Tres poemas de Claudio Yunge (Chile, 1993)

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Tom Smith

Balada para una mujer imaginaria

El cantante sale al escenario, un día jueves.

Las luces inundan su rostro taciturno
y el local abarrotado por una audiencia
embriagada por el hechizo de los happy hours
lo recibe entre aplausos involuntarios.

El cantante saca una hoja de cuaderno arrugada
con una lista de canciones a interpretar:
un setlist calculado con precisión artesanal que
presenta los clásicos de leonardo favio,
salvatore adamo, ricardo cocciante, miguel bosé,
nino bravo, los ángeles negros, umberto tozzi.

El cantante sabe que no lo vienen a ver a él,
él tiene consciencia de que esperan al karaoke.
Por eso observa fijamente la marea ebria
y trata de encontrar a su chica de humo.

Esa mujer ideal que no existe, de contornos
transparentes y rostro indeterminado.

El cantante la imagina con su vestido negro
sentada en el núcleo de las mesas congregadas,
ella lo contempla con ojos de manzana confitada
y una irreal sonrisa gatuna que lo motivan
a desgarrarse la garganta en cada compás,
en cada canción de amor fantaseado.

El cantante vocifera ardientemente las palabras
¡GAVILÁN O PALOMA!
y en el público nadie lo vitorea,
nadie comprende su telenovela emocional.

Sólo lo anhela su mujer imaginaria,
esa chica de humo que se esfuma en el instante
que la música se detiene y él yace de rodillas
expulsando una cascada de lágrimas. 

El micrófono triste se acopla en la tarima
y en el público nadie nunca sabrá lo que
se siente la desazón del cantante solitario.

***

Las apariencias no engañan

La vida cotidiana se ha vuelto pura apariencia,
una preocupación constante por el envase
en desmedro del contenido.

Habitamos en tiempos donde
la revolución es una marca registrada adherida
a una polera del che,
y el sabio es quien ha visto más
documentales históricos en el tv cable.

La estética es nuestro principio rector;
los futbolistas convierten los campos de pasto
en pasarelas donde marcan las tendencias de
moda de cientos de niños incautos,
el éxito se mide en las carcasas de los autos
y el café sabe mejor si se bebe en un starbucks.

Hasta lo aparentemente mundano cambió,
el aficionado de la lucha libre prefiere la
espectacularidad de las volteretas que
disfrutar de la trama de estos dramas corporales
(en el teatro del ring ya no se cuentan historias,
son muestras de atletismo olímpico).

Las acciones de los hombres están marcadas
por la ambición de conseguir minas,
el pseudoartista compone una canción,
pinta un mural tan grande como su ego
o graba una película con “contenido social”
sólo por el anhelo de un coito reiterativo.

Incluso me podría auto culpar en esta falta,
cuantos versos habré escrito tan sólo por
impresionar al género femenino
(aunque nunca resulta como quisiera).

Si hay que ser bien hueón…

Pero el mundo como el microondas que es
siempre termina recalentando el plástico
del recipiente donde escondemos la esencia.

Los bordes del envase se corroen
y el contenido que ofrecemos al exterior
muta en una comida tóxica y cancerígena que
damos para alimentar a quien nos rodee.

La apariencia termina definiendo quienes somos,
cómo somos
y a dónde queremos ir.

***

Lo que fuimos y lo que no llegamos a ser

Fuimos lo que teníamos que ser,
un amor con la fugacidad de un auto de nascar
a 180 por hora
saltándose cada semáforo en rojo,
¡sailor y luna arribaron a la ciudad!

Fuimos una canción punk de tres acordes,
una inyección de endorfina intravenosa
que no fue suficiente.

Fuimos brasas que se consumieron raudamente
del incendio forestal bajo la lluvia,
un cortometraje de disney en blanco y negro
(cuando mickey y minnie eran tan imperfectos
como nuestros frágiles cuerpos).

Fuimos un menú de kentucky fried chicken,
masticados por una glotona pasión
adicta a los afectos mórbidos que se confundían
con la comida chatarra y los platos desechables.

Lo que no llegamos a ser está en evidencia:
no fuimos una película romántica dirigida por linklater,
ni menos un poema bellísimo
como esos que no puedo escribir nunca.

Ni siquiera fuimos de esas relaciones
que atesorarás en tus recuerdos de juventud,
de esas que le contarás a tus posibles nietos
(o androides, uno no sabe lo qué sucederá
con los avances en la robótica).

Fuimos lo que llegamos que ser;
la nada misma.

 

***

Claudio Yunge (Coyhaique – Chile, 1993). Estudiante de Licenciatura y Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales en la Universidad Austral de Valdivia. Escritor y poeta, publica asiduamente en su blog “Torn Curtain”, donde artesanalmente ha subido los poemarios “Uno” y “Nací en 1993”. También ha colaborado en su ciudad adoptiva con cuentos para el proyecto de literatura de terror “Valdivia Críptica”.

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