Cinco poemas de Javier Guédez (Venezuela, 1980)

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Tom Smith

MALDONADO

Si la cafetera pierde un brazo en el enfrentamiento
(falta alguien más aquí)
si la carne está dura para el almuerzo de ambulancia

(falta alguien más)
si la ducha corona se viste de Prometeo en una mañana dulce

(falta alguien)
si los tornillos del portón decidieron

no sudar una gota más de grasa sobre el universo
y sus aullidos destrozan las ventanas
(sigue faltando alguien más)
si la lámpara decidió terminar con su luz colgándose del techo

(nos falta)
si la pata de la mesa de tantos ensayos de vuelo,

ahora no entiende de la tierra para dejar escribir en silencio
el menú de delincuencias
(nos fal)
si el closet ofendió el traje que luciría para su velorio cantado

si la bolsa de comida se regó como minas antipersonas
para ofender la quietud. 
(nos f)
si la mesa de billar negó su ultimo piquete

si la curita extendió sus alas sobre la herida de bala en los desamores
si el cuero de ella se desgarra al cruzar la senda
cayendo en un tobo de diablo rojo
cuando tiene frío en las noches sin televisión
(nos)
si ya no vendrá otra vez Ramón al buró de calamidades. 

el mundo entonces
quedará igual por todas partes.
(    )

*** 

MONTE

Desalojo los términos de referencia y mi lista de deseos
a escobazos por la puerta principal
la anticipación catastrófica
los artificios decomisados
la discordia pantanosa
los partes de guerra manipulados
el disco de freno y pila de la bomba de gasolina
los duelos de vajilla y estómago
el cansancio apostillado y
las patas de las mentiras amputadas
se van atorando entre los pedazos sueltos de la tierra
hasta que se van.

El mal agüero en cambio se sacude con vinagre, limón,
sonidos agudos de campana y  cruces de ruda con limoncillo  
pero no se van,
se escurren sobre la cerámica y se encadenan.
hacen huelga de hambre y a la semana nos sobra la compasión.

Los levantamos y los echamos al hueco
en un intento de 4 brazos sin tatuajes junto a las conchas y la ceniza de las velas
que alumbraron los libros dormidos

De resto las gallinas harán lo suyo
me pongo quieto y hago la tarea de pensar:
¡Qué bello jardín!
tiene el monte alto

 ***  

POR QUÉ HAY TANTA GUERRA EN TI

¿Por qué hay tanta guerra en ti papá?
recuerda que las moscas también tienen hijos,
casas, y algunos miedos que nunca se les escapan
de sus ojos.

Te gustaría que a mi mamá la golpeará contra el piso
un enorme ojo peludo
porque ensució con sus manos y sus piernas
el río, la montaña y destrozó los árboles que daban frutas violetas
cuando el cielo se ocultaba debajo de la silla de cuero de chivo
y te dejará solo con nosotros
y todo el queso y el pan que le debes a la panadería.

Si quieres anda con ese aparato a otra parte
y mata nada más a las moscas hombres
total,
como no tienen leche en las tetas
¡Da igual!

***  

EL GRAN ESCAPE

La servilleta se siente sola
porque el toallín se ha marchado con el trapo sucio de la cocina
y no esperan volver a casa en muchos años.

El papel higiénico perdió sus esperanzas
porque el papel bond es una estrella de cine
y nunca lo llaman por teléfono.

El lavamanos entristece y le duele su lado oscuro
porque la ducha se enfermó hace unos días
la poceta se ha ido a verla al hospital
y no ha regresado.

El sillón de la sala hace rato que lo machacó el olvido
contra sus aires perfumados
ha muerto el abuelo
y ya nadie se detiene a mirar

La nevera camina desolada hacia las calles lluviosas
por eso el abrelata, los tenedores y el rayo 
guindaron sus quejas sobre el tendedero
y los relojes de pared repitieron la misma hora
como besos tontos

La alacena muerde el polvo y se contrae hasta la piedra

La biblioteca renunció a su trabajo
porque los libros decidieron volver a los arboles

Las camas están partidas de hielo
tristes, sin pescados fritos
y guardan sus lágrimas en un huequito
en la pared que se desploma.

