Felices pascuas, por Jesús Delgado (Venezuela, 1993)

Sebastien Thibault

Sebastien Thibault

NARRADOR.- Navidad. Celebremos en voz alta lo lejos que llegamos este año: Demostramos que un escaño puede quedar vacío de un momento a otro; y que unas vacaciones temporales pueden convertirse, de pronto, en eternas; aunque seas perfecta.

[Vemos una cinta lúgubre tapar el rostro de un hombre joven, con camisa roja, el cabello levantado con gomina. Vemos el cortejo fúnebre de una reina de belleza].[1]

NARRADOR.- Este año inolvidable, pusimos a prueba nuestra memoria al recordar el terminal de número de cédula de cada ser querido, y, como nación de economía energética, no hubo hogar caraqueño a que le faltara el gas.

[Vemos un cerebro emanando impulsos eléctricos y, entrando a él, dígitos de una cifra, cada uno junto a la imagen de un rostro diferente. Vemos, desde el balcón de un edificio situado frente una plaza con un alto obelisco, a través de una nube de humo, a funcionarios policiales con equipo antimotín repeliendo una manifestación. Escuchamos tosidos].

NARRADOR.- Este año de fábula, un número en nuestra piel dio fe de nuestra organización; y dejamos nuestra huella en cada supermercado visitado.

[Un funcionario camina a lo largo de una cola de personas, marcándolas en el antebrazo. Una cajera, en un establecimiento comercial, ayuda a una clienta a colocar su dedo pulgar en un pequeño artefacto que despide una luz roja].

NARRADOR.- En el cielo, los ángeles gesticularon la bienvenida a una mujer criolla; y una refinería con nombre indígena reafirmó la calidad combustible de nuestro crudo].

[Vemos, en la esquina inferior derecha de una pantalla, una mujer despidiéndose en lenguaje de señas. Vemos una planta industrial en llamas].

NARRADOR.- Las granadas comprobaron que no solo de alegría pueden estallar las estaciones policiales; y el Caribe continuó su tradición filibustera en una bella isla venezolana.

[Vemos dos motorizados lanzar un artefacto a un edificio, que estalla a continuación. Vemos a un grupo de hombres, en una lancha a motor, con gorras, armas automáticas y cada uno con un loro posado en el hombro].

NARRADOR.- Fueron nuestras las interpretaciones más originales de la constitución, y nuestro también el diplomático que sorprendió al mundo con sus declaraciones sobre vacuidad craneal… Touché.

[Vemos una mujer, con toga, estola y una copa en la mano, en una galería, ladeada la cabeza, mirando abstraída un libro de bolsillo azul, colgado en la pared. Vemos una bala impactar la cabeza de un joven y salir de ella masa cefálica].

NARRADOR.- Aprendimos que el secuestro ya no se le practica solo a las personas sino también a los vehículos, y que no todas las vacunas son… —(risa entre dientes)— intravenosas.

[Un hombre, nervioso, mira a los lados y a su reloj. Un vehículo se detiene a su lado y él lanza dentro un bolso abultado].

NARRADOR.- Este año de ensueños no fue la tuberculosis, sino la devaluación, lo que debilitó a nuestro prócer más fuerte; y nuestros sustantivos femeninos se sintieron más incluidos que nunca.

[Vemos, de izquierda a derecha, un signo “$”, un signo igual y, seis veces y un tercio repetida, la partícula “Bs”. Los signos “Bs” comienzan a multiplicarse hasta que es necesario ampliar la toma para poder ver a los ochocientos signos “Bs”. “Liceos y liceas”, escuchamos en una grabación en una voz de barítono].

NARRADOR.- Veinticinco mil millones de dólares dieron fe de la vocación ilusionista de nuestras oficinas de administración de divisas; y el mundo detectivesco se enteró de lo que se perdió cuando nuestro presidente develó información confidencial sobre investigaciones en curso…

[Vemos muchas fajas de billetes verdes sobre una mesa: un hombre viejo y canoso les coloca un manto delante y al retirarlo desaparecen. Vemos a un hombre gordo, de bigotes, con abrigo y sombrero, cruzado con una banda tricolor, que avanza cautelosamente y escrudiña el suelo a través de su lupa].

NARRADOR.- En las paredes de nuestras calles, una firma barinense que sustituyó a un palíndromo anglosajón acreditó nuestro amor por lo autóctono.

[Vemos a un grupo de personas sobreescribir, en un mural que exhibía las siglas S.O.S, una rúbrica roja y un par de ojos].

NARRADOR.- En la Asamblea Nacional, nuestros diputados nos enseñaron su cultura deportiva con una mediática demostración pugilística. Y basándonos en un himenóptero, inventamos una nueva profesión que dio empleo a miles de venezolanos.

[Vemos, en un palacio cameral, a un hombre gordo con una chaqueta tricolor golpear a un hombre calvo. Vemos, en un claro frondoso, una fila de personas, avanzando una tras otra, cargando grandes hojas verdes sobre su cabeza].

NARRADOR.- Así somos. Sigamos adelante con optimismo y llegaremos cada vez más lejos.

[Vemos bambalinas, luces navideñas, arbolitos, y una gran exposición de fuegos artificiales en el cielo nocturno].

[1] Las descripciones gráficas puestas entre corchetes en esta narración aluden, de forma imprecisa y simultánea, las inmediatamente anteriores alocuciones del narrador.

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Jesús Delgado (Venezuela, 1993). Abogado. Llevo cinco años escribiendo narrativa y he participado en un par de concursos tanto nacionales como internacionales. Microcuentos de mi autoría han figurado dentro de los finalistas a publicarse en concursos tales como el “#C140” de Banesco (Venezuela, ediciones 2013 y 2014), y la antología “Érase una vez un microcuento”, (España, 2014).

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