Leticia Cortés: “En la escritura se necesita resistencia”; por Oriette D’Angelo

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Leticia Cortés (Guadalajara, Jalisco, México, 1980), es Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara (1998-2003). Estudió la Maestría en Ciencias de la Educación (2007-2009) y la Maestría en Letras de Jalisco (2012-2014) . Fue becaria de PECDA en el 2006-2007 con un libro que se llama Aeropuertos. Es autora de los poemarios Lámparas de sueño (Literaria Ediciones, 2007) y De tu ausencia y de mis pérdidas (Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, Gobierno de Jalisco, 2011). Su poesía ha sido publicada en diversas revistas tanto de México como del extranjero. Forma parte de las antologías Poesía viva de Jalisco, 101 poetas con pintores, La mujer rota, El viento y las palabras y Voces varias a veces líquidas.

Su poesía habla de la desolación, de los dejamientos, de la bala fría que nos atraviesa la garganta cada vez que tenemos que tomar decisiones importantes, del reconocimiento de la feminidad y de la autenticidad del cuerpo. Sus libros hablan del valor del autodescubrimiento y cada lectura nos aporta una mirada auténtica gracias a su excelente manejo del lenguaje.

Leticia posee cuenta en Twitter, Facebook e Instagram. El contenido que comparte en la red varía entre la literatura y su actividad deportiva, específicamente el crossfit. Desde niña ha sido muy inquieta, lo que la ha llevado a practicar otros deportes como tae kwon do, natación, danza aérea y vale tudo.

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Recuerdo que hace unos 11 años tenías un blog bastante llamativo en donde compartías poesía y música. ¿Cómo se llamaba y por qué lo cerraste?

LC: El problema con esa página, y definitivamente con todas mis redes sociales – ahora me pasa con mi cuenta de Facebook – es que me confieso demasiado.  Me expongo. Soy muy extrovertida. Eso a la larga le da armas a quienes te siguen. Se va convirtiendo algo inocente en un veneno. Eso ocurrió. Me expuse y comencé a tener problemas. Me gustaba mucho. A veces me arrepiento de haberlo cerrado. En  ella compartía todo. Era – literalmente – mi diario cibernético. ¿El nombre? “La flor del frío”, que es el nombre de una canción de Robi Draco Rosa que me gusta mucho.

¿A qué edad empezaste a escribir y cómo identificaste el proceso creativo que te permitió escribir tus libros?

LC: Comencé a escribir desde niña, aunque no con conciencia literaria – de hecho jamás me imaginé que sería escritora. Mi madre me regaló una vez una libreta pequeña y ahí escribía. La conciencia llegó en la preparatoria junto con las clases de literatura. Pero fue en la facultad de Letras en donde, en realidad, todo ocurrió. Coincidió el estudio de la facultad junto con otras situaciones de mi vida y un diplomado que hice en creación literaria, todo eso me llevó propiamente a escribir con disciplina, con seriedad. ¿Mi proceso creativo? hay un detonante, cualquier situación podría serlo, entonces el poema comienza a prepararse, después se incuba y está ahí latente. Viene la iluminación y al final florece.

Tu libro De tu ausencia y de mis pérdidas es una evocación al abandono de lo que lastima y a la fortaleza de la mujer que queda una vez que todo lo demás se ausenta. ¿Qué opinión te merece la poética del abandono?

LC: Lo que quise lograr en De tu ausencia y mis pérdidas se inclinaba más que a una poética del abandono, a una poética del dolor fantasma. Es un término clínico que ocurre cuando a una persona le cercenan una parte del cuerpo. Lo que pasa es que el cerebro no registra la pérdida de la extremidad y siguen sintiendo comezón o dolor. Supongo que eso mismo ocurre cuando alguna persona se ausenta, entendiendo la ausencia no sólo como la pérdida física, sino también emocional, espiritual. El cerebro no registra que una persona que se amó, ya no está. Por eso sigue doliendo. La ausencia es algo que me aterra demasiado. La ausencia y el olvido.

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Dices que “nunca será mejor para ti lo digital”. ¿Envías mucha correspondencia física? ¿Conoces a mucha gente que, en la era del e-mail, haga lo mismo?

LC: Siempre he preferido la correspondencia terrestre. Me parece más humana, más acogedora. El momento en el que se recibe un paquete, una carta que no viene escrita con Arial 12. Me emociona enviar cartas así. A mí las únicas cartas físicas que me llegan son las de los bancos, puras deudas. No conozco a nadie que lo prefiera. Pero yo prefiero hacerlo, y me es suficiente. Esa fotografía en particular eran paquetes que iban, en su mayoría a España. Libros y cartas. Fotografías. Un separador de Frida Kahlo.

¿Crees que un blog puede ser un referente literario? ¿De qué forma influyó en tu vida profesional haber comenzado a compartir tu poesía en Internet?

