José Urriola: «La memoria se construye con la intención de hallarle sentido a lo vivido», por Oriette D’Angelo ~

Foto por Rodolfo Gallegos

Foto por Rodolfo Gallegos

Jose Urriola nació en Venezuela en 1971. Estudió Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello y estudió maestrías en literatura y cine. Publicó la novela Experimento a un perfecto extraño (Sudaquia, 2012); el libro infantil Chupetes de luna (Thule, 2012); Cuentos a patadas (Ekaré, 2014) y la novela Santiago se va (Libros del fuego, 2015). En 2009, recibió la mención publicación en el Premio Salvador Garmendia por su obra Fragmentario.

Santiago se va, novela que aquí nos convoca, aborda el tema©LDF_SANTIAGO_SE_VA_CUBIERTA_RGB_WEB_130415 de la construcción de la memoria a partir de la ausencia. Santiago, el protagonista, decide partir a suelos nórdicos y le encarga a un amigo realizar varias entrevistas a las mujeres más importantes de su vida con el fin de grabar un documental. Su personaje se dibuja a través de testimonios y recuerdos. Tenemos a un hombre atormentado que fue capaz de mostrarse a través de sus máquinas imposibles y relaciones amorosas. Marcianito, bicho raro, obsesivo, bipolar, diamante en bruto y despistado son algunas de las características de este personaje que, en palabras de Fedosy Santaella, nos sitúa ante alguien trágico y al mismo tiempo hermoso.

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¿Cuánto tiempo crees que se necesita para que nuestros recuerdos cambien? ¿Es la pérdida un elemento determinante en la construcción de la memoria?

José Urriola: Una vez escuché a un psiquiatra decir que un duelo no debería durar más de dos años, lo que quiere decir que esa memoria reciente, fresca, dolorosa, inmanejable y hasta inenarrable debería tener una caducidad aproximada de 24 meses. Cumplido ese lapso (quién sabe calculado cómo, ya corresponde a cada quien decidir qué mentiras creerse) la memoria dolorosa da paso a otro tipo de memoria: más estructurada, decantada, que se construye como un relato y a veces –a pesar de que el objeto del recuerdo puede ser trágico o traumático– esa construcción que hacemos de la memoria acaba siendo filtrada por el humor, por lo épico, por la mitificación del recuerdo o quizás por la saudade (esa melancolía sabrosa, benévola y hasta deseable). Nunca sabemos realmente cómo vamos a recordar, porque además en todo proceso de construcción de la memoria es mucho más lo que se olvida que lo que se recuerda y mucho menos aún es aquello que acaba siendo narrable o verbalizable.  A veces juramos desde el presente que alguien será recordado para siempre como un héroe, un prócer, un ídolo inigualable… y resulta que con el paso de los años no pasa de ser una nota insignificante al pie de página de la  historia.

La memoria que finalmente se logra narrar, después de ser decantada y construida a lo largo de años, es imposible de armar sin la imaginación, sin inventarla (inventio, en latín, significa a la vez imaginar, crear pero también hallar, encontrar). La memoria se construye con la intención de hallarle sentido a lo vivido. Wittgenstein decía que somos la cristalización de un relato en la memoria. Cuando ese relato lo armamos nosotros mismos en primera persona le llamamos identidad o personalidad. Pero cuando nosotros no estamos porque nos hemos ido (temporal o definitivamente) y son los otros quienes nos construyen a partir de la ausencia es cuando surge la mitificación del recuerdo, o bien su minimización (“no fue tan grande ni tan importante como se creía”) o, vaya tragedia, quizás se imponga el absoluto olvido.

@Jsurriola

@Jsurriola

¿Trabajaste primero la psicología del personaje de Santiago antes de abordar el argumento de la novela? ¿Qué técnica seguiste para su construcción? ¿Fue difícil construir a un personaje como él?

JU: Santiago (tanto el personaje como la novela que se arma a su alrededor) responde a la fórmula del falso documental. Un falso documental, como sabemos, es una película de ficción pero que está vestida/disfrazada de realidad. Le toca entonces al receptor mirar con atención las costuras de ese artefacto, captar los guiños, indagar en dónde pueden estar los sustratos de verdad y dónde las capas y capas de falsedad y ficción.

Santiago parte de un esqueleto que se asemeja al de su autor, pero luego ese esqueleto va siendo cubierto progresivamente de una cantidad de fragmentos orgánicos que son tomados de otras personas o que bien son absolutamente ficticios. Santiago es un Frankenstein armado a partir de muchas personas, un monstruo (ojalá que entrañable) ensamblado a partir de historias prestadas y propias, y también de historias inventadas.

Me fascina el falso documental, me fascina también la irrupción de la ficción en la cotidianidad, siempre he soñado con hacer un híbrido de cine documental con ciencia ficción: Santiago se va es mi propuesta en este sentido.

