Yasmín C. Moreno: «Escribo para darle un orden a la vida», por Oriette D’Angelo ~

14370317_1176041849136343_6974179291204296778_n

© Inés Martínez García

Yasmín C. Moreno (Madrid, 1993) es una de esas escritoras jóvenes imposibles de no releer una vez que has pasado por sus libros. Su poesía está escrita desde el desgarramiento y es un canto a la belleza. Enfermedad, miedo, muerte, hijos que no se desean, hijos deseados, historias imposibles de contener y gritos afilados son parte de su universo literario. Esto que nombro no son sólo los temas que trabaja en su poesía, son sus propios signos vitales. Yasmín Moreno late en su escritura, y en ella está dispuesta a dejar más que aquello que conoce de su historia.

Estudió Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid y actualmente realiza un Máster en Psicología General Sanitaria. Entre sus libros se encuentran la novela breve en formato digital Los días verdes (Plataforma Editorial, 2014); el poemario El beneficio de la enfermedad (Ártese quien pueda, 2014) y Trema (Amargord, 2016; finalista del I Premio de Poesía Valparaíso). Participó en la antología Acaso esta atrocidad es el centro de todo (Stillness and Blood, 2015) y en las plaquettes Kérkira y No eres consciente. Sus poemas también han sido publicados en antologías digitales como Tenían veinte años y estaban locos, Animalario y Ciudades Esqueletos

***

Tanto en tu libro El beneficio de la enfermedad como en Trema abordas el tema del cuerpo y la enfermedad. Hay, además, un enfoque bastante especial hacia el tema de la maternidad. Destaco uno de los versos del primer poema de El beneficio de la enfermedad que dice: «echo de menos/ todos los hijos que no fueron». Al leer tus libros, la maternidad es entendida como un desprendimiento. ¿Cuándo sentiste la necesidad de abordar estos temas en tu escritura y por qué?

Yasmín C. Moreno: Como bien has dicho, el tema del cuerpo aparece con frecuencia en mis poemas. Más que la maternidad en concreto, diría que me interesan los cuerpos en situaciones extremas como la enfermedad, la maternidad, la vejez. En el caso de la maternidad, cuando me interesé por este tema, empecé a darme cuenta de la falta de textos que había al respecto. En realidad, me faltaban referentes en torno al cuerpo femenino y sus experiencias más íntimas, que, por otro lado, necesitaba a nivel literario y personal. Fue ahí cuando empecé a escribir sobre ello. Si bien nunca he tenido un contacto directo con la maternidad, sentí la necesidad de elaborar la experiencia antes de vivirla precisamente por esa falta de referentes.

En El beneficio de la enfermedad siento que el tema del cuerpo se toca desde una órbita mucho más carnal, con mayor desbordamiento. Mencionas la palabra “extremo” y eso es precisamente lo que se sentí al leer tu libro. En Trema, por otro lado, hay más contención. La enfermedad sigue estando allí, pero hay una progresión con respecto a la forma de afrontar la experiencia poética.

YM: Sí, es cierto. En El beneficio de la enfermedad la temática de la enfermedad es mucho más clara y directa, está todo más “a flor de piel”. De hecho, diría que está escrito con la piel, desde ella. Quizá en Trema existe un mayor distanciamiento. Además, el tema de la maternidad no se aborda ya como una prolongación del yo o un mero trastorno del cuerpo, sino contemplando la existencia de un “otro”, un otro que hace desviar la atención del yo más desgarrado del anterior poemario.

Me llama la atención que menciones la falta de referencias con respecto al tema del cuerpo femenino en la poesía. ¿Crees que los aspectos femeninos se reivindican a través de la escritura? 

Desde luego, lo creo. Sin embargo, cuando escribo no tengo en mente esa idea, no escribo desde un cuerpo de mujer y con la intención deliberada de dar a conocer ciertas experiencias, sino que escribo desde un cuerpo que casualmente es femenino. He necesitado escribir acerca de experiencias importantes que, al existir esta carencia de referentes literarios, he tenido que reconstruir desde mi experiencia y desde la de mis “madres literarias”.

