía, en Bucarest. Asimismo, ha recibido una Subvención para la Creación Literaria del Ministerio de Cultura de España en la modalidad de Traducción.
La traducción de este poema se llevó a cabo en el marco del Taller FILIT (Festival Internacional de Literatura y Traducción de Iași) para traductores, llevado a cabo del 1 al 7 de septiembre de 2025 en el Memorial Ipotești.
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La hora de la cena
Qué raras suenan las campanas.
De los rincones húmedos, como ranas, los zapatos de ceniza
saltan, se reúnen.
Madres gigantes, amarillentas, con lágrimas en las papadas
llaman a sus niños.
Sobre sus vestidos, los loros
se hacen señas nocturnas.
Y vienen los mercaderes
con tomates aplastados, blandos, suplicantes.
Derechos se abren, llenos de atardecer,
árboles frutales, corales.
Y el agua hierve y suenan las campanas.
Los abuelos observan desde los sillones
y sus rostros de manzana muy madura
titilan en la sombra.
Por los pasillos pasan amas como polillas.
En el aire, hojas secas, polvorientas,
extienden afiladas garras.
Rugen las tripas de las cañerías,
absorbidas por el bochorno, sonoras.
El paso de galgo
de las escolares, de las larguiruchas, barre,
como una pata de plumas,
la triste acera hacia casa.
Como una campana, grave y aérea,
la ciudad vibra.
Sobre los mostradores húmedos ríen las ebrias
monedas, a carcajadas.
Centellea desde los cascos,
tenso, el tranvía:
relincha salvaje.
Entre la caña móvil de las calles,
Pan tiembla,
busca su flauta.
Pájaros verdes, cenizas, sedosos,
los ojos se agitan en las órbitas.
Sus hermanos mayores, los pavos del atardecer,
con ojos turbios, colas rojizas,
con gestos callados, hinchados,
los llaman desde el fuego de la ciudadela,
los llaman desde el agua.
Pero las palmas de las puertas, óseas, áridas,
se abren y rompen
las miradas verdes, sedosas.
El reloj recoge, con un chirrido de tijeras,
bruscamente, su abanico.
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Ora cinei
Ce nebune soneriile sună.
Din umede colțuri, papuci cenușii ca broaște
saltă, se-adună.
Mame uriașe, gălbui, cu lacrimi în gușe,
își cheamă băieții.
Pe rochiile lor papagalii
își fac semn pentru noapte.
Și vin precupeții
cu roșii strivite, moi, rugătoare.
Drepți se deschid, plini de amurg,
pomii, coralii.
Și apa fierbe și soneriile sună.
Bunicii pândesc din fotolii
și fețele lor de mere răscoapte
licăresc în umbră.
Pe culoare trec jupânese ca molii.
În aer, frunzele tari, prăfuite,
întind ascuțitele gheare.
Ghiorăie pântecul supt de zăduf,
sonor, al burlanelor.
Pasul de ogar
al școlărițelor, al lunganelor,
mătură ca o labă de puf,
tristul, spre casă, trotuar.
Grav, aerian ca un clopot
orașul vibrează.
Pe tejghelele ude râd amețiți
banii, în hohot.
Scapără din copite,
încordat, tramvaiul:
sălbatic nechează.
Prin trestia mișcătoare a străzilor
Pan tremură,
își caută naiul.
Păsări verzi, cenușii, mătăsoase,
ochii se zbat în orbite.
Frații lor mari, păunii amurgului,
cu ochii tulburi, roșietici ai cozilor,
cu gesturi tăcute, umflate,
îi cheamă din flacăra burgului,
îi cheamă în larg.
Dar palmele ușilor, osoase, seci,
se închid și sparg
privirile verzi, mătăsoase.
Ceasul își strânge, cu scrâșnet de foarfeci,
brusc, evantaiul.
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