Varias personas te han preguntado si hay elementos autobiográficos en esta novela ¿Por qué crees que te identifican con el personaje de Santiago?

JU: Lo autobiográfico está en la novela, sí, pero como en todo falso documental, está distorsionado, exagerado, caricaturizado, filtrado por la ficción y hasta por la fantasía. Me gusta mucho jugar con esa frontera difusa entre la realidad y la ficción, entre lo que “realmente ocurrió” y lo que “se está inventando”. Al final, no hay manera de conocer la realidad que no sea a través de la imaginación.

Todos somos relatos orgánicos ambulantes. Estamos hechos de retazos que les hemos copiado a un gentío. Somos únicos porque la combinación de esos retazos (gustos, gestos, músicas, lecturas, influencias, estilos) es totalmente auténtica, particular y peculiar. ¿Se parece entonces Santiago a mí? En principio sí, al final muy poco o nada. ¿Dónde termina José Urriola y comienza Santiago Irribarren? No lo confesaré jamás, ni siquiera bajo tortura. Ojalá el lector se tome la licencia al leer a “Santiago se va” de creerse las verdades como mentiras y las mentiras como realidades macizas.

¿Por qué relatar a Santiago a través de las mujeres que más amó? ¿Te parece que el sentimiento amoroso es el que más rápido tiende a mutar e influye en nuestra percepción de los recuerdos?

JU: Cada mujer que es entrevistada a lo largo de la novela –y que ayuda a edificar esa construcción colectiva del personaje de Santiago durante sus 10 años de ausencia– corresponde a una etapa del amor distinta: la madre, la hermana, la prima, el amor de la infancia, el amor de la juventud, la amante, y así, hasta su última compañera sentimental. Quería que la unión de esas voces/memorias femeninas junto con las máquinas imposibles diseñadas por Santiago fueran las responsables de la construcción del personaje. Un hombre construido por máquinas-mujeres, no podía ser –ni quería que fuera– de otra manera.

Al final del libro hay una barra QR que dirige al lector a un soundtrack alojado en una página web. ¿Es un riesgo integrar elementos digitales en los libros físicos?

JU: Fue una idea de mis editores de Libros del Fuego, Alberto Sáez y Rodnei Casares, una propuesta que en lo personal agradecí con gusto. Pienso que la literatura de estos tiempos es un sistema complejo que no se limita al libro impreso que tenemos entre las manos, sino que ese libro está dialogando con músicas, con películas, con otras obras que están fuera del libro. El libro de hoy lanza vectores hacia fuera esperando que el lector teja esa red de relaciones. Así que sí: Santiago se va tiene un soundtrack, una serie de temas musicales que se sugiere escuchar en momentos determinados del relato. ¿Cuál es el riesgo que se corre? Que el libro impreso es un soporte estable y lo que allí queda publicado ya no puede ser alterado ni modificado a menos que se corrija en próximas ediciones, mientras que el soporte electrónico es inestable, volátil, la página web puede cambiar de dominio, puede ser mudada, intervenida o cancelada, la sonda que se lanza entonces desde el libro hacia lo virtual puede que no llegue a destino o bien puede llevar a un destino distinto al que estaba en el itinerario. Y sin embargo: vale la pena seguirlo intentando y lanzando esas sondas.

¿El soundtrack de la novela corresponde con la música que escuchabas durante el proceso creativo de la misma? De no ser así, ¿existe un soundtrack aún más personal que sí corresponda con su proceso?

JU: El soundtrack de Santiago se va corresponde parcialmente con la banda sonora que me acompañó durante las diversas etapas de construcción de la novela. Los temas que fueron incluidos eran músicas que me ayudaron a definir el espíritu de cada una de esas mujeres bajo la premisa: ¿a qué sonaría este personaje si fuera música?

Sin embargo, la música en mi caso es la grandísima fuente de inspiración y consolidación de lo que busco durante todo el proceso de escritura, así que hay toda una banda sonora paralela y subyacente que no aparece en la epidermis del texto pero sí que es una base que sostiene desde abajo toda la estructura. Estamos hablando de una lista larga y heterogénea de músicas que darían para varios días de escucha, trasnocho, risas, angustias y otra cantidad insólita de cuentos que no pudieron ser incluidos en Santiago se va.

@Jsurriola

@Jsurriola

El libro tiene un video a modo de presentación. Este video representa, de alguna manera, partes del documental que se relata en la novela. ¿Crees que en la actualidad los medios visuales pueden fungir como cómplices de los libros?