¿Qué se aprende de la enfermedad desde la literatura? 

YM: Creo que intentamos buscar respuestas acerca de temas que no sabemos cómo afrontar, o —y esto me parece muy importante— de temas que no suelen hablarse, en este caso, la enfermedad, pero antes hablábamos de la maternidad, la vejez, la muerte. Quizá es un intento de reconstruir la experiencia antes de haberla vivido para, de alguna forma, “estar preparados” para ella (cosa que, ya sabemos, no sucede; como escribió Marçal: “La carne, sin palabras,/ante mí y en mí.// Y yo que había leído todos los libros”…). Además, mientras estudiaba la carrera de psicología, me indignaba la objetividad y la frialdad con la que se trata a los pacientes, o clientes (o incluso “sujetos”…). Las narrativas sobre la enfermedad me parecen fundamentales para rescatar el punto de vista del enfermo, con toda su subjetividad y sufrimiento. Ante toda la tecnología sanitaria de nuestra época, cada vez más se está reclamando un trato más cercano y, en definitiva, humano, dentro de la práctica de la medicina. Ha surgido hace poco la corriente interesantísima de las “medical humanities”, que consiste precisamente en el estudio interdisciplinar de la medicina, el arte y las ciencias sociales.
untitled-6
14711198_1210288205711707_9193917934271945922_o
Precisamente quería que habláramos de tus estudios en psicología. ¿Cómo entiendes tu proceso creativo desde la psicología? Freud decía que escribir era un elemento lúdico y fantasioso. ¿Estás de acuerdo con su postura?

YM: Para empezar, te voy a decir que en toda la carrera sólo mencionaban a Freud para hacer críticas mordaces, por decirlo de un modo suave. De hecho, yo empecé la carrera con la idea de conocer, entre otras cosas, el psicoanálisis, pero en España está vetado en casi todos los programas de estudios de psicología. Críticas aparte, me parece fundamental conocerlo, al igual que, por ejemplo, la psicología humanista o Gestalt, que tampoco se incluye en los programas. Bien al contrario, lo que prevalecen son las formas  que equiparan la psicología a la medicina, con todas las ventajas (pero sobre todo inconvenientes, desde mi punto de vista) que esto conlleva: conductismo, neuropsicología, psicología cognitiva. Dejando esto a un lado, te diré que la creación, para mí, es un aspecto fundamental, un proyecto vital y, desde hace cierto tiempo, identitario; una manera de autoconocimiento y la mejor forma que he encontrado para sobrellevar el dolor de cualquier tipo. Ahora mismo estoy trabajando en mi proyecto final de máster que se centra en la terapia narrativa para madres en situación de duelo perinatal —de nuevo, las mismas obsesiones— y he comprendido en parte por qué escribo: para contar mi historia, para darle un orden a la vida, un sentido.

Hablando de obsesiones, París es una ciudad que se nombra en tus dos libros de poesía. ¿Cuál es su importancia dentro de tu escritura?

YM: Pues fíjate que precisamente estas navidades vuelvo a pasar unos días allí. Ahora estoy siguiendo el rastro de escritores, sobre todo mujeres, que vivieron y escribieron allí: Celan, Proust, Renée Vivien, Djuna Barnes, Tsvietáieva, Pizarnik, y un larguísimo etcétera. Para mí París es un lugar al que volver siempre, de hecho, he estado allí cinco o seis veces. Es un hogar, aún con el mal tiempo que suele hacer, lo enorme de la ciudad y su ritmo acelerado, siempre me siento como en casa. Supongo que es precisamente porque la he vivido tantísimas veces antes en los libros, en las películas de la nouvelle vague. París es mucho más que una ciudad, es un símbolo, y, como tal, quizás si viviera allí durante una temporada dejaría de serlo, aunque siempre tengo la esperanza de vivir allí en un futuro.

