Domingo, el editor; por Isabella Saturno

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Tener una revista. Esa idea que viene a la cabeza en forma de intelectual de años setenta –incluido el paltó–, emocionado por el Boom Latinoamericano, tan anacrónica. Tener una revista. Esa idea que viene con el quinto tercio en unos chinos: “¡Hay que cambiar el rumbo de la literatura nacional!” y ser el nuevo hito de la cultura universal. Tener una revista. Para ver tu nombre escrito en otra parte que no sea la lista de asistencia de un salón de Letras; para tener un espacio propio, porque no hay ninguno que te complazca; porque lo que hay es una mierda y hay que acabar con todo.

En esta maraña de pensamientos adolescentes nació una publicación que el mismo Domingo Michelli bautizó como Arepa. Me gusta creer que sugirió llamarla así para distanciarse de otras publicaciones cuyos nombres le parecían demasiado pretenciosos. Él estaba claro y sabía exactamente lo que no queríamos: una revista que se llamara “Orfeo”, “Intemperie” o “Vulva”. Palabras que se repetían una y otra vez en recitales de poesía (a los que frenéticamente asistíamos buscando voces que nos alentaran) y que, en definitiva, nos producían una extraña sensación, como de tener la ropa apretada. Pensar lo que no queríamos ser ayudaba mucho más a prefigurar esa revista que creíamos nos iba a sacar de un oscurantismo aterrador.

Pero no debíamos ser obvios en nuestros propósitos. Así, cuando Domingo escribió el Editorial de la revista, me explicó que se había saltado mis comentarios sobre cómo tenía que ser nuestra carta de presentación. Que él había hecho otra cosa. Cito:

Aquí te va la cuestiong.. No seguí a la letra a pie, porque ando en moto. Cada vez que empezaba un párrafo de “cómo es el peo” y “dónde estamos” “a partir de cuándo” todo me sonaba muy chimborro así que le di un a-mateo. Por más que le di vueltas a la palabra curaduroria no me entraba en el texto, y todo el asunto de que es “guaramosa” y no jala bolas y ping pang coñazo.. ahora me suena como un asunto de que tabamos tomando, no hay que decirlo, suena medio pajuo hacerlo, es cuestión de que quede en el tono.

Teníamos entonces un nombre, un editorial que decía a medias que estábamos comprometidos con hacer algo “diferente”, una platica reunida y un equipo que había decidido unírsenos al ridículo propósito de cambiar las cosas. Así que empezamos a darle forma a la arepa, a crear una estructura legal, y en esa búsqueda por hacer las cosas de manera correcta nos topamos con un laberinto burocrático digno de El proceso. Y hay que decirlo: Domingo era un tipo admirable en cuanto al manejo de su cara de bovino triste, y eso lo hacía estar consciente de lo fácil que se podían conseguir algunas cosas. Fue así como pudimos tener un ISSN para nuestra revista sin páginas, para nuestra pequeña publicación.    

Sobre el ISSN

Propongo esto…
Me voy con los recaudos quetal..
Portada
Página de créditos
Copia rif
Planilla y copia de CI (Isa es contigo).
Y con mi cara de retardo mental y con mi vocecita de hablar con la tercera edad, la tipa me explicará bien cómo es la lavativa.
No sé si me pedirá un borrador de la cosa para evaluarlo… Pero como no lo tenemos…

Y estar en los anaqueles de la Biblioteca Nacional:

Con-camaradas arepianos, compláceme informarles que ya nos encontramos en la biblioteca nacional…
En un interesante evento lleno dentusiasmo (de mi parte) y de tedio burocrático de las otras partes, se hizo entrega de tres ejemplares de nuestra muy querida revista. Ante la pregunta clave “Esta e’ la revista??” creo que respondí “Porsupollo” o “Puesclaro!” o “Mogolló” y el resto del evento transcurrió en medio de risitas de aminoácidos muy diplomáticas, confundidas y gentiles.. o algo así. Y bueno, me dieron un comprobante que debe estar choreto porque el papel carbón se me rodó… Y bueno… Eso pue’. Anotalo en la lista de los javeres de los activos de lo quentra por caja y sale pordetrás! 