JU: Lo del video de presentación –un falso documental ya no sobre Santiago Iribarren sino sobre José Urriola– fue también una propuesta sorpresa por parte de los editores de Libros del Fuego. Me pareció algo novedoso, ingenioso, divertido, pero no participé en su elaboración en ningún momento. Confié en ellos que quisieron hacer una presentación poco convencional para una novela que también consideraron como poco común.

Me gustan los viajes de ida y vuelta desde las páginas del libro a las pantallas. Me gusta esa hibridación entre soportes y formatos.  Yo soy comunicador social, estudié luego literatura y más tarde cine documental, así que esos trayectos de los libros a las pantallas, ese tejido que se va elaborando de lo impreso a lo audivisual o a las narraciones gráficas es parte sustancial de mi formación. Yo soy defensor de esas complicidades entre lo literario y audiovisual. Pienso que mi narrativa sería imposible sin nutrirme de músicas, cómics y cine, no puedo negar entonces que lo musical, lo comicográfico y lo audiovisual sean canales también idóneos para difundir o promocionar obras como Santiago se va.

¿En qué momento decidiste que parte de la historia debía estar acompañada de ilustraciones?

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Foto del libro. Ilustración de Germán Herrera

JU: Desde hace 8 años vengo trabajando en varios proyectos con Germán Herrera, un excelente ilustrador y artista visual al que simplemente le comparto mis escritos y él se encarga de convertirlos en propuestas visuales. Funcionamos bajo el esquema del dibujo libre: “ahí te va el texto, haz con eso las imágenes que te den la gana”.

Germán siempre hace unas imágenes que van mucho más allá de lo que hubiera hecho yo de tener su talento para la ilustración y el diseño, porque siempre les pone un extra muy suyo, muy auténtico y personal: “mira tu idea cómo te la mejoré”. Así que desde que terminé el primer manuscrito de la novela, lo leí y me dije: “cómo me gustaría algún día llegar a hacer una novela gráfica con Germán Herrera; no será esta vez, pero necesito que sus ilustraciones estén incluidas al menos para el capítulo de las máquinas imposibles de Santiago Iribarren”. En un momento incluso pensamos en incluir ilustraciones para cada una de las entrevistadas: una para el presente y luego otra para su versión 10 años después.

¿Crees que la intuición jugó un papel importante en la escritura de Santiago se va?

JU: Sin duda, fue un ejercicio muy intuitivo y libre de escritura. Dejar que las cosas fluyeran, contar todo lo que necesitaba y quería contar sin cortapisas. Una vez vaciada toda esa libertad en un primer manuscrito entonces llegaría lo realmente doloroso: la edición, la reescritura, la corrección, sobrevivir a ese impulso omnipresente de sombrear todo el texto y presionar la tecla “borrar”. Ese es el nuevo fuego.

Así que fue una etapa muy lúcida y libre la de la escritura. Pero luego sobrevino una etapa rigurosa, implacable, una especie de fascismo autoimpuesto a la hora de corregir y reescribir.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente? ¿Crees que Santiago vuelva a aparecer en alguna de tus próximas novelas?

JU: Actualmente hay dos proyectos en los que estoy trabajando, aunque en distintas etapas cada uno:

a) Las aventuras imaginarias del Curiosity Rover en el planeta rojo: “Y mientras tanto en Marte”, con textos de mi autoría e ilustraciones de Germán Herrera.

b) Una novela distópica sobre resurrectos que son esclavizados en una sociedad post-apocalíptica. Tengo ya el itinerario a transitar, sé bien lo que quiero contar, pero le falta mucha música y muchas horas de caminata para que finalmente me pueda sentar a escribirla.

Y bueno, Santiago volverá, es un hecho. Y puede que vuelva precisamente en esta próxima novela. Lo veremos un poco más gordo, más calvo, con más canas, jugando ahora un rol muy distinto aunque igual de delirante y de ausente.

¿Qué tan importante consideras que es en la actualidad la interacción entre los lectores y los escritores a través de las redes sociales?

JU: Me parece fundamental, hermosa, necesaria. Me resulta tan estimulante recibir un comentario, un tweet, una foto en Instagram, saber en tiempo real que alguien te lee, que para alguien es significativo eso que has hecho y te lo agradece con ese gesto de compartir su emoción o su decepción por medio de las redes sociales. Es muy bonito. Es un espaldarazo, un bálsamo o a veces una alarma que te enciende la reflexión sobre cómo poder mejorar para la próxima. La interacción con mis lectores y con otros escritores es de las pocas cosas que me hacen sentir profundamente afortunado de los tiempos que me han tocado vivir.

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Blog: http://joseurriola.blogspot.com/
Twitter: @Jsurriola
Facebook: José Urriola

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+Lee aquí un fragmento de
“Santiago se va”

Gracias a la editorial Libros del Fuego por habernos permitido colocar dicho texto en este espacio.

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