[#12] Siete poemas de Enriqueta Arvelo Larriva (Barinitas, 1886 – Caracas, 1962) ~

arvelolarriva

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Enrique Arvelo Larriva (Barinitas, 1886 – Caracas, 1962). Poeta venezolana. Vivió hasta 1948 en su ciudad natal hasta que ese año decidió trasladarse a Caracas, donde vivió hasta 1962. Fue colaboradora de el diario El Nacional y de su Papel Literario. Publicó los libros El cristal nervioso (1922-1930), La voz aislada (1930-1939), Mandato del canto (1944-1946) y Poemas perseverantes (1947-1960). Murió en Barinitas en 1962.

Según palabras de Julio Miranda, Enriqueta Arvelo Larriva, estuvo “encasillada durante demasiado tiempo dentro de una “poesía femenina” considerada como un subgénero y opacada por la constelación familiar”. 

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De El cristal nervioso (1922-1930)

El cristal nervioso

Es clara e inquieta.
Es clara e inquieta 
y ahueco hoy las manos para brindarla.
¡Cuánta contienen mis manos 
de esta dulce agua!
La cojo cuando ágil y naciente salta
 —plena de fragancia, de frescor,  de iris—
mojando el follaje de mis ansias.

Vértice de mi alma, en ti nace el agua.

Tomad cada uno prolongado sorbo,
los que váis sedientos de un cristal nervioso.

Impaciencia lucen mis manos delgadas,
vaso que palpita sintiéndose colmo.
Bebed, que se apagan las burbujas pronto
y será agua muerta
el agua bullente que en las manos porto.

El agua está viva. ¿Tenéis sed de alma? 

Bebed, que casi oigo 
música, si acerco las manos al rostro.
El agua está viva, y es para nosotros, 

los que váis sedientos de un cristal nervioso.

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De Voz aislada (1930-1939)

Destino

Un oscuro impulso incendió mis bosques
¿Quién me dejó sobre las cenizas?
Andaba el viendo sin encuentros.
Emergían ecos mudos no sembrados.
Partieron el cielo pájaros sin nidos.
El último polvo nubló la frontera.
Inquieta y sumisa, me quedé en mi voz.

***

Invitación para crear una música

Vengan los barcos que aguardan la hora de salir
y la flor que pinta logradas etapas en su día.
Las fragancias gustables de los aserraderos
y los aviadores que se sientan inseguros en tierra.
Los obreros que no derrumben su domingo
y los ganados adelgazados que siguen sin descanso un rumbo húmedo.
Ven tú, si aún sigues sorprendiéndote.
Crearé una música unida

en pentagramas astillados.

***

Recepción de las palabras pobladoras

Pueblo mi soledad con tus palabras.
Palabras que no salieron de ti por darme rosado regocijo.
Palabras lanzadas para aligerar tu vuelo subterráneo.
Palabras represadas que se asilaron en mí, acertando.
Soplo de guardado huracán,
admitido en alambres, en ramajes, en banderas.
Hoy bulle mi soledad.
Me rodean y acompañan tus palabras.
Tus palabras, 
hachones desnudos,
crines soleadas y a escape,
puros y fogosos fragmentos de lo inesperado que aguardé.
Soledad mía, con sed, con ánimo, indisciplinada.
Soledad que no se puebla con delicias.
Soledad codiciosa que hoy se puebla
con una latiente muchedumbre de angustia.

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De Poemas de una pena (1941-1942)

Acto y emoción de hallarte en la muerte

Cinco crecidos ríos, tapizados de sombra,
que dañaban insomnes,
pasó en violenta calma mi decidido esfuerzo.
¡Oh, mi afán de aprender tu máximo reposo!
Ni una hilacha de luto en la sala.
Las flores te colmaban como colman lo alegre;
tu hijo te veía desde su cuadro fijo;
dormías con el modo gustoso de tu siesta.
Sólo al tocar tu frente tropecé con la muerte.
Sé cómo fue mi hermana quien apretó tus párpados,
mas mis dedos sintieron cómo lo hicieron ellos:
en los ojos espléndidos de tu hija pequeña
se entrenaron mis manos para el sumo ejercicio.

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De Mandato del canto (1944-1946)

Explicación

¿Por qué dices espinas?
Al oírlo, oh sorpresa,
vi volar unas aves extraviadas
y seguí las campánulas que se iban a la tierra
a ensamblarse en raíces invisibles.
¿Espinas? No.
Son mis graves espigas.
Espigas de mis plantas
tostadas por los soles.
Son espigas que brotan en el bien
y se baten rigentes
en función de verdad y de armonía,
acaso de ternura.
Son ásperas espigas, nunca espinas.
Y es fácil esquivarlas. 
No son mudas ni guárdanse en la selva.
Son espigas que arrollan el silencio
y se dan en los claros.

***
De Poemas perseverantes (1947-1960)

Marcas en el espacio

Un rebaño de manchas
o brochadas sin vínculo.
La mañana les fija.
Su derivo es la noche.
¿Servirá su color
para marcar mi polvo?
¿Será gama durable
o relámpago?

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