La bonne souffrance, por Gio Arzamendia

Conrad Roset

Conrad Roset

Abril abre los ojos.

(Son ojos que despiertan lamidos.)

Señorita de pecho henchido de monóxido y suspiros contenidos, Abril apaga con concentrada precisión y un tanto de sadismo aquel cigarrillo; aquel último a mano que la había silenciosamente arrebatado unos –insignificantes, se dice- minutos de vida, mientras el humo danzaba frente a sus ojos un vals delirante. Espira sincopadamente haciendo una mueca tosca en los labios: un ritual interno de despedida a sus pensamientos calcinados, cortesía de aquel pabilo.

Calla. Pone sus huesos en su lugar. Paraliza la lengua.

“Un año” se dice a ella misma, entre dientes, como quien responde una pregunta incómoda por obligación. “Un año desde que decidí prescindir de mi sucia inocencia, desde que me di cuenta de que me acompañó como cáncer silencioso por demasiado tiempo. Es hora de pecar. Es hora de crear algo que nazca destruido. Que ahora venga el buen sufrir.”

 

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Gio Arzamendia (Paraguay, 1989). Psicóloga en horarios de oficina. Poetisa y pintora en lo que le resta diariamente de vida. Café negro sin azúcar, por favor. Se pueden leer sus desechos mentales en Twitter (@lateralia).

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