También está, quizá, esa obsesión por volver, esa creencia infantil de que, al recorrer los mismos lugares físicos vas a encontrarte con la “tú” que fuiste hace 5, 3 años. 

Sylvia Plath también es otra referencia literaria constante en tu trabajo. ¿Cuándo leíste a Sylvia Plath por primera vez? ¿Qué otras lecturas te formaron como escritora?

YM: Como muchas de nosotras, descubrí la poesía con Alejandra Pizarnik y Sylvia Plath. Recuerdo estar a los 16 años leyendo los diarios de Pizarnik y sus poemas. De Sylvia Plath diría que me marcó mucho La campana de cristal, de hecho, por aquella época (a los 16 años) comencé a escribir la novela Los días verdes, inspirada en parte en la de Plath. Estas autoras, junto con Virginia Woolf y Emily Brontë, me hicieron redescubrir la literatura y sentirme menos sola al encontrar en sus libros respuestas que en aquel momento me hacían falta desesperadamente. Además, me dieron algo muy importante: ganas de escribir.

Sylvia Plath es una autora, como todas estas que he mencionado, a la que volver siempre. Trema, por ejemplo, está impregnado de su poesía y en concreto del poema Tres mujeres. De hecho creo recordar que el poema Depresión estacional se abre con los primeros versos de Tres mujeres: “I am slow as the world, I am really patient”. Creo que es una de las lecturas que más visión me proporcionó con respecto al tema de la maternidad, precisamente porque en Plath en general, y en concreto en este poema, vemos las diferentes caras de la maternidad, al margen de la perspectiva unívoca que tradicionalmente nos ha sido ofrecida: la madre sacrificada y amorosa, sí, pero también la madre ambivalente que se enfrenta a sentimientos como el rechazo (por ejemplo, en el poema Tulipanes), la resignación y la anulación de su propia identidad. Plath, inevitablemente, me acercó a Sexton, otra autora de la que aprendí muchísimo. Pizarnik, siguiendo las lecturas que reflejaba en sus diarios, me llevó a la poesía francesa simbolista y decadentista, a Proust y Kafka. Además, recuerdo como otra lectura fundamental el libro Poeta en Nueva York, de Lorca, o el poema Asfódelo de William Carlos Williams, por decir los que primero se me vienen a la cabeza. También, por supuesto, Valente, Sharon Olds, Pessoa, Lispector, Duras. Últimamente ando metida de lleno en la obra de Maria Mercè Marçal, una poeta catalana maravillosa, y estoy descubriendo a Tsvietáieva, Renée Vivien y Violette Leduc.

Uno de los temas tratados en tu novela Los días verdes es el miedo a la muerte. ¿Consideras que abordar este tema desde lo literario es una manera de anticipar o explicar los efectos que genera entender nuestra propia fragilidad?

YM: En el caso de Los días verdes, más que el miedo a la muerte, diría que es el miedo a la locura, el miedo a madurar y la búsqueda de una vía de escape para este mundo “adulto” al que una no puede ni quiere enfrentarse. Ese espacio utópico, esos “días verdes”, que al no poder mantenerse en el tiempo acaban llevando necesariamente a la locura, a la enfermedad, al suicidio, que en realidad funcionan también como una vía de escape en una realidad que nos es ajena. Supongo que dentro de todo eso está el miedo a la muerte, y en este sentido, como te comentaba antes, de algún modo creo que nos intentamos acercar a ciertas experiencias que sabemos inevitables a través de los relatos de otros.

¿Crees que sigue existiendo cierta opresión hacia las mujeres en la literatura? Desde tu punto de vista, ¿cómo es esa situación en España?