LC: Definitivamente un blog puede ser un referente literario. Puede llegar a convertirse en un monstruo.  Nosotros – mi hermano y yo – tuvimos internet en casa por allá en el 96. Comencé a compartir mis poemas con amigos en sitios como el mIRC. Después fue que abrí el blog que mencionas en un principio. Subía mis poemas porque también lo veía como una forma de tener guardado lo que hacía – aunque expuestos a los demás – Gracias a eso algunos de mis seguidores, que también son poetas, se acercaron, se creó entonces una conexión. Y qué cosa mejor podría ocurrir si no fuera eso. Compartir mis poemas en internet fue parte del puente que se creó con más personas y eso me ha llevado a la retroalimentación, a estar ya en la búsqueda de la iluminación del poema, de la madurez de la palabra.

¿Cuándo se publicará tu nuevo libro Luminiscencias?

LC: En un principio Luminiscencias se iba a titular El grito salvaje de las cosas. Después vino la luz. Pero ahora ha cambiado de nombre, Habitar la muerte. Se pensaba publicar este año (2014) bajo el sello puertabierta editores. Pero no pude tenerlo a tiempo. Las correcciones, las múltiples lecturas. Yo sabía que no estaba listo aún. Ahora ese libro se ha vuelto, de alguna manera, el eje para un proyecto más grande, multidisciplinario, con amigos músicos y pintores. Será, de alguna manera, la base para trabajar todos juntos en un mismo escenario. Y el libro como tal también incluirá pinturas y algunas de las partituras de la música que será interpretada en el escenario. Eso requiere de mucho trabajo colectivo, así es que, definitivamente, no será este año cuando salga a la luz Habitar la muerte, un libro de poemas cuya médula es la enfermedad y la locura. Lo que se dará a conocer, primero, será un video poema. Después ya lo verán.

¿Publicarías algún libro en formato digital? ¿Cuáles crees que son las ventajas y las desventajas de esta alternativa?

LC: De hecho Habitar la muerte también tendrá una parte en digital, incluso un formato en CD. Estoy pensando también en pasar a un formato digital Lámparas de sueño porque ya se ha agotado.  Personalmente prefiero los libros en físico, el tacto de las hojas, el olor… pero uno tiene que adaptarse al ritmo de la vida. A veces es más práctico tener un aparato en donde podamos guardar libros, que traer todos los libros en la mano. Es frío. Y no me gusta. Pero sí lo haré.

 ¿Ejerce la música alguna influencia en tu escritura?

LC: Desde siempre. Tengo muchos amigos músicos, además. Mi madre toca guitarra, violín y piano. Yo jamás pude tocar nada, más que los cuerpos. El poema, a final de cuentas, también es música: tiene ritmo, melodía, armónica.

En el blog de las afinidades electivas / las elecciones afectivas afirmaste que “todo lo resumes en lo contrario al significado de tu nombre” y en algunos de tus poemas sueles repetir mucho el nombre de Leticia y el de Ana. ¿Qué significado le otorgas a esos nombres y cuál es el resumen contrario del cual hablas?

LC: Siempre he creído que el nombre tiene un fuerte peso en uno. Leticia significa “la que trae alegría” el resumen sería “la que trae tristeza” Mi pulsión de muerte es interna, y al ser un tanto autodestructiva tiendo a destruir lo que me rodea. Por eso hablo mucho de mis nombres. Esa dualidad: Leticia me parece un nombre largo, incluso fuerte. Ana es más corto, dulce. Cuando soy Leticia suelo ser violenta. Cuando soy Ana tiendo a ser tierna, sensible.

¿Has realizado talleres de escritura? ¿Cuáles consideras que son las ventajas de realizarlos y cuáles son las desventajas? ¿Qué opinas de los talleres en línea?

LC: Nunca entraría a un taller en línea. Creo que para hacer un taller se necesita el contacto físico, visual, con la persona que está dirigiendo. Talleres de escritura nunca he realizado. No creo tener el poder de hacerlo. Un tallerista de poesía debe tener los pies bien puestos sobre la tierra. Lo que pasa es que también siento que de pronto todos los que asisten a un taller terminan escribiendo como el tallerista. El compartir lecturas en los talleres es muy enriquecedor, la crítica hacia lo que se crea, pero la corrección, ahí sí no me meto. Igual y hasta echo a perder a alguien que sí sería un gran poeta.

Octavio Paz, Oliverio Girondo, Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik y muchos escritores más han mencionado a los pájaros en su escritura. ¿Crees que es una figura repetitiva o la consideras fundamental como imagen literaria? ¿Crees que no se puede no escribir sobre los pájaros?