Poco a poco, papel a papel, fotocopia a fotocopia, reunidas gracias a unos esfuerzos formidables de Nelson Algomeda por mantener nuestros aspectos legales en orden; con un diseño listo en manos de Mary Antonieta López y Camilo Maldonado; y con el apoyo logístico, más que necesario, imprescindible, de Verónica Colmenares, pudimos bautizar el 25 de abril de 2012 el primer número de la revista: Arepa de Silicón, con unos resultados que parecieron complacernos. Incluso logramos sincronizar el evento con el lanzamiento de nuestra página web, programada altruistamente por Ángel Olórtegui, plataforma a la que Domingo criticó:

Gente de Harina pan… Estamos ONLINE como el cursito de inglés  desde hace…unos cuantos segundos.. 12:29 (tengo yo) y hay unos irrorsitos..
Irrorsitos que cero rollo porque se modificaran en lo pronto pero… el irrorsito que nues tan bonito es que LA VAINA ES MAS PESADA QUE WILLY MCKEY.

En El Rincón del Abuelo esa noche había gente, música, alcohol, baile, amigos… Todavía casi nadie se había ido del país. Todo era amor, calor y edición independiente hasta que, al día siguiente, recibimos una llamada de los dueños del local (debimos tomar aquello como un presagio) para cobrarnos unas birras que algún sediento se había robado. Domingo sabía plantarse ante las cosas que le parecían inmorales:  

Oigan.. creo que hay que tener un detalle con la gente del Rincón del Abuelo… Bueno, siempre lo pensé, pero ahora más que me dijeron que se estaban robando birras del depósito.. =/  Y bueno.. tengo que ir a pagar los otros 100 bolos de cuenta que me dejó la plasta de mierda de Casulo…quien me dijo que le dejó la plata a la chama que andaba con él y bla bla bla…Igual me dijo que iba a poner la plata…

¿Pagar 100 bolos (ojo, en 2012) de una cuenta que no era suya? Domingo era un tipo noble. Un tipo tan noble que sabía hacer maromas admirables a la hora de tratar con los colaboradores que amablemente nos cedían sus textos para publicarlos en Arepa. Los acompañaba en su proceso de escritura, les hacía comentarios críticos y hasta les recomendaba libros que estuvieran sintonizados con sus búsquedas artísticas. La dinámica de los editores de la revista era mantener un contacto fluido con nuestros colaboradores, pero Domingo iba más allá. Es el caso del poeta José Delpino con quien desarrolló una amistad profunda luego de haberlo contactado para estar en el índice de la arepa de Silicón:

Okey… Ya. La cosa es esta… Para contrariar todas las expectativas: José sextendió de más, no tengo idea de las magnitudes del derrame, porque yo no manejo eso, pero es como que burda…
Asi que mañana hablamos deso.

José está dispuesto a remucharlo y yo le acabo de ofrecer espacio web para que se invente una vaina.. y sino.. ahí vemos.. Por lo pronto… Sit back and enjoy.

Incluso se atrevía a mandar a reescribir colaboraciones con las que no se sentía satisfecho. Así lo hizo con el poema que Adalber Salas nos envió para el segundo número de la revista:

Más malas noticias… Adalber está en bloqueo allá en Cánada “sólo me salen fragmentos..” me dice el muy sylvia plath.. A pesar de mi insistencia, creo que no lo va a lograr… Así que supongo que lo que tenemos es lo que hay. Así que dale a print a todo y bueno…  

Pero darle print a todo anunciaba un evento espeluznante: A qué horas es la dobladera?, pregunta Domingo en un correo. Y es que la revista tenía unos procesos de producción bastante engorrosos: doblar, cortar las calcomanías, “empollar” (término obviamente acuñado por el mismo Michelli que consistía en la colocación de los ejemplares entre libros de la Biblioteca Ayacucho y luego sentarse sobre ellos durante un tiempo considerable con el objetivo de aplanarlos) y empaquetar. Al final todos sentíamos un placer malsano de ver la revista terminada, de saber que los autores podían contentarse al compartir sus textos y que algún lector esperaría con ansias el siguiente número. A pesar de nuestras espaldas arruinadas, bautizamos cada uno de los cinco números con un evento diferente:      

