«La ciudad está prendida» | «Diarios 1988–1989» de Victoria de Stefano ~

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Victoria de Stefano / Foto por Roberto Mata

Victoria de Stefano (Rímini, Italia, 1940). Vive en Venezuela desde el año 1946. En 1962, obtiene la licenciatura en Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. En narrativa, ha publicado El desolvido (Ediciones Bárbara, 1970; Mondadori, 2006), La noche llama a la noche (Monte Ávila, 1985), El lugar del escritor (Alter Ego, Caracas 1992; Siglo XXI, México 1993), Cabo de vida (Planeta, 1994), Historias de la marcha a pie (Oscar Todtmann Editores, 1997; El otro, el mismo, 2005) (Premio Municipal de Novela, Finalista del Premio Rómulo Gallegos), Lluvia (Óscar Todtmann, 2002; Candaya, 2006) y Pedir demasiado (Bigotecca, 2004). También ha escrito los ensayos Sartre y el marxismo (1975), Poesía y modernidad, Baudelaire (1984, Premio Municipal de Ensayo) y una recopilación de ensayos bajo el título La refiguración del viaje (2005). 

En 2016, la editorial venezolana El Estilete publicó Diarios 1988–1989. La insubordinación de los márgenes

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23 de abril de 1988

Cuando me pongo a escribir me siento a salvo del gran tedio por el que, aburridos de todos y de nosotros mismos, nos vence el desasosiego y la impaciencia. Cuando me pongo a escribir me olvido de todo. 

     Nada es más peligroso que aislarse, desvincularse del mundo. Estar fuera de lugar y fuera del tiempo, como si el bastarse a uno mismo pudiera servir a conjurar tempestades. 

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5 de febrero de 1989

Cayó Alfredo Stroessner después de 34 años de dictadura, sucediéndose a sí mismo en siete elecciones consecutivas. El golpe fue dado por su consuegro, el general Andrés Rodríguez Pedoti. Todo en familia.

     A fines del siglo XIX, leí en alguna parte, Bernhard Förster, fanático nacionalista y antisemita marido de la hermana de Nietzsche, viajó con ella y varias familias de colonos a Paraguay para fundar en pleno Chaco una ciudad de arios incontaminados. El intento aislacionista y utópico fue un absoluto fracaso. Förster se suicidó dos años después en un cuarto de Hotel en Paraguay, justo en 1889, el año del colapso mental de Nietzsche.

     De la utopía a los crímenes de la opresión y el terror hay un solo paso. En nombre de la certeza absoluta de una causa grande y por grande justa no se vacila en hacer las guerras y las revoluciones, por esta fe se mata y se envía a la muerte. Después las víctimas se convertirán en victimarios, los verdugos de ayer en víctimas de mañana, víctimas y victimarios se emponzoñan recíprocamente. Crímenes santificados a mayor gloria de la humanidad. 

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28 de febrero de 1989

El día de ayer fue sobrecogedor. No sé como llegué a casa de la Universidad. Por suerte había dejado el carro en el estacionamiento de los estadios, los que lo habían dejado dentro no pudieron salir hasta muy tarde. Al cruzar la calle para llegar al estacionamiento, tiros, muchas bombas lacrimógenas, náuseas, ojos irritados. Pero no me dejé vencer por los gases ni por el pánico. Estábamos en la reunión del Consejo de Escuela, Osvaldo tocaba a cada rato la puerta para decirnos que los disturbios estaban “feos”, “feísimos”, que no podría esperarnos para apagar las luces y cerrar la escuela, como vivía en Maracay si no se apuraba se iba a quedar sin transporte. La ciudad está prendida, cumplo con avisarles. Pero los profesores, en cumplimiento de su deber, seguían en el limbo. Cuando ya estábamos por terminar, uno de los profesores se revolvió en su silla. Todavía no, dijo sacando su libretica para plantear un patético e irrelevante punto de orden. Llegué a la casa un poco después de las cinco y media, tardé menos de lo que creía, sensación de que la gente caminaba con una inquietud extraña, como electrizados, había poco tráfico, calles desiertas, algunos automóviles pasaban rasando. Sin noticias. La radio de mi carro está dañada. Apenas llegar a casa prendí la televisión. Al rato la apago con un suspiro entrecortado, le doy la espalda, prefiero no ver, no saber. Me refugio en el solaz de mi cuarto. Contra toda esperanza quisiera hacer mío el precepto bíblico: “Mi reino no es de este mundo”. 

 

*

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«Diarios 1988–1989. La insubordinación de los márgenes»
(El Estilete, 2016) de Victoria de Stefano. 
ISBN: 978-980-7786-10-2
pp. 14-15, 36-38

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