8 escritores y lectores venezolanos hablan de sus libros favoritos de 2015

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Diciembre es la época perfecta para realizar un balance de todos los libros que leímos en el año. Este balance nos permite difundir el trabajo de cuantiosos autores y editores que quieren, de alguna manera, que su obra se expanda hasta el punto de ser recomendada. Si bien las listas de libros parten de un criterio meramente subjetivo, también es cierto que esta subjetividad nos ofrece un panorama individual que nos indica por qué un libro debe ser leído o por qué algún libro le podría gustar a las personas que nos rodean y nos leen.

Ante la crisis editorial por la cual está atravesando Venezuela, las editoriales independientes y los proyectos individuales se impusieron para mostrar sus propuestas literarias. En nuestra labor de difusión, le preguntamos a ocho importantes figuras de la literatura venezolana cuáles habían sido sus libros favoritos de este año. Estas fueron sus respuestas:

Víctor Manuel Pinto | Poeta, editor y profesor universitario

Pasajero Nestor Mendoza (1)Soy un lector de la poesía venezolana, especialmente la escrita por la juventud, y son precisamente jóvenes los autores de los cuatro libros que durante los últimos meses han robado mi atención: “Salvoconducto” (Pre-textos) del poeta Adalber Salas Hernández, “Psicopompa” (Monte Ávila Editores Latinoamericana), “Cuerpo crepuscular” de Diana Moncada, y “Pasajero” (Dcir ediciones) del poeta Nestor Mendoza. Todos publicados en 2015. Lo que celebro de estas
publicaciones, como primera aproximación a ellas, es la paulatina consolidación del trabajo de sus autores. Esto, sin extenderme por ahora en las posibilidades de expansión poética que posee cada libro. En el caso de Salas con “Salvoconducto”, y Mendoza con “Pasajero”, ambos se fortalecen más dentro de sus propias búsquedas, y ahondan en la elaboración de un lenguaje en el que se escalan a sí mismos a partir de sus trabajos anteriores, sin dejar de penetrar en nuestros imaginarios colectivos, dándole una identidad particular a sus obras, en las que podemos encontrarnos como ciudadanos de sus motivos, y copartícipes de sus rutas, vicisitudes y destinos. Gálves Martos y Moncada, fueron las ganadoras del Concurso para autores inéditos que convocó Monte Ávila Editores Latinoamericana en 2013. “Psicopompa” y “Cuerpo crespuscular”, son libros que despiertan emoción por sus atrevimientos. La voz de la mujer a través de claras y precisas elaboraciones de la lengua, se pasea libre y desnuda a través del reconocimiento natural del cuerpo, sin abandonar el trato con elementos de la ternura, la devoción familiar, y la reflexión existencial, todo dentro de una exaltación donde respira la naturaleza que, como un nylon, atraviesa gran parte de la tradición de nuestra poesía.

La labor editorial es también de enorme importacia para el fortalecimiento de nuestra literatura, y las nuevas casas editoras independientes también ofrecieron material de provecho este 2015. “Al filo” (Ediciones Letra Muerta), es un libro que destaca por su valor documental, al reunir parte del trabajo periodístico de la poeta venezolana Miyó Vestrini, ofreciendo a los lectores varias entrevistas a importantes intelectuales y artistas venezolanos, en las que el lector tiene la posibilidad y el disfrute de poder esbozar los planos de una nueva arquitectura axiomática con respecto a los aspectos creativos del arte a través de las visiones, comentarios y reflexiones que los entrevistados nos brindan en las páginas de una edición artística y bien cuidada. Obviamente faltan muchos libros por nombrar, textos que esperan sus revisiones críticas. Sé de muchos trabajos inéditos que he tenido la oportunidad de leer, y que espero vean pronto la luz de la publicación. Queda aún mucho camino por andar, y muchísimo trabajo por hacer.