La casa tiembla por dentro y llora
entonces, ella misma
con el cielo despojado y la estructura llena de comején y grito
decide cerrar la puerta detrás de si
y escapar.

 *** 

EL FABULOSO DESTINO DEL ÚLTIMO HOMBRE MEDICINA

Leía los caracoles,

el tarot de Marsella, las hojas de coca,

las cascaras de arroz, la borra del café,

los palitos chinos, la barra del bar,

el mantel de la cocina y la pecueca de los pies.

También soplaba copitas de aguardiente, adoraba estampitas vietnamitas de dioses griegos, danzaba misterios en fiestas de ayuno, fumaba pipas de agua, de aceite de sésamo y linaza.

Recibía  ayahuasca de las propias manos del wakantanka,

También peyote, ololiuqui, campanita

aguacollita, yurema

y santa maría bendita con el milagrito adentro

Ajenjo y mezcal, juntos o por separado, siempre daba igual. Yopo desde el corazón del chamán Bolívar, tabaquito molido hasta el fondo de la memoria antigua en espiral.  Bautizado con Kambó desde niño

Resolvía cálculos indomables de la nueva era de acuario y magnetizaba el vickvaporub para niños resfriados. Lograba la postura de loto, de orquídea, de geranio, de mata de plátano con facilidad, extirpaba tumores con las manos como Pachita. Seguía por los desiertos oscuros los pasos de Takata, Jesús, Maria Sabina, Buda, Balalaika y Peter Segovia.

Sabía con exactitud las bondades de los baños de asiento, lavados, purgantes, emplastos, cataplasmas, pociones, brebajes, ungüentos, pomadas, linimentos, vendajes, amuletos, paños de agua fría, agüitas aromáticas, calditos de pollo, comiditas blandas y el reposo.

Escribía poemas sufís, haikus, limericks, anagramas, palíndromos, anti poemas parrianos, flujogramas dharmaticos, acrósticos gnósticos, crucigramas ateos, y levitaba a centímetros en vez de echarse a morir lejos.

No sabía nada de los koanes, pero los había respondido todos como Leonora Carrington.

Su alimentación era ayurvedica, por lo que no comía ajo y aguacate. Hacía despojos a prueba de balas porque era sobrino del hermano Cocó, viajaba al inframundo a perseguir espíritus equivocados envueltos en amor y duelo, llevaba a domicilio el rezo del cariaquito morado,

Se graduó de jipi por correspondencia, vivía en una maloka y los viernes en un tipi. Los días revueltos no salía de la hoguera iluminada del temazcal. En su descanso practicaba la acupuntura, la homeopatía, el tao tántrico, la física cuántica, la hipnosis, la Gestalt, el hopponopono hawaiano, las constelaciones familiares, el darse cuenta y su dharmanake, los mudras y por puro perdón la numerología y la imposición de manos.

Psicomagia para el aperitivo, educación libre y activa para el verano, Steiner como analgésico, Ralph Waldo, Xochipilli y taita Querubín como bisturí.

Por último  prendía varitas de takamajaka para despertar el Kundalini 

Varitas del tamaño de un poste de carretera, para elevar la conciencia  alto,  alto, lo más alto que pudiera, alto…tan alto,

como para poder hacerse vendedor de globos.

 [Del libro Domesticvm]

***

Javier Guédez (Venezuela, 1980). Narrador, poeta trakalo e ilustrador de efímeros del parque (landart). Premio Nacional del Libro de Venezuela 2014, en la categoría: experiencia en promoción del libro y la lectura. Galardonado por sus cuentos: Komegato (2001), La montaña amarilla (2003) y Puyero (2010). Fundador y director creativo de La Kuentonáutica en el estado Mérida, un gimnasio para la imaginación. Autor de los títulos de literatura infantil: Retorno de alas, Gárgaras y del audiolibro Pazíficos y la mutante. Ha trabajado en la realización de guiones para teatro, radio y TV. Su material poético y narrativo ha aparecido en revistas nacionales e internacionales. Amado de Tencha Media Luna, Papá de Liana y Koan, Lea (la gata), Alicia (la perra).

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