Seis poemas de Rodrigo Verdugo (Chile, 1977)

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DESPUÉS DE ESE DÍA

Cambiaron la ubicación de las cosas
sabían demasiado de una música de tierra
para el viaje enemigo
el aura del mar levantándose, dejando atrás nuestros terribles ejes
nuestra forma de mirarnos a los ojos, de mirar a las piedras.
Sabían demasiado bien como unirse, por eso recibieron el revés de las cosas
y se empezó gota por gota, nombre por nombre
mientras el mito se deshojaba a nuestros pies.
Sabían demasiado bien
y no esperaron retratar a sus muertos
les bastó que el revés del mundo se levantara contra los árboles y las aguas
contra las cosas y las vidas,
contra cualquier herida que no tuviese un arrojo de estrella.
Lo sabían demasiado bien apareando a las sílfides contaminadas,
saldando algo con ellas
poniendo plumas quemadas dentro de las almohadas, reanudando las capturas
para que así llegaran y se ubicaran gota por gota, nombre por nombre
como antes cuando las cosas no limitaban con los hombres
sino que el tiempo limitaba con la piedra, limitaba con la luz
y piedra y sangre por igual buscaban legitimar el rayo
mientras la belleza ahuecaba los mares
y al final dios estaba esperándonos con un ramo de accidentes en las manos.

***

DOMINGO        A  Miguel Arteche

Una gaviota se lanza contra el gallo, para extinguir su canto
Corta su cuello cualquier mañana de lluvia y de neblina
Donde avanzamos trastocando un vinculo empavonado
La sangre gotea de aquel cuello, ayer una pagana armazón
Ahora ese declive enardecido
O tan solo la urgencia para alcanzar el ultimo barco tras toda esa lluvia y neblina
El óxido conquista temblores de sangre
¿Qué haremos si de pronto se revive ese canto?
¿Qué sería de nuestra usurpación sobre los cierres?
Córtame del cielo, me has dicho y veras vuestra ceniza inferior
No es a nosotros a quienes corresponde hurgar en ese cuello, bajo aleteos victoriosos
Es ha aquellos que habrán de desangrarse sobre las magnolias venéreas
Y estampar el rayo combinatorio sobre el lienzo
Ayer sangre, óxido, hoy ese gran espejo naranjo donde te peinas con dientes de hienas, avanzando hacia el último barco
Con el desbocamiento de rodear con alambres esa cópula de laberintos
Como quien ve por primera vez el mar
¿Qué haremos si alguien pone a pelear a la gaviota y al gallo sobre los cierres?
Córtame del cielo, me has dicho pero en esa mañana de más lluvia y de neblina
Después conquista mi temblor de sangre.

***

CONTINUIDAD

Nació de un retrato de niebla
Olas inconfesables alumbraron esa voracidad.
Los fundamentos del día pasaron a la sangre
Las ciudades se quedaron blancas
Velaron las mitades de un mismo cuerpo en distintos ataúdes.

***

HAN VUELTO          A Heriberto Rocuant

Han vuelto y sin ningún principio que disfrace a la sangre
Sin el mineral exorcizado
La lluvia los filma cuando entran a la casa sostenida por entrañas
La lluvia los va filmando cuando entran el zodiaco negro y las nutrias.
Tendrán su entierro en mi palabra
Su cuchillo incestuoso
Su carta escondida.
La casa sostenida por entrañas ya ha sido habitada
Es cosa de pasar muy de cerca y ver
Como juegan al domino apostando pájaros prehistóricos y lagrimas de sangre
Tendrán que desmantelar los mandamientos de las olas
Si no quieren quedar prendidos como minerales en la atormentada exactitud
Tendrán una sombra equivalente a un tiempo muerto
Tendrán que tener un tiempo muerto equivalente
A convocar a todos los túneles en una sola boca.
¿Para qué tener días desfondados?
¿Para qué esperar que se haga el azul asistencial?
El mediador del espacio lo sabe
Y cae sobre el mar
Y no tarda en tener coartadas
Para con los lutos
Para con las heredades no consumidas

Para con las secuelas que bailan en los oídos del agua.

Ojalá el mediador del espacio caiga también
Sobre la casa sostenida por entrañas
Y a pesar de tanto rayo y cáscara
Que nos cifran y cifran y cifran
Reconozcamos en un mismo punto ávido
A quienes se van
Y a quienes vuelven
Solo con la adherencia esperada
Y el cielo necesario.

***

ENERO

Abres tus piernas
Y es la calavera del sol que me espera.
Meto uno de mis huesos dentro del animal,
Para la reprogramación.

***

MAYO              A  Singwan Chong Li

Las campanas mezclan nuestra muerte:
Arena impune.

***

Rodrigo Verdugo. (Santiago de Chile, 1977). Poeta y Collagista. Coeditor y articulista de la Revista Derrame. Miembro del Grupo Surrealista Derrame. Su obra ha sido publicada en revistas y antologías chilenas y extranjeras siendo traducida parcialmente al: Ingles, Francés, Italiano, Portugués, Polaco, Árabe, Uzbeko, Rumano, Búlgaro y Catalán. En 2002 publica su primer libro “Nudos Velados” (prólogo de Roberto Yáñez e ilustraciones de Aldo Alcota). Ha participado en exposiciones internaciones de surrealismo en España, Portugal Republica Checa y Costa Rica. En 2014 publica su segundo libro “Ventanas Quebradas” (prologo de Lorenzo Peirano), Olga Cartonera.

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