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Graciela Yáñez Vicentini | Poeta, promotora cultural y correctora

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Para mí en 2015 se publicaron muchos libros importantes en Venezuela. Cien mujeres contra la violencia de género, Fervor de Caracas. Pero son títulos de autoría colectiva, como el libro del Jamming el año pasado, y así como ese carácter colectivo impidió a este último optar por el premio de los libreros 2014, siento que tampoco debo colocar  libros así en esta lista de favoritos de 2015, pues cada uno de estos títulos cuenta por muchísimos autores y, al final, uno lee y sigue autores: se enamora de sus discursos y de sus propuestas individuales, y la idea es celebrar y estimular eso. Por ello prefiero hablar de mis autores favoritos de este año, sin dejar entretanto de decir que ciertos trabajos en conjunto son tremendos, libros fundamentales que se publicaron y que tengo que mencionar. Por ejemplo, ¿qué hacer con un libro como Nosotros los salvados, poesía testimonial que recoge un cúmulo de voces: “Supervivientes de la Shoá junto a Jacqueline Goldberg”? Goldberg señala su autoría en compañía, pero no puedo dejar de hablar del estremecimiento que me provocó leer y releer este poemario: esa experiencia rara de leer un libro diez veces seguidas y que el estupor inicial sólo se vaya haciendo cada más intenso, cada vez más agudo. Podría decir que esos libros están, entonces, en el B-side de mi lista de libros favoritos de este año.

Voy con mis cinco consentidos del 2015, lado A, sin ningún orden en particular. En Psicopompa de Cristina Gálvez Matos me sumergí como en un espejo de imágenes que me pusieron la piel de gallina. Espesa marea de Samuel González-Seijas es un poemario redondo, maduro, orgánico, profundo y maravilloso. La Barata de Santos López me llevó a un lugar hondo al que no sabía si podía llegar, del que tampoco sé si podré devolverme. Borrar el paisaje de Cristina Falcón Maldonado… sencillamente, me hizo llorar. Santiago se va de José Urriola también me hizo llorar: llorar y reírme mucho.

Y va una ñapa de una autora extranjera editada en Venezuela: Dibujo con niña de María Negroni, una preciosura… un regalo de infancia íntimo, hermoso, delicado.  

Cuando se trata de libros, uno no puede escatimar. Si me piden cinco, a veces no queda más remedio que dar diez…  😉

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Jacqueline Goldberg | Poeta, narradora y ensayista

9788416495160Duelo, de Albor Rodríguez (Oscar Todtmann Editores). Por descubrirme el género de la autoficción. Por bien escrito. Por valiente. Por que su doloroso tema conduce sin atajos a uno mismo, a los demás. Fue el único libro que leí dos veces este año.

La mujer de pie, de Chantall Maillard (Galaxia Gutenberg). Por su estructura fragmentaria, en
la que sin que haga falta argumento, desfilan temas, recursos estéticos y la imprescindible reflexión filosófica que caracteriza a la escritora belga.

Ya nadie se llamará como yo + Poesía reunida (1998-2012), de Agustín Fernández Mallo (Seix Barral). Por reiterarme que la poesía rebota sobre distintos soportes, llevando la palabra de lo soez a lo mas sagrado, mezclando géneros, y variopintas referencias, con un lenguaje de aparente desenfado.

Santiago se va, de José Urriola (Libros del fuego). Por divertirme sin ínfulas, por bien escrito, por su estructura. Por acompañarme con fluidez y goce estético en una larga jornada médica. Por ser la medicina que ese día de agosto necesitaba. ¿Puedo acaso pedir mas?

Fervor de Caracas, compilado por Ana Teresa Torres (Fundavag Ediciones). Por ser un exquisito collage de miradas sobre la agridulce Caracas. Será libro de referencia en adelante.

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Kira Kariakin | Periodista, bloguera y poeta

12356757_1680925828819632_2809588910104355527_o (1)Es difícil escribir sobre los mejores libros del 2015 para mí, porque a pesar de la crisis de papel, tinta, demás insumos de la industria gráfica y de la devaluación inflacionaria, ha sido increíble la cantidad de títulos publicados este año, sobre todo en el género de la poesía. Distintas iniciativas editoriales han surgido o se han fortalecido con éxito para atenderlo. Barco de Piedra, Letra Muerta, Dcir, Kalathos, Oscar Todtmann Editores y la Fundación Movimiento Poético de Maracaibo han lanzado títulos este año que no dejan en duda la salud de la poesía venezolana.

Debo, por principios, obviar los libros de la colección de poesía de Oscar Todtmann Editores porque soy su coordinadora, pero siento que ellos son parte de esos mejores títulos. También tengo que obviar la compilación ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género en la que participé como editora junto a Violeta Rojo y Virginia Riquelme (FUNDAVAG Editores). Mi inclusión de otros géneros será nula porque mi atención como lectora en los últimos años es hacia la poesía.