YM: Decía Montserrat Roig que “Lo que no está escrito no existe”. Una tradición literaria siempre legitima sobre qué temas escribir y sobre qué temas no hacerlo. Afortunadamente, y en concreto en España, que es lo que yo —ligeramente— conozco, cada vez se está apostando más por las voces femeninas, se está viendo la importancia tanto de dar un lugar a las nuevas escritoras como de rescatar figuras de mujeres que pasaron desapercibidas entre sus compañeros masculinos y que sin embargo tuvieron y tienen una gran relevancia (por ej. Las Sinsombrero, las mujeres de la generación del 27). En este sentido, la asociación Genialogías está realizando una labor inconmensurable. Desde luego, como sabemos, hay que seguir luchando por esto y no pocas veces he presenciado situaciones en las que se sigue deslegitimando una escritura por el hecho de ser mujer, joven, y además, tratar sobre problemáticas femeninas específicas. Tal vez lo que molesta no es el hecho de ser mujer y escribir sino reivindicar las vivencias femeninas íntimas que te comentaba antes.

15272161_1260935537313640_4007539076872285292_o
¿En qué te encuentras trabajando actualmente? ¿Crees que el tema de la enfermedad se repita a lo largo de todas tus obras futuras o has planificado un rompimiento estético?

YM: La verdad es que no me he planteado ningún tipo de ruptura con respecto al tema de la enfermedad, creo que debido a que no lo planifico con antelación, sino que los temas llegan como una obsesión y durante un tiempo estoy completamente inmersa recopilando todas las lecturas que encuentro al respecto. Creo que los temas de los que te has embebido tan profundamente no desaparecen nunca; yo lo veo más bien como placas tectónicas que se van superponiendo unas sobre otras, construyéndose unas a partir de las otras, acumulándose, sedimentando. Me gusta dejarme llevar por los temas y los autores, me parece tremendamente emocionante. Sabes dónde empiezas, pero nunca dónde vas a acabar. Por ejemplo, volviendo a Marçal, comencé con ella hace unos meses atraída sobre todo por su poesía en la que hace con frecuencia alusión al cuerpo y las vivencias corporales, y ella me llevó al tema de las relaciones amorosas entre mujeres. Me di cuenta de la falta de referentes que había también sobre este tema, la necesidad de inventar las palabras y las narrativas a la hora de querer nombrar a un “ella” amoroso desde el cuerpo femenino, y actualmente estoy siguiendo el rastro de estas mujeres fascinantes sin saber a dónde me llevará: Violette Leduc y su maravilloso “Thérèse et Isabelle”, Annemarie Schwarzenbach, Tsvietáieva y su relación con Sóniechka Holliday, las mujeres de la Rive Gauche (Renée Vivien y Natalie Barney, Gertrude Stein, Djuna Barnes…). Ahora estoy trabajando en un poemario que comencé el año pasado en Lisboa, y que probablemente se titule Saudade o Saudades. Está concebido bajo el influjo de Pessoa y su Libro del Desasosiego y el poeta también portugués Al Berto. Probablemente esté siguiendo la progresión que mencionábamos antes, desde el yo doliente y enfermo de El beneficio de la enfermedad pasando por el yo otro cada vez más “sano” y más fuera-de la piel de Trema, hasta llegar, ahora, a un yo capaz de reflexionar sobre los recuerdos y sobre el futuro con un poquito más de perspectiva. Me interesa no sólo la nostalgia (etimológicamente, dolor por el no regreso) del pasado, sino, fundamentalmente, la nostalgia del futuro, es decir, la añoranza por todo lo que empiezas a intuir que no será, que no podrá ser, en palabras de Pessoa: “Lo recuerdo ya en el futuro con la saudade que sé que habré de sentir entonces.”

¿Qué poetas contemporáneos recomiendas leer?

YM: Antes mencionaba a Sharon Olds, una poeta estadounidense maravillosa. Hay cantidad de poetas españolas que me encantan, como Olga Novo, Chantal Maillard, Ada Salas, Miriam Reyes, Isla Correyero o Pilar Fraile. Además, tengo la suerte de estar en contacto con poetas que admiro, como Tulia Guisado, María García Zambrano, Emily Roberts y Gema Palacios.

*

Comenta aquí ~

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s