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LC: Será que las aves dan esa sensación de libertad, de lo frágil, del vuelo, de lo liviano. Las aves – creo – lo tienen todo. Hay un estudio muy interesante que me compartió la poeta Daniela Camacho “La sabiduría de los pájaros” de Erik Sable,  después de leerlo comprendí que se puede escribir sin hablar de los pájaros pero es que la poesía, por antonomasia, es libertad, fragilidad, es vuelo, es liviana. Ahí estará, siempre, el pájaro, escondido entre los versos. Entre cada palabra. En la respiración del poema.

En tu libro Lámparas de sueño hay muchos poemas que hablan de la infancia y del descubrimiento de la feminidad. ¿Crees que un escritor sólo puede escribir sobre suha061006 infancia cuando aún está joven? ¿Qué es lo que más rápido tendemos a olvidar?

LC: Los poetas nunca deberían dejar de ser niños. Esa capacidad del asombro, la minuciosidad. Supongo que más bien cuando tenga setenta años volveré a escribir sobre la infancia, la añoranza. Yo, en particular, olvido casi todo, pero es porque estoy enferma de algo que tiene como uno de los síntomas la pérdida súbita de memoria. No sé si sea un defecto o una virtud, pero también desespera olvidar. Hay cosas que nunca hubiera querido haber olvidado.

Hablas mucho de la música de Nacho Vegas. ¿Su música significa algo para tu escritura? 

LC: Las letras de Nacho Vegas llegaron en un momento crucial de mi vida. La primera vez que lo vi en concierto en mi ciudad yo no lo había escuchado, no lo conocía, me habían invitado y fui. Como no me sabía ninguna de sus letras lo único que hice fue escuchar y observar. Nacho lo contiene todo, pero en el hecho de contener, explota. Al año siguiente (2012) viajé a España y en un bar de Oviedo conocí a dos de sus músicos, Luis Rodríguez y Manu Molina y tuve la suerte de hacer una amistad. Después viajé a Gijón y conocí a su hermano Santiago en un bar que se llama La Corrada. De ahí surgió una gran amistad. Luego conocí a Xabel, el otro hermano de Nacho. Un día, una amiga de Madrid me envió un documental de Nacho “El fulgor”, que habla acerca del proceso creativo de la canción homónima. En la parte final Nacho habla sobre sus influencias literarias. Yo tenía por ahí su correo electrónico y me atreví a escribirle pensando que jamás me iba a contestar. Al otro día tenía en mi bandeja de entrada un correo de él. Surgió también una amistad. Tan así que a veces a altas horas de la noche y con algún whisky encima, le whatsappeo. Hace poco dio un concierto en mi ciudad y tuvo el detalle de dejarme dos accesos totales en la puerta. El hecho de materializar cada una de sus canciones en carne es algo que, espero, jamás olvide. Creo que me desvié de la pregunta. Mucho de lo que ha hecho Nacho hubiera querido escribirlo yo. La crudeza con la que habla del amor, el no tapar su lado sexual, gritar lo que no comprende y no quiere de todas las situaciones que están ocurriendo con la sociedad. Su música sí me ha influenciado mucho, Habitar la muerte tiene un epígrafe de él “un trozo de verdad bastará para salvarme”, y una parte está dedicada a Nacho.

¿Es la buena memoria algo importante a la hora de escribir acerca de la infancia?

LC: No creo que sea —en mi caso— la memoria. Que de eso me queda poco. En mi caso creo que son las sensaciones que quedaron en la piel. Pero es que también, a veces, nos creamos esa infancia que no tuvimos. Los poetas tendemos a hacer muchos mundos.

En tus redes sociales sueles mostrar tus actividades deportivas, específicamente la práctica del crossfit. ¿Ha influenciado el ejercicio a tu escritura?

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Facebook de Leticia

LC: El deporte me ha enseñado a tener disciplina y a distinguir los momentos de preparación. El crossfit lo practico desde hace más de un año y ya he participado en competencias dentro de mi ciudad. Hay momentos para todo. Eso mismo lo traslado a la escritura. Hay momentos de preparación, momentos de mucha carga, momentos en donde debes bajar la carga. Cuidar la alimentación, dormir ocho horas, tomar suplementos. Ya vendrán los tiempos para agarrar la fiesta. A eso me refiero. En la escritura ocurre lo mismo: se necesita resistencia. Ocurre algo. Hay movimientos de halterofilia en el crossfit, alguna vez una entrenadora me dijo que antes de levantar tenía que imaginarme en el movimiento, en el momento en el que agarras la barra ya no debes pensar, sino actuar. Eso mismo lo llevo a la escritura. Pensar en el poema antes de agarrar la pluma. Una vez que la agarro lo único que se tiene que hacer es actuar. El poema también es un acto.
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Pueden seguir a Leticia Cortés en:

Twitter: @leticia__cortes
Instagram: Leticia Cortés
Facebook: Leticia Cortés

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+Leer: Tres poemas de Leticia Cortés

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