Tampoco hablaré de cinco libros, sino de los cuatro que dejaron una marca importante, porque además de constituir poéticas de excepción están arropados por una calidad gráfica impecable, aspecto fundamental para mí.

1.- Al Filo. Entrevistas Literarias de Miyó Vestrini (1980-1981) con introducción de Diana Moncada, fotografías de Vasco Szinetar y diseño de Faride Mereb, quien además es la fundadora de la iniciativa editorial del sello que identifica esta antología, Ediciones Letra Muerta. Es un libro que nos refresca el recuerdo en varias capas: la excelente entrevistadora que era Miyó Vestrini, lo interesantes que eran los ciudadanos de la República del Este, y lo bueno que era el periodismo cultural hasta hace pocos años en que aún existían secciones culturales en la prensa sin que fueran incluidas y banalizadas bajo las de entretenimiento. Es de destacar especialmente la sobria y precisa introducción que hace de esta antología la poeta y periodista Diana Moncada. Por último, este título evidencia el hecho de que en un país en crisis, sin recursos ni posibilidad de subsidios, dividido, con sólo la voluntad y el esfuerzo administrados en una buena gestión es posible hacer un proyecto editorial con objetivos concretos y de altísima calidad gráfica.

2.- Dibujo con niña de la poeta argentina María Negroni, editado por Barco de Piedra. La evolución de niña a mujer lo llevan la sucesión de textos de exquisita sensibilidad de la poeta y el fino hilo blanco que atraviesa las páginas de este libro. De edición limitada, diseño cuidado y empacado al vacío, Dibujo con niña es otra muestra importante de gestión editorial independiente, donde la iniciativa de Virginia Riquelme, Isabella Saturno, Eddymir Briceño y Yonel Hernández obsequian al sector editorial venezolano obras de autores extranjeros que de otra forma no llegarían a nuestras orillas.

3.- Ritual de Bosques de María Clara Salas publicado por Dcir Ediciones, iniciativa de la poeta Edda Armas y su hermana Anella junto al maestro Carlos Cruz Diez. Este libro para mí es casi un devocionario. Cada uno de los textos es de elevada claridad, algunos traducen reflexiones, otros pueden ser considerados plegarias breves que habitan las páginas en murmullo, otros son mandatos amables de ética y humanidad. Poemas para musitar en silencio y soledad hacia lo más alto.

4.- Nido de tordo de Eleonora Requena. Publicado por Kalathos Ediciones. Quizás una de las voces más sensibles de su generación, Requena deposita en el tordo la inquietud de sus misterios. En el nido se aposentan la espera, la duda, la contemplación, el amor anhelado y recibido, la tierra y la materia de las cosas. Esther es el personaje que en una primera parte llamada Escritos de la siniestra describe y proporciona el encuadre en prosa poética para la segunda parte, llamada Miel de abajo, construida con poemas en verso. En la primera hay un contexto casi anecdótico y en la segunda encontramos la revelación en el poema. O esa pareciera la intención, cuando en realidad leída una parte sin la otra convierten a ambas en una veladura. A Esther la apreciamos así, por dentro y por fuera, y sólo con ambas visiones la podemos saber a plenitud. Libro imprescindible de una colección también imprescindible bajo la dirección de Artemis Nader y David Malavé, la coordinación editorial de Carmen Verde y la asistencia editorial de Graciela Yáñez.

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Alejandra Martínez | Prensa en Editorial Alfa y Ediciones Puntocero

FullSizeRender5.- Santiago se va, de José Urriola (novela). Asistimos a la vida de Santiago a través de una narración, en donde convergen lo visual y lo musical, alrededor de las voces de las mujeres que le amaron en distintos momentos de su turbulenta vida. La construcción del otro desde lo fragmentario que puede ser la memoria, desde la ausencia (y las máquinas imposibles no pueden faltar), hacen de esta novela una lectura sentimental y a la vez muy llena de significado.

