Tres poemas de Manuel Rodas (México, 1992)

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Para Y por su inmortalidad y sus alas tatuadas

Lo que me espanta es el concepto de lo eterno, me respondió cuando le pedí que se quedara conmigo para siempre, entonces pensé en las cosas que se destruyen para que exista la poesía y pensé también en la forma en que me ve sentada desde el abismo donde juega a tirar piedras.

Yo murmuro cientos de palabras, poemas y hablamos de las películas, ella me dice que le gusta verme a los ojos e imaginar que las películas pasan en mis pupilas y sonríe. Cada vez que lo hace yo la miro como si fuera lo único que hubiera deseado desde el principio.

Siento entonces que no me pertenece, que es del mundo o es el mundo. Su rostro comienza a hacerse débil y mi memoria está cada vez más vacía de ella.

*** 

Si las habitaciones hablaran

Me quiero morir me susurraba en aquella habitación oscura y yo lo juro, yo no sabía que responder. Solo podía abrazarla y mirarla mientras ella se movía en la cama. Castigada e incluso inocente como los poemas que escribe algún chico enamorado de la soledad. De sus labios brotaban como mariposas amarillas sus más remotos sueños. La lluvia todo lo lava me decía, menos el amor y la soledad. Su rostro se suspendía en el tiempo cuando yo la tomaba de la mano y le repetía noche tras noche: no me dejes solo bajo la lluvia, bajo este cielo lleno de estrellas que chocan para besarse.

Un amor inolvidable y breve ¿cómo una estrella fugaz? No, breve como el primer grito de la humanidad.

Casi ya no te sueño le dije por última vez. No importa que mi amor se vaya con otro, la muerte es solo un nuevo amor me dice y besa mis labios llenos de dolor.

Volvería a escribirle con sangre ebria la palabra <no te vayas> pero es inútil, ya estamos muertos y todo ha acabado en este instante. No importa que el poema sea un ser vivo.

*** 

¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?

A los 43 normalistas asesinados solamente por poner voz a la “sin voz”, solamente por pensar.

El aula espera a sus huéspedes, detienen el tiempo,
prende una vela,
busca en el cielo el rostro de aquellos que llevaban con una sonrisa a sus brazos.
Grita y llora
como el sonido de un recién nacido,
sus paredes se desgarran.
Busca en periódicos a sus hijos, a sus hermanos, a sus tíos, a sus amores perdidos.

¿Puede una hoguera quemar los sueños?
¿Caben los sueños en una urna?
¿Han inventado acaso el arma para matar los sueños?

Yo soy los 43 normalistas,
soy la lagrima de las madres esperanzadas por volverlos a ver,
soy el grito de los hermanos que se han unido reclamándolos,
soy caifanes cantando “antes de que nos olviden”,
soy el aerosol que pinta las paredes,
porque también las paredes hablan,
soy la duda de todo México,
soy el luto de los que aún siguen siendo seres humanos.

***

Manuel Rodas (Quetzaltenango, 1992). Poeta, editor, estudiante de la Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales en la Universidad de San Carlos de Guatemala, miembro fundador e integrante del Club de literatura La Chalana, colaborador con la organización del festival internacional de Poesía de Quetzaltenango. Miembro activo del movimiento Acción Poética Xela y Metáfora Cultura y Arte. Sus textos se encuentran incluidos en la plaqueta “90” Breve Antología Poética.

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