Quien hace la guarapa pal martes? Así piedra en potes de agua minalba? USSSSS 

Así fuimos haciendo ruido. Comenzábamos a tener una ligera fama, nos invitaban a encuentros donde explicábamos nuestro proyecto. Éramos unos inexpertos y muchas veces no supimos responder a las preguntas que nos hacía un público compuesto, en su mayoría, por amigos que se compadecían ante nuestras invitaciones. Pero de todas-todicas-todas nos invitaban a hablar:

Por lo que veo en el programa lo questos panas van pendiente es de una charlilla ahí, burda de charlera y charliemata… y yo en ese plan hablaría del formato y de hambre.. y del hambre en el formato y de las implicaciones del formato en el hambre.. pero como ninguno de ustedes va estar pues en realidad me voy a quitar la camisa y voy a bailar el meneito.

La llegada de esa ola pequeñita de lectores hizo que creciera en nosotros un sentido de responsabilidad. Teníamos que ser más expeditos a la hora de producir la revista, a pesar de la crisis de papel y los altos costos. Estábamos obligados a buscar un patrocinio mayor a los escuetos espacios publicitarios que hasta ese entonces los tíos de los primos de unos amigos, ciegos, claro, nos habían comprado. Domingo siempre tuvo claro lo que no quería:

Yo, como siempre facho como dios y mi madre musolina me hicieron, soy de la opinión de no prustituirnos tanto con cualquier lugar que no sea afin (remotamente) a nuestros intereses editoriales-conceptuales-loquesea, porque me causaría una sensación estomacal.

Por esto y por otras miles de trabas más, las discusiones en el grupo se fueron acalorando, la revista se fue convirtiendo número a número en una carga, trabajábamos para ella pero no ganábamos nada, dejamos de divertirnos en las reuniones, nos angustiaba no poder conseguir el dinero para un próximo número y, como le pasó a la gente de Soda Stereo o a los del grupo literario Tráfico o a The Police (o  incluso lo que pasa entre amigos del colegio después de un tiempo), nos fuimos separando por diferencias a la hora de enfrentar ciertos problemas, propios de quienes pasan mucho tiempo juntos, de quienes aman con pasión lo que hacen pero tienen concepciones sobre el deber ser diametralmente opuestas.

Agregen o desagreguem lo que gusten o no gusten, aprueben o desaprueben desconsencen o consensen.

Salvo mi voto que yo aquí no voto, voten ustedes y que gane Laura Boto (en América).

Entonces un día nos vimos y no nos gustamos más. No nos pusimos más de acuerdo. La terquedad de todos estaba más presente que la supervivencia del proyecto. La idea de que íbamos a cambiar las cosas la habíamos dejado atrás, abandonada junto a las bolsas de celofán que nos servían para empaquetar la revista. El rumbo de la literatura nacional no parecía haberse inmutado con nuestra llegada y ahí estábamos, reunidos pero rotos. Aunque Domingo, de alguna forma y en ese silencio que le caracterizaba cuando no quería enfrentarse a nada, seguía estando orgulloso de pertenecer a la revista:

Es bien raro, pero siento que con la revista tengo una chapita de scout que digo, no es como un tema de legitimidad creativa, sino que me ha servido a sentirme más grande y conforme (o reflexionando) sobre lo que hago (agarro aire y digo con pasmo): EN LA VIDA..

Hoy muere Arepa con Domingo porque sin él no hay posibilidad alguna de continuar. Sería una arepa flaca, sin sal, quemada por el sol, flácida. Es mejor dejarla ir con sus cinco números, a que engrose la lista de publicaciones venezolanas, con una sola particularidad: que por ella pasó un escritor, un crítico, un editor y un lector que dedicó cada aspecto de su vida a la literatura, sin esperar nada a cambio. Irremplazable en sus funciones de amigo, irremplazable en el corazón de quienes llevamos a Arepa adentro.

Y así concluye otro episodio de nuestro insólito reverso.

Les narró: noticolor.

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