4.- Psicopompa, de Cristina Gálvez (poesía). Ganadora del Autores Inéditos de Monteávila Editores 2014, esta obra posee una sensibilidad estética que se revela desde lo íntimo, desde los detalles. Temas como el duelo, el mundo natural y lo femenino son tratados desde la sencillez de un lenguaje cuidado y pensado con precisión.

3.- Sumisión, de Michel Houellebecq (novela). Francois, un académico que carece de propósito, comenzará a ser seducido por la transformación política y social que encabeza el nuevo presidente musulmán Mohammed Ben Abbes en la hipotética Francia de 2022. Una narración brillante llena de disertaciones morales, filosóficas y religiosas sobre el camino que ha tomado un Occidente cada vez más frágil y laxo en sus ideas fundamentales.

2.- La república fragmentada, de Tomás Straka (ensayo). Esta compilación de ensayos sobre Venezuela, en distintas etapas de nuestra historia republicana, constituye uno de los análisis más relevantes sobre nuestra idiosincrasia. Straka, ahora inserto en la tradición de grandes ensayistas como Picón Salas y Caballero, analiza las grandes líneas históricas de nuestro devenir y sus proyecciones en el presente. Sin duda, es una de las meditaciones históricas más ponderadas y preclaras de los últimos
años.

1.- Patria o muerte, de Alberto Barrera Tyszka (novela). Una narración coral cuyo hilo conductor es la enfermedad. El cáncer del carismático mandatario Hugo Chávez que a la vez se convierte en la metáfora del poder en la nación, con su multiplicación y ramificaciones en la vida de sus ciudadanos. El manejo de la tensión, la psicología de los personajes hacen que esta historia tenga todos los elementos de una gran obra literaria.

Mención especial: Constancia de la lluvia, de Ricardo Ramírez Requena. Una obra que presenta una serie de reflexiones intelectuales y creativas desde el periplo vital de su autor, que a su vez diserta sobre sus propias búsquedas estéticas, sobre el cuerpo social (en constante efervescencia) y su propio cuerpo atravesado por la enfermedad.

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Mirco Ferri | Narrador y poeta

Fragmentos naranjaDebo confesar que no he leído muchos libros editados en el año, por lo que mi selección muy probablemente deje por fuera muchas obras meritorias. Sin embargo, creo que puedo dejar una buena muestra de lo que ha sido la literatura venezolana los últimos doce meses. Sin ningún orden en particular:

102 poetas en jamming, Oscar Todtmann Editores. No soy un gran lector de poesía, lo admito. Pero esta recopilación es estupenda. 102 poetas, de los cuales conozco una gran parte, escogieron sus mejores textos leídos en los jammings de poesía que patrocina La Parada Poética y cobija el Ateneo de Caracas, y sobre el papel se desarrolla otro jamming. Una delicia navegar al azar por sus páginas.

Santiago se va de José Urriola publicado por Libros del Fuego. Después de “Experimento a un perfecto extraño”, José nos vuelve a sorprender con una novela fuera de lo común, en donde la cultura pop va de la mano con la imaginación siempre desbordante del autor. Y trae como bono una excelente banda sonora.

Fragmentos naranja de José Antonio Parra publicado por Oscar Todtmann Editores. Se trata de un poemario bastante peculiar, psicodélico podría decir, que debe ser leído escuchando un lp en acetato de Pink Floyd, de la era Barret preferiblemente. Una lectura sensorial.

Constancia de la lluvia de Ricardo Ramírez Requena publicado por la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana. Este libro, ganador del Concurso Transgenérico de 2014, tiene el formato de un diario literario, y le sirvió a Ricardo como catarsis en un momento muy duro de su vida, cuando estuvo transitando por la parte más aguda de la enfermedad que lo aqueja. Sin embargo, no dejó que esa fuera la circunstancia que marcara el diario, es más bien una referencia que aparece esporádicamente, más como reflexión sobre el deterioro del país que como lamento personal. Muy lúcido e interesante trabajo.

Demencia de José Miguel Roig, Oscar Todtmann Editores. Se trata de un libro que contiene dos novelas cortas y cinco cuentos, cuyo signo es la violencia urbana. Sin edulcoración alguna, Roig nos sumerge en el mundo de los secuestros, los robos, las violaciones. Lo que narra es terrible, pero no pude soltarlo. Atrapa. Ilustrado con grabados de Goya, como diciendo que la violencia es algo atemporal y siempre estará presente en la sociedad.

