Trescientos niños y dos pelotones, por Javier Guédez (Venezuela, 1980)

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Ustedes que han traído poesía bajo el brazo a falta de pan
vengo a ofrecerles a cambio este puñito de palabras desmigajadas
a ver si pueden guardarlas en su mano para darles calor.
las pobres perdieron cualquier signo de vida,
casi pueden sostenerse solas
si no les molesta háganlas comer
aunque hayan perdido algunos dientes
en varias peleas callejeras, inténtenlo
que me queda apenas este picadillo.

Capaz y las enseñan a volar con motivo propio
y a estrellarse contra un peñasco 
yo de mi parte he intentado apenas rociarlas con agua de cayenas
para ver si dejaban la pataleta
pero no ha surtido ningún efecto
a cambio están adoptando nuevas contorsiones
que le ponen a doler las curvas y las rectas
haciéndolas llorar como frutas
y eso es muy duro para mí, ustedes me sabrán comprender
yo se los pido.

Ustedes que han traído poesía bajo el brazo a falta de pan
permítanme robarles un poquito de su magia
para que mis palabras ya no sufran de tantos reconcomios
y anticipaciones catastróficas
mientras la casa se queda dormida.

Antes de ser un intento de poema, les juro que estas palabras
venían de sufrir una infección intestinal terrible
yo se les pido,
miren que me han ayudado a fabricarlas trescientos niños y dos pelotones
en pleno solsticio.

Permacieron quietas durante más de cuarenta confusiones cubicas
o lo que es casi lo mismo, desoxigenadas, y han salido ilesas
aunque con algunos hematomas que ustedes sabrán hacer pasajeros. 

Según las instrucciones ninguna puede dormirse si la otra tose,
vomita o deja caer una sombrilla en el piso
son conductas que aún sigo sin tragar
a pesar de que he jugado a los dados
y al ciclón del dinero con ellas
no alcanzo a tener la mínima sospecha
de lo que buscan dentro de los bolsillos de mi pantalón, y entre las comisuras,
donde chupan sin cesar.

Los veo muy callados mis señores, como si estuvieran a punto de morir
a causa de un aletazo de ballena,
por algo será.
pero despreocúpense
mi hermano mayor fue PTJ

Aquí entonces se las voy a dejar en este montoncito
por si alguno tiene un corazón grande que las quiera llevar lejos.

Les recuerdo que no saben andar sino es detrás de la sombra de un perro
así que no deben preocuparse por otras tonterías
solo llévenlas, cualquier mapire o bolsita les será de buen hogar
se acostumbraran a lo que sea, ya han sobrevivido lo peor.

No intenten tragarlas y me disculparán
pero no tienen sustancia alguna,
procuré encenderlas una vez a la fuerza
y me di cuenta que no les gustaba arder
porque preferían ver pasar las cosas de la vida, para saludarlas por detrás en la distancia
y despedirse con una nostalgia tonta.

Muchas veces me dijeron que debía ahogarlas con una almohada
o estrangularlas con la trenza de mis zapatos azules
para que aprendieran de la valentía, la certeza y el perdón
pero me asfixie cuando observé que le salían cielos de la boca
y terminé agotado y sin ningún trofeo
sobre un sofá que me hablaba en una lengua extraña.

Así que les ruego algo y permítanme que se los diga: si estas pobres palabras que quisieron cambiarse a poema terminan por obstinarlos de cualquier manera
aquí les dejo anotada mi dirección en esta piedra
solo cántensela al oído, y
llegaran solitas hasta mi cuarto.

Se los agradeceré y si es posible pagaré por ello
porque todavía me cuesta conciliar el sueño
cuando no vienen a la cama.

Ustedes que han traído poesía bajo el brazo a falta de pan
¡Piedad!

 

***

Javier Guédez (Venezuela, 1980). Narrador, poeta trakalo e ilustrador de efímeros del parque (landart). Premio Nacional del Libro de Venezuela 2014, en la categoría: experiencia en promoción del libro y la lectura. Galardonado por sus cuentos: Komegato (2001), La montaña amarilla (2003) y Puyero (2010). Fundador y director creativo de La Kuentonáutica en el estado Mérida, un gimnasio para la imaginación. Autor de los títulos de literatura infantil: Retorno de alas, Gárgaras y del audiolibro Pazíficos y la mutante. Ha trabajado en la realización de guiones para teatro, radio y TV. Su material poético y narrativo ha aparecido en revistas nacionales e internacionales. Amado de Tencha Media Luna, Papá de Liana y Koan, Lea (la gata), Alicia (la perra).

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