Teleshakespeare (2011), de Jorge Carrión; por Maikel Ramírez

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Tan global como inestable fue la época del Renacimiento a causa de eventos como la llegada de Colón a tierras americanas, la invención de la imprenta, los descubrimientos de Galileo y Copérnico en materia de los astros, el recorrido de Magallanes por el mundo y, específicamente en Inglaterra, la autoproclamación de Henry VIII como líder de la iglesia, con lo que fusionaba el poder del Estado con la religión. La metáfora conceptual rectora de un mundo como este no podía ser otra  que el Theatrum mundi, o mundo como teatro, que, al mismo tiempo, abarca al planeta entero y da muestra del precario destino de la humanidad. William Shakespeare, por ejemplo, hará que Macbeth manifieste: “la vida es una sombra que camina, un pobre actor que en escena se arrebata y contonea y nunca más se le oye”. El príncipe Hamlet, por otro lado, ve su propia tragedia representada por los actores en el tercer acto. Casi al cumplirse cuatrocientos años de la muerte del bardo inglés, podemos tomar a Teleshakespeare, ensayo del escritor español Jorge Carrión, como una metáfora de nuestra era globalizada.

            En opinión del siempre tajante crítico literario Harold Bloom, debemos a Shakespeare la invención de lo humano. Antes del bardo, sigue Bloom,  los personajes literarios cumplían con rigor la simplificada tarea de nacer y morir. Shakespeare, en cambio, no solo logró que los personajes se desarrollaran plenamente, sino que desplegó un universo entero en el que desfilan las más variadas formas de ser humano. Lear, Otelo, Macbeth, Hamlet y Julieta, entre cientos de personajes, hablan consigo mismos o con otros, lo cual pavimenta el camino para su satisfactoria individuación. Similarmente, Virginia Woolf  observó en Una habitación propia que, aunque las mujeres desaparecieron como sujetos en la historia de la Inglaterra isabelina, personajes como Lady Macbeth y Ofelia gozan de vivacidad.

            Sin embargo, diversas disciplinas del saber, entre las que cabe contar al psicoanálisis y al estudio del discurso, han demostrado que la identidad personal no se mantiene inalterable a lo largo del tiempo. Debemos entenderla, por tanto, como algo fluctuante en la vida del individuo. Dentro de este panorama, Carrión asoma su tesis de una época que ha cambiado radicalmente, y en la que las series de televisión, o teleshakespeare, reformulan las distintas invenciones de los humano, en semejanza con lo que el bardo de Stratford-Upon-Avon obró entre finales del siglo XVI e inicios del XVII.

            Jorge Carrión hurga en las entregas de las novela de folletín del siglo XIX y en las técnicas alcanzada por David W. Griffith a inicios del siglo pasado para demostrar, tenazmente, que si bien la teleficción bebió de los recursos de la novela  y el cine cuando emprendía sus primeros pasos, ha desarrollado un lenguaje propio y, asimismo, se ha adaptado al espíritu global de nuestros tiempos, en los que puede haber transmisiones por internet (recordemos la reciente adaptación  por Amazon de la novela de Philip K. Dick El Hombre en el alto castillo) y en los que, a la par de esta transmisión, los internautas pueden escribir sus comentarios e interactuar con otros seguidores de la serie de TV. El escritor español demuestra que, en nuestra era de física cuántica y universos múltiples, la producción y la recepción de las ficciones han cambiado para siempre. Dice Jorge Volpi en su ensayo Leer la mente, en el que se zambulle en los estudios cognitivistas sobre la ficción y el cerebro, que somos empáticos con los personajes, esto es, más que identificarnos con ellos, nos convertimos en ellos. De manera que acogemos a los seres de teleseries  debido a que seguimos sus vidas a lo largo de episodios que abarcan años. Si juzgamos lábil este aserto, echemos un vistazo a todo lo que se escribió previo, durante y posterior al final de la temporada seis, Last day on earth, de The walking dead, episodio que marcaría la entrada de uno de los más esperados villanos, Negan, y la muerte de uno de los personajes más queridos por los fans. Para aumentar el morbo, los creadores decidieron mostrar desde un plano subjetivo esta muerte a manos de Negan y su bate Lucille. Así que la teleserie mantendrá en vilo a sus seguidores hasta la temporada 7, que será estrenada en octubre.

            Se cumplen cuatrocientos años de la muerte de William Shakespeare. Filmes como Macbeth (2015), de Justin Kurzel, y hasta la mismísima teleserie de HBO Juego de tronos, basada en los libros de G. R. R. Martin, reavivan su legado. Teleshakespeare hace eso y mucho más, puesto que nos habla de un tiempo que, como algunos creen, es posthumana.

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Maikel Ramírez (Venezuela). Profesor en la Universidad Simón Bolívar (USB). Narro y escribo artículos sobre la literatura, la lengua, el cine, la música y otras cosas de la cultura. Textos míos han sido publicados en Letralia, Ficción Breve, Sorbo de Letras y en el suplemento cultural del diario aragüeño El Periodiquito.

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