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Fedosy Santaella | Narrador y profesor universitario

Portada_EL_CERCOPostales del fin del mundo, de Pedro Enrique Rodríguez. Poesía centrada, serena, narrativa, culta pero no sobrecargada ni pretenciosa, sabia digamos. Un camino diferente en la poesía venezolana que sigue los pasos de Luis Moreno Villamediana y Enrique Belmonte, entre otros. Este libro que no ha dejado de acompañarme desde que lo compré. (Editorial Equinoccio).

Nido de tordo, de Eleonora Requena. Un poemario delicado y al mismo tiempo cortante, duro. Me gusta su lenguaje trabajado en las alturas de la belleza para expresar las profundidades del alma que se duele y se exalta en el amor. Delicado trabajo editorial. (Kalathos Ediciones).

El cerco de Bogotá, de Santiago Gamboa. Novela corta, crónica, cuentos, la guerra, la distopía, el sexo, la amistad, el ser humano, su gloria y sus bajezas. (Editorial Madera Fina).

Santiago se va, de José Urriola. Novela poliédrica, vigorosa y divertida. Su lenguaje directo, fluido y la mezcla de ciencia ficción y de falso cine documental hacen de esta novela una pieza particular dentro de la literatura venezolana. Muy cuidada y valiosa edición que hace del libro casi un objeto de arte. (Editorial Libros del fuego).

El quinto se lo dejo al lector. Aunque me encantaría que fuese alguno mío. ¡Ja!

Bonus track (sin quinto, aunque dije que me gustaría fuese alguno mío): Los legajos del Marqués, de José Tomás Angola.

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Luis Yslas | Escritor, editor y profesor universitario

MF_Y_RECUERDA_CUBIERTA_V_FNL_240915Dos poemarios publicados este año me dejaron horas de agradecida lectura: Antiguas postales del fin del mundo (Equinoccio) de Pedro Enrique Rodríguez, y Sin mover los labios (Todtmann Editores) de Alfredo Chacón; escritos ambos con sensible y rigurosa inteligencia.

En materia narrativa, subrayo con entusiasmo cuatro títulos: la celebrada Patria o muerte (Tusquets) de Alberto Barrera Tyszka; Identidad compartida (Ediciones B.), la ópera prima de Rafael Baralt; Contigo en la distancia (Seix Barral) de Eduardo Liendo, y el singular libro de Juan Carlos Méndez Guédez (Madera Fina), Y recuerda que te espero.

En otro registro, mezcla acertada de diario y novela, se encuentra ese importante libro de Ricardo Ramírez Requena, Constancia de la lluvia, editado por la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana: un íntimo testimonio del país desde la mirada de un lector cabal. Otro libro inusual, necesario, un ejercicio de periodismo ensayístico que permite comprender un fenómeno social y musical menospreciado, es El bravo Tuky (Lugar Común), de Jesús Torrivilla y Juan Pedro Cámara. También hay que recomendar (y festejar) la publicación de Fervor de Caracas (FUNDAVAG), una obra maravillosa compilada por Ana Teresa Torres, cuyas imágenes y palabras –75 autores aparecen en los créditos–, ofrecen la resistencia de una memoria caraqueña ante el inclemente paso del tiempo y el no menos arrollador paso del hombre. Quizá hay otros libros de autores venezolanos cuyas páginas valoré en su momento, pero que en este instante mi memoria ha elegido olvidar. Las listas son una vitrina donde suelen destacar las omisiones. En todo caso, tampoco he leído todo lo que los autores venezolanos publicaron este año. Sólo he mencionado aquí libros que volvería a leer, y que sospecho pueden dejarles a los lectores algo más que entretenimiento, quizá inesperadas revelaciones o mejores incertidumbres.

Fotografía de Fedosy Santaella: tomada de su Facebook
Fotografía de Luis Yslas: Jonathan Contreras
Fotografía de Jacqueline Goldberg: tomada de su Facebook
Fotografía de Alejandra Martínez: tomada de su Facebook
Fotografía de Kira Kariakin: Susana Soto Garrido
Fotografía de Graciela Yañez: tomada de Google
Fotografía de Víctor Manuel Pinto: tomada de su Facebook
Fotografía de Mirco Ferri: tomada